"El nuestro es un cine latente, hay mucho talento joven"

Hablamos sobre los Oscar 2014 con Pedro Adrián Zuluaga, pero también de otros eventos importantes del circuito del cine del año y del papel de las películas colombianas en todo esto.

Pedro Adrián Zuluaga es uno de los críticos de cine mejor preparados y más respetados del país. Su relación con el medio de la cinematografía va desde la academia, la docencia, el periodismo, y la curaduría de festivales, hasta la edición de publicaciones especializadas y reconocidas en el campo como Kinetoscopio.

Actualmente, entre varios proyectos, escribe columnas sobre cine en la revista Diners, en las que últimamente ha hablado de La vida de Adele, por ejemplo, o Ninfomanía, y el desafío que como espectadores este tipo de películas arriesgadas nos plantea moral y socialmente; cosa que tal vez no sucede con las de los Oscar este año.

12 años de esclavitud, por ejemplo, es su apuesta este año para ganar la mejor película, según él, gracias a una historia autocomplaciente, de redención, que no cuestiona profúndamente los problemas, muy del estilo que le gusta a Hollywood.  

Muchas cosas buenas reconoce Pedro Adrián, sin embargo, sobre esa gran fiesta de la Academia norteamericana. Producciones independientes que hayan hecho la tarea juiciosos durante el circuito de festivales, son recompensadas, digamos, con la visibilidad que les da una nominación al Oscar. De otra forma, se perderían en un mar de películas. 

La estatuilla, ganarla, no es fácil, pero una nominación es un triunfo para productores y para el lobby de millones de dólares que todas deben hacer para lograr llamar la atención y poder ser vistas por los miembros de la Academia, además de seguir las estrictas reglas de la organización (este tema lo tocamos con más profundidad acá).

De todo esto, más el circuito de festivales, los eventos a los que hay que ponerle atención, como el FICCI en Cartagena, sus superhéroes favoritos (pues la Academia hará un homenaje a sus héroes) y qué pasa con el cine colombiano en términos de calidad y su relación con los Oscar, hablamos en la siguiente entrevista. 
 

 

¿Cuál es el peso de los Oscar en este momento? ¿Es una celebración anacrónica para las audiencias jóvenes?

Tiene mucho peso en la industria, pero no solamente en la industria concebida en términos económicos. Creo que los Oscar ayudan a unas películas importantes. Si uno ve las nominaciones no están los blockbusters, las más costosas, a las que la industria les apuesta más dinero en términos de difusión o mercadeo. Creo que sí permiten posicionar algunas películas que no están en los puntos más altos de la taquilla tengan un lugar de atención por lo menos durante un periodo de tiempo. Eso ocurre este año con Her, Escándalo Americano, o Nebraska, que no son precisamente mega producciones. Creo que eso redunda también en un público joven que está interesado en propuestas más arriesgadas. Ahora, aparte del prestigio y de lo que significa para los diferentes miembros del equipo técnico o artístico de una película tener una nominación, que a nivel profesional es muy significativo, pienso que se malentienden los Oscar si se miran como una celebración del cine más industrial. Realmente no son eso. En los últimos años uno puede hacer un rastreo de muchas películas que han salido, no digamos del anonimato, pero que han tenido una atención que sin los Oscar no hubiera sido posible: Fargo, por ejemplo, Juno, o Belleza Americana; muchísimas películas importantes incluso del circuito independiente han utilizado a los Oscar como plataforma de lanzamiento.
 

Pero al ser un evento tan influyente y poderoso, debe haber ciertos motivos en la nominación de ciertas cintas a mejor película. Temas polémicos como el de 12 años de esclavitud, podrían estar detrás de generar audiencia para la ceremonia?

