"En mis tiempos las cosas no eran desechables..."

Limitar la vida útil de los productos para incrementar su consumo es una práctica común y de tiempo atrás

Cuando algo se dañaba prematuramente, era normal escuchar a los padres y abuelos de varias generaciones frases como la que le da título a este artículo. Sabemos ahora que no son tanto un lugar común, ni un capricho que esconde una nostalgia por tiempos en que "las cosas sí duraban".

La obsolencia programada es una realidad que es y ha sido aceptada concientemente por las más importantes marcas y casas matrices del mundo durante décadas, en detrimento de la calidad de sus productos, pero para su beneficio.

Las baterías de los cumputadores y reproductores móviles de mp3; los respuestos de los automóviles, los televisores y las bombillas; las neveras, celulares y miles de productos de uso díario y doméstico, están hechos para no durar mucho y para ser reemplazados lo más pronto posible. 


Un botadero de basura electrónica (e-waste) en China

Esta práctica, documentada incluso desde los años de 1930, ha permitido que exista la innovación y la competencia, así como las mejoras permanentes y constantes en tecnologías y tendencias; sin embargo, ha dejado por fuera de la ecuación a las personas, a los consumidores, que ponen su buena fe en malos aparatos, y claro, al medio ambiente. 

Un planeta que simplemente no puede soportar más basura, y cuya gran mayoría de países no tiene la infraestructura para procesarla de manera adecuada, la obsolencia programada se convierte en un problema ecológico, de salud pública y en una práctica que genera más problemas que beneficios, cuyos defensores están en mora de ofrecer alternativas urgentes. 

Presentamos el reconocido documental "Comprar, tirar, comprar", de Cosima Dannoritzer, el cual ahonda en este modelo de fabricación y consumo. 

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