Estéreo Picnic: una experiencia más allá del cartel

El festival vive una paradoja. Hace cinco años su nombre era el de una fiesta más al norte de Bogotá; hoy, después de poco tiempo, es el evento de música alternativa (no gratuito) más importante de Colombia.

En medio de una semana complicada para el país, la noticia musical más importante fue el lanzamiento del cartel del festival Estéreo Picnic 2015, el domingo 16 de noviembre. 

Analizándolo desde la superficie, se trata de un total de 60 bandas, nacionales e internacionales (20 más que en 2014), en tres tarimas durante igual número de días: 12, 13 y 14 de marzo del próximo año. 

Ahora, mirándolo más de cerca, aparecen nombres como Kings of Leon, Calvin Harris, Jack White, Alt-J, Foster the People, Andrés Calamaro, Kasabian, Damian Marley, The Kooks, Deep Dish, y Major Lazer, como la punta del iceberg de un lineup que también es tricolor: Aterciopelados, Superlitio, Crew Peligrosos, Ciegossordomudos, Danicattack, FatsO, Pedrina y Río, Elsa y el Mar, y Mitú; nuevos sonidos de Colombia junto a sus “hermanos mayores”. 

Pero si se llega al fondo del Estéreo Picnic, se encuentra uno con un engranaje de producción complejo, como los cimientos de un edificio lleno de parlantes que es mantenido por cientos, habitado por miles, amado y criticado, al mismo tiempo, por sus vecinos en Facebook y Twitter. 

 

Algunos de los cuestionamientos que ha recibido el festival este año, tienen que ver con expectativas demasiado altas o imposibles (como que traigan a Daft Punk, por ejemplo, quienes hace 7 años no salen de gira).

Las causas, entre otras, tienen que ver con desconocimiento de su labor y porque el propio festival se ha encargado de subir su vara muy alto. 

“Estereo Picnic ha crecido, el público se multiplica cada año, el equipo de producción y de trabajo ha crecido para estar a la altura. Tenemos gente en todos los frentes, cada vez más especializada y experta”, dijo Sergio Pabón, uno de sus socios fundadores, a Señal Radiónica.

 
El festival, en realidad, no ha parado de crecer. En términos de alianzas (Lollapalooza en Latinoamérica es de sus grandes aliados), cantidad de público, número de bandas nacionales e internacionales, relevancia, peso de su cartel, y experiencias para sus fans, cada año da más y más.

Su paradoja es ser el único animal de su especie en Colombia, destacarse de la manada en tan poco tiempo, tener el nivel de eventos internacionales de más tradición, y aún así recibir críticas tan fuertes cada año.

“Es un proceso complejo, la gente piensa que nos ahorramos la plata, o que no quisimos traer a ciertas bandas”, comentó Pabón. “Por ejemplo, hicimos un esfuerzo inmenso para que viniera Coldplay. Los intentamos convencer, pero Suramérica no estaba en sus planes, y ningún festival del continente los tendrá”

Die Antwoord, para el cartel de este año, y Depeche Mode hace un tiempo, han sido otras de las bandas que han coqueteado con Estéreo Picnic, pero no se pudieron concretar, confesó Eugenio Chahín, jefe de prensa del festival. 

“No depende tanto de nosotros sino de la realidad de cada banda, de si están o no tocando, de su tienen disco nuevo, de si decidieron irse de gira a Asia; hay mil variables que afectan el hecho de que una banda pueda venir a un festival. Lo que yo quisiera que pensara la gente es que hubo esfuerzo, y si algunas se dieron, lamentablemente otros sueños quedaron postergados”, agregó Pabón. 

La respuesta positiva, sin embargo, no deja de ser inmensa, y se acerca a una realidad que ya traspasa fronteras.

 “En el 2014 vendimos muchas boletas por fuera de Colombia, incluso en México increíblemente, a pesar de que allá tienen tantos festivales”, resaltó Pabón. “Siento que somos un referente en la región, y así como hay gente que viaja desde otros países a vivir el festival, hay un montón de agrupaciones latinas, e incluso mundiales, desde República Checa, hasta Japón y Egipto, que quieren tocar aquí”. 

Según Chahín, la etapa de creyentes superó a la de todos los años anteriores, y para la organización tiene un significado más profundo que el de una preventa. 

“Coachella y Glastonbury, por ejemplo, no dan a conocer su lineup antes de tener vendido todo el festival. Se trata entonces de crear una cultura de festival grande, no solo por su cartel, sino porque ofrece música y experiencias que no se encuentran en otros tres días del año. Creyentes es una forma de incentivar la fidelidad por el festival y por el concepto primero que todo.”
 

Escuchen a Sergio Pabón en entrevista en #LaClase

Otro tema que generó discusión en redes sociales, fue el término “relleno”, usado para describir la presencia de bandas nacionales; un poco injusto con un festival que espera que en poco tiempo una banda como Bomba Estéreo sea headliner de su cartel: “Nos van a dar mucho palo, pero convenceremos a la gente de que sí hay artistas nacionales que pueden echarse al hombro cerrar un día del picnic”, dijo Pabón. 

“Nos hemos convertido en una plataforma para los artistas nacionales y el festival apoya cada vez más el talento de acá y la construcción de una escena alternativa de música en Colombia”, agregó. “Hemos logrado agrandar artistas y espero que en un punto muy cercano podamos tener un headliner nacional”.

Sobre los comentarios en Facebook y Twitter, el socio del festival se refirió a estas redes como espacios que hay que observar con cuidado, pero que no reflejan una realidad que congrega en cada edición a miles de personas y ofrece “experiencias, atmósferas, una magia donde se respiran sentimientos que me ha dejado comentarios como ‘anoche fue la mejor noche de mi vida’, ‘anoche conocí a mi novio’, anoche le propuse matrimonio a mi mujer escuchando a MGMT”.  

Por su parte, Chahín, para quien año tras año el evento es una experiencia para descubrir nueva música, donde cada propuesta se gana su espacio, dijo que, además de que las bandas nacionales ahora se preparan cada año para el Picnic, lo cual hace todo más competitivo, “en redes se percibe hostilidad con algunas bandas, pero no creo que ese es sea el termómetro real. En el festival la actitud de la gente es de absoluto respeto.” 


Monsieur Periné. Estéreo Picnic 2011.

Esa noción de “realidad” es importante, y sus organizadores dicen tener claro que, a pesar de la polémica por el cartel, su objetivo es seguir intentando crear espacios en los que la gente pueda “encontrarse, conocerse, sentarse a tomar algo, comer, ver una banda, y los alejarse de ese concepto de festival o de concierto donde no hay nada más que hacer”. 

De todas formas, Sergio Pabón reconoce aspectos por mejorar, como los parqueaderos, el área de acreditaciones, y los accesos.

En 2013, después del cierre de The Killers, la salida en carro del evento se demoró horas hasta la madrugada, y en 2014 una banda nacional, por ejemplo, tocó la mitad de su show sin público por una demora en la apertura de puertas.

Pero, si Lollapalooza comenzó en 1991, y Coachella en 1999, Estéreo Picnic apenas está terminando un proceso de consolidación en tiempo récord, a todas luces exitoso (sin duda gracias a sus ediciones 2013 y 2014), y tiene un futuro por delante en el que, si bien seguirá temblando, su edificio cada vez tendrá mejores cimientos y más y más parlantes. 

“Nuestra función siempre ha sido estar a la vanguardia. Si nos comparamos con otros festivales del mundo, estamos a la altura. No pudimos traer algunos grupos, pero siento a la gente feliz. Nuestro cartel está variado, completo y grande”, concluyó Pabón. 

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