12 años de esclavitud no creo que sea una película tan independiente. Si bien las anteriores del director Steve McQueen son más pequeñas y con una aproximación personal, esta me parece complaciente, tiene todo el tipo de narrativa americana, de redención, del blanco que salva al negro; pone en la agenda temas pendientes como la esclavitud; relee la historia norteamericana. Es decir, tiene todo lo que pide la Academia, es mainstream, lo que no ocurría con Shame o con Hunger, las anteriores de McQueen. Influye mucho la capacidad de lobby. Una producción que se asocia al cine independiente como Miramax normalmente está detrás de cintas pequeñas que se posicionan con lobby y en todo caso ninguna película puede llegar muy lejos sin lobby y sin una campaña de publicidad específica para la Academia o sus miembros. Eso ha pasado con películas como no comerciales o estrictamente megaproducciones que han tenido la bendición de la academia, como Sin lugar para los débiles o Petróleo sangriento, que no tienen un gran aparato de mercadeo detrás, pero si un lobby específico de los productores al interior de la Academia. Eso explica mucho. El lobby de figuras como Harvey Weinstein de Miramax siempre es determinante en la manera como se confeccionan las listas.
 

¿Cómo funciona ese lobby?

Lo pienso como un peso específico en instancias de legitimación, como en los festivales de cine importantes, donde siempre están pendientes de que piensa Weinstein de una película. Más que corrupción interna o cosas por el estilo, o que le manden regalos a los miembros de la Academia, es capacidad no solamente de cumplir con las reglas concretas para ser nominado (fecha de estreno, número de proyecciones o tiempo de proyección) sino poder tener un peso específico en espacios de legitimación como los festivales de cine, en publicaciones de la crítica, y en los medios. Eso es muy distinto al mercadeo comercial en el sentido digamos de cómo entendemos esas grandes sumas que se invierten en productos, souvenirs ,camisetas o muñecos. No. Tener una voz dentro de la industria o capacidad para hacerse oír, eso es lo que yo llamaría lobby y es lo que va calando en los miembros de la academia que son alrededor de 5.000 o 6.000. Finalmente, son corrientes de opinión que se van acumulando a favor de determinada película, incluso a favor de pequeñas o arriesgadas que yo no pensaría que una fiesta aparentemente industrial como los Oscar tuviera presente.
 

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¿Qué película específica se puede decir que logró seguir un camino exitoso para ser nominada?

Petróleo Sangriento, sin lugar a dudas. Para mí es una película muy interesantes como propuesta narrativa o estética. Pensando en otras más viejas, pues esta Pulp Fiction, Juno de Jason Reitman, o Belleza americana que es un ejemplo muy concreto. Son producciones que se han posicionado a través de unos circuitos de legitimación y que han tenido productores en la jugada, que se hacer oír.
 

¿Pero el casting debe ser clave también en llamar la atención ¿o no? Como en el caso de un Tommy Lee Jones en sin lugar para los débiles.

Sí, pero ninguna de las que nombré son mega producciones como Titanic o algunas de Steven Spielgberg que han estado ahí, o como lo puede ser en este año una película como Gravedad, que tampoco es la más costosa pero no hay duda de que es la superproducción invitada a la fiesta; o Avatar, por poner otros ejemplos.
 

Hablando de mejor película, estamos ante una selección que viene entonces de espacios de legitimación, pero la que gana no siempre es la mejor en términos cinematográficos, de historia, etcétera. ¿No siente que en en esa categoría sí hay una motivación de la Academia de dar un mensaje político?

