Fútbol y seguridad: un fantasma está de vuelta

Tras los recientes sucesos de violencia en los diferentes estadios de fútbol del país, Juanpa Coronado hace un análisis de la situación. Deporte con responsabilidad.

El 2016 es un año de transición en el balompié nacional. Hubo remezón administrativo y se han dado cambios significativos. Sin embargo, y conspirando con el espectáculo, hay un aspecto que sigue sin cambiar: el control a los vándalos vestidos de hinchas en los estadios.

Hay cosas que nunca cambian. Mientras desde la parte administrativa y profesional, los clubes se esmeran (con éxito en varios casos) por traer un fútbol competitivo y entretenido a los estadios, algunos asistentes a los estadios, se estancaron. Y es que lo sucedido en escenarios como El Campín, Palogrande y Atanasio Girardot en estos últimos días, dan muestra de ello. Los vándalos obran sin Dios ni ley en las graderías.

¿Que hubo una ‘justicia selectiva’ en Bogotá desalojando del estadio a aficionados del equipo vistante? Sí. ¿Que se viene realizando esta práctica en otros estadios del país desde hace tiempo? También. La pregunta es, ¿por qué se sigue permitiendo? ¿Por qué en lugar de combatirlo se les permite hacerlo?

¿Sabían ustedes que siguen existiendo peleas internas entre los mismos integrantes de las hinchadas? En el Atanasio sucedió, con armas blancas y todo. ¿Acaso no iban a instalar detectores de metales en los accesos a las tribunas? Hace rato se había planteado este objetivo y nunca se realizó. En el Estadio de Techo, y hace unas semanas, las bengalas se hicieron presentes y con una proximidad alarmante al campo de juego. ¿Cómo entraron? ¿Quién responde a esto a nivel policial, más allá de neutralizar a los portadores?

Tuvimos hace varios años una época similar, de desmanes, de invasiones a la cancha por parte de estos ‘hinchas’, de batallas campales entre estos. Hubo reacción de las autoridades competentes, hubo represión en varios casos y hubo además personas señaladas y respectivamente judicializadas. Llegó entonces una calma relativa y todos bajaron los brazos. Hasta las autoridades. Error.

Algunos exjugadores se sonrojaron al llevar a sus hijos al estadio a ver un clásico y escuchar el lenguaje soez que allí se maneja. Salen después a soltar su respectiva frustración en redes sociales por ello, como si no recordaran que cuando vestían de cortos lo vivieron en carne propia, y sin hacer nada a partir de allí para cambiarlo. Salvo exteriorizarlo tras un teclado varios años después.

Pero volvamos al tema central. Dice la vieja frase popular: "El que es no deja de ser" y siendo así, ¿por qué las autoridades no intensifican sus esfuerzos en ello? Sí, las entidades policiales han sido permisivas, las autoridades distritales (levantando sanciones), también. ¿Cuál ha sido su proceder? Desentenderse del tema de formas poco adecuadas, una de ellas, impidiendo la asistencia de hinchadas visitantes y cerrando fronteras en todas las ciudades para evitar problemas.

Aunque cada ciudad tiene su propia problemática y pie de fuerza diferente para atender estas situaciones, debe unificarse a nivel nacional, y de parte de la Policía Nacional, un protocolo para enfrentar estas situaciones para garantizar la visita de hinchadas de otras ciudades para proteger a las personas de bien que van a los estadios o que trabajan cerca de estos escenarios, o al interior de los mismos.

Resulta frustrante conocer semana tras semana cómo vándalos vestidos de hinchas asaltan comercios, restaurantes, vendedores ambulantes y demás sectores de la economía, sin que haya un dispositivo policial en áreas circundantes del estadio para proteger a las personas de bien.

Así como día a día las autoridades buscan actualizar procedimientos de resolución de conflictos, también deben hacerlo en redes sociales. Poner más atención a este tema. Muchos de estos desadaptados se citan por estas vías (desde hace años), suben videos y fotos desafiantes, y al hacerlo constantemente revelan hábitos, conductas repetitivas, que si pudieran ser detectadas por la policía, instan a actuar con prontitud y mayor precisión.

Sí. Aún el marco legal está lejos de adaptarse a estos ‘nuevos’ tiempos violentos. Todavía los menores de edad tienen rienda suelta para delinquir con una camiseta puesta y quedar libres a las 72 horas. Pero mientras esto prospera, conviene que la policía actúe, coordine, reprima y garantice a las familias un feliz regreso a sus casas.

Algo está fallando hace un buen tiempo. Son conmovedoras las imágenes de niños envueltos en lágrimas y corriendo campantes por el campo de juego pidiendo una camiseta a su ídolo al final de un partido. Si un infante de 10 años logra burlar el cerco de seguridad para hacerlo, imaginemos lo que una persona armada, bajo el estado de alucinógenos y alcohol, puede hacer. No es divertido.

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