Son corrientes de opinión que se van consolidando. En general, la academia tiende a ser políticamente correcta, privilegiando aproximaciones donde predomine la figura del héroe, o donde predomine una narrativa de redención. El peso de ciertas comunidades culturales en la Academia, como los judíos, son muy importantes. Entonces películas sobre el Holocausto o sobre la II Guerra Mundial, en la que ellos aparezcan como las víctimas históricas, normalmente son muy bien valoradas. No creo que 5.000 personas se puedan sentar a ponerse de acuerdo en cómo votar. Se forma una corriente de opinión y de acuerdo a eso se vota. Esta se forma gracias a espacios donde se legitiman algunas cosas como los medios de comunicación. Por eso, pienso que la ganadora será 12 años de esclavitud pues finalmente cumple todos los requisitos: tocar temas pendientes como la esclavitud, o el blanco salvando al negro; aunque lo hace con un revisionismo un poco ambiguo. Si por un lado se toca ese tema pendiente, por otro lado no hay nada nuevo en la aproximación. Simplemente es autocomplacencia, es decir “somos la mejor sociedad, discutimos nuestros problemas, los tramitamos, y el cine sirve para tramitar desacuerdos”. Todo llega a un punto de equilibrio, el status quo se conserva, no hay ninguna película provocadora en sentido estricto, llevando las cosas muy lejos, como lo hace un Lars Von Trier. Incluso cuando Hollywood se entera de la obra de directores como Michael Haneke con Amor, se trata de una obra que a pesar de ser todavía muy oscura, de alguna manera tampoco era el Haneke de la primera parte de su obra, mucho más pesimista sobre la condición humana. Había una celebración “del amor”, de algún modo un mensaje optimista y de redención.
 

Mucha gente se ha quejado de la historia de Gravity. ¿Vale la pena analizar una mega producción como esa en términos tan profundos?

Me parece una película sorprendente en muchos aspectos, en los técnicos y en diseño de producción. Se puede disfrutar muchísimo. Pero, en términos filosóficos es elemental. Es un misticismo light como acorde un poco también con esas necesidades espirituales de la cultura contemporánea. No hay ahí las grandes preguntas filosóficas que podría haber en Odisea del espacio. Gravity es más cercana a ese panteísmo de El árbol de la vida, de Terrence Malick, pero pienso que finalmente eso puede ser su éxito. Sí hay una historia, pero es muy tonta, con una resolución muy elemental, y con una idea de renacimiento, de la culpa, de la pérdida. Yo creo que es, en cierto sentido,sólida, pero no es la que me interesa, así de simple y elemental. Pero tampoco creo que se quede en el juego tecnológico, que es descrestante.
 

Al contrario, El Lobo de Wall Street presenta una historia llena de exageraciones e hipérboles...

Esa tendría que ganar en términos de riesgo artístico y de comentarios sobre la época en la que sucede por su capacidad crítica, pero no va a pasar. No creo que Dicaprio pueda llegar más lejos que Matthew McConaughey que seguramente va a ganar.Directores como Martin Scorsese o Woody Allen han sido muy ignorados y después les dan premios honoríficos o se los dan por películas que ya no son las grandes de su obra, y la Academia rectifica sus omisiones históricas. Son directores de obra, de una obra muy sólida, entonces, la Academia generalmente ha ignorado sus películas más interesantes casi para congraciarse por ellos cuando resulta obvio que no haberles dado el premio es algo descarado. Pero incluso pasó con Spielberg, que tardo tanto en ganar un Oscar. Pero con El lobo de Wall Street creo que es la más interesante y la más difícil de ver. Es exagerada, desbordada, excesiva, y bueno, esto mismo se podría decir de la actuación de Dicaprio que es como el alma de la película.
 

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¿Cuándo cree que los Oscar eran más relevantes culturalmente hablando?

Me parece que el cubrimiento, la atención de los medios y el peso de la industria no se han debilitado. Tan constante como es el dominio mundial del cine americano, que permanece entre el 85 y el 90 por ciento en la mayoría de países, la importancia que se le da a los Oscar es equivalente a ese dominio mundial. Los Oscar son una expresión de ese dominio. Si usted ve la agenda informativa, se ve que se sigue hablando de eso. Claro, hay una posición cultural de parte de algunos intelectuales, no es nueva, de rechazo a estos premios, pero incluso creo que en otras épocas fue más el rechazo que el que tienen hoy, cuando había cines nacionales más politizados y mayores movimientos culturales de izquierda. Sin embargo, nunca perdió su brillo ni su luz. No creo que estemos en la época de mayor oposición. No estamos hablando por ejemplo de los reinados de belleza en Colombia, que sí son anacrónicos y que sí despiertan un interés muy concentrado y minoritario, pero siguen dominando la agenda incluso de medios serios.
 

¿Qué categorías son importantes en los Oscar?

Hay una clara separación entre la contribución artística y los premios a la técnica. En ese sentido a mí en lo personal me interesan mucho los premios a los actores porque pienso que el gran aporte, o el gran arte, o lo más llamativo que tiene el cine norteamericano es el arte del actor. Pienso que son insuperables; el cine de los Estados Unidos tiene una tradición de actores de vieja data y que no ha perdido su oficio o capacidad emocional. Este año, después de haber visto la mayoría de películas, estaría en serios problemas para escoger a los mejores. Por otra parte hay categorías que permiten el posicionamiento de algunos productores minoritarios en unos circuitos de mucha visibilidad, como película extranjera, cortometraje o documental, que serían los lugares donde se hace un nicho que en otro sitio no tendrían atención. Producciones como La gran belleza de Italia o el documental El arte de matar, aunque este ha sido muy visible este año, implica que hay una oportunidad adicional en estas películas, sobre todo en las extranjeras en esa categoría que se abre y que sigue siendo importante porque es clave a la hora de tomar decisiones de distribución y que un público distinto se fije en ellas. Son categorías que valoran, que son menos endogámicas, digamos, pero como decía, la separación de premios artísticos y premios técnicos es muy clara, aunque es un poco absurda. Pienso que la fotografía y el sonido son arte, pero se consideran como premios de segunda línea, y no tan importantes como guión y actuación.


¿Qué pasa cuando un director o una producción gana mejor película extranjera o mejor documental?

Una mayor distribución, un efecto industrial importante. Bien sea en la nominación o en ganar el premio, creo que documentales como Buscando a Sugarman o películas como Amor de Haneke, ya eran importantes antes de los Oscar y seguro por eso fueron nominadas. Es un empujón adicional que contribuye a un mejor movimiento. Además, se cumple el ciclo. Eso tiene un efecto industrial en las carreras de los directores en la carrera propia. Pero tampoco se trata de grandes descubrimientos, ya están descubiertas cuando se ponen en escenarios como los Oscar, pero si hay un efecto adicional en relevancia mediática y en distribución, incluso no necesariamente en salas sino en otras ventanas.

 

 

¿Qué criterios tiene la Academia en cuanto a los nominados a mejor película extranjera?

Me parece que no hay patrones en lo que premia la Academia. Bueno, sí y no, aunque suene contradictorio, pero uno ve películas que la han ganado como El secreto de sus ojos y otras que han sido nominadas como Amor, y entre esas dos no hay mucha relación en términos de acercamiento narrativo, idioma o procedencia; entonces, creo que en el caso de esta categoría, se trata de un premio aleatorio y caprichoso. Ahí tiene que ver con la capacidad que tenga el país o la productora de hacer presencia. Cuesta mucho, por ejemplo, hacer una campaña porque ahí si se trata de hacerle llegar la película a los miembros de la Academia, de hacerse ver y eso cuesta mucho. Porque en muchos casos no se trata de las películas que han circulado bastante, o que se han movido en Estados Unidos. Recuerdo la película colombiana El vuelco del cangrejo o Los colores de la montaña, que estuvieron en la preselección, ni siquiera en la lista de cinco, y de la dificultad que tuvieron para hacer una campaña que superara el bache de invisibilidad. Ahí pesa mucho la inversión y la capacidad de superar esa barrera que normalmente tiene el público norteamericano con las películas con subtítulos. Básicamente, esa es la discusión, películas habladas en inglés o las de subtítulos, eso es lo que premia esa categoría, que es algo que el público gringo ve con mucho recelo. Entonces se trata de cómo superar ese recelo y cómo hacer presencia.


¿Cómo se escogen las colombianas?

Antes era una decisión del Mincultura, era una decisión más interna, digámoslo así, de las instituciones. A partir de El cartel de los sapos, es la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas la que ha tomado la decisión. Esa fue una nominación bastante errática porque claramente no aporta en ningún sentido algo nuevo, es una película que trataba de imitar con muy poca suerte los códigos del cine de gangsters norteamericano y en ese sentido no es una producción que llame la atención de la Academia por su diferencia. Nuestras cintas no son muy competitivas de todas formas a nivel internacional y eso esta demostrado en la manera en que no hacemos presencia en los grandes festivales de cine, en Berlín, Cannes o San Sebastián, sobre todo los primeros que son los más influyentes. El Mincultura y Proimagenes pueden decir lo contrario, pero estamos normalmente en secciones paralelas de competencia pero nunca en la vitrina central de esos festivales. Este es un camino que se va dando; es muy difícil que una sea nominada a mejor extranjera, si a su vez no ha estado antes en determinado festival. En ese sentido nuestro cine todavía no es competitivo para aspirar a una nominación a mejor película extranjera en los Oscar. No sorprende en absoluto. Más allá de si tomamos buenas o malas decisiones, nuestra falta de presencia en otros escenarios es determinante.
 

¿No hemos aprovechado la “fiebre latina” en Hollywood, con directores como Alfonso Cuarón o Alejandro González Iñárritu, o actores como Javier Bardem?

Falta seguir haciendo películas. Somos impacientes en ese reclamo. Nuestra ley de cine es muy reciente y no tenemos una tradición importante. Claro, ha habido cine ininterrumpidamente en Colombia desde los años 60, pero sin desconocer lo anterior, ha sido un cine que se ha realizado a saltos, donde no hay una tradición interna, las películas no se reconocen en su pasado y estamos todos los días haciendo la película primera colombiana de algo, de animación, de tal cosa, entonces pretendemos de la noche la mañana tener presencia importante. No, yo creo que para ser muy coloquiales “nos faltan cinco pal peso” o “pelo pa’l moño”, porque históricamente hemos sido un cine de segunda línea en Latinoamérica y superar esa posición digamos subordinada no es fácil. Podemos ser todo lo impacientes que queramos, pero se necesitan seguir los pasos uno a uno. No es nada sorprendente. Yo creo que nosotros nos tenemos que comparar con Perú, Venezuela, o Chile que son los países que tienen una industria, o que tienen una tradición cinematográfica parecida a la nuestra: discontinua, pequeña; no podemos compararnos con Brasil o Argentina, así económicamente seamos un país con un peso parecido, pero culturalmente no es así; ellos nos llevan muchísima ventaja en términos de tradición y del tiempo que llevan expresándose en el cine. No veo nada de sorprendente en que no estemos en esas grandes ligas. Perú estuvo nominada con La teta asustada (aunque fue coproducción con España) y Chile es en este momento quizás el país latino con el cine más interesante, es casi como un milagro. Año tras año tiene cinco o cuatro películas en los lugares de más visibilidad, con directores como Pablo larrain, Jose Luis Torres o Alejandro Fernández. Pero yo pienso que en Chile ha habido una tradición teatral y televisiva de vieja data, y sobre todo ese país es un milagro económico con unos niveles de estabilidad pioneros en Latinoamérica desde hace unas dos décadas. Quizá eso también influya en que en este momento el cine chileno sea el que más recibe atención de Latinoamérica, no necesariamente en los Oscar, pero si en Rotterdam, Cannes o Berlín. De ahí a llegar a los Oscar, hay un solo paso. Pienso que, haciendo una futurología medio absurda, no sería nada raro que en dos o tres años una película chilena esté entre las nominadas o que incluso gane a mejor extranjera.
 

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Uno podría pensar eso en el caso de No, que toca un tema tan duro de la historia chilena como el fin de la dictadura. En Colombia hay muchas historias políticas que faltan por contar. ¿Por qué no se ha podido?

El nuestro es un cine que está latente. Pienso que hay mucho talento joven, con más cortometrajes interesantes que largos interesantes. Uno podría pensar que es como una cosa en latencia o en potencia y que eventualmente puede llegar a despertar en los próximos dos o tres años. Sin embargo, hay cosechas desafortunadas como la del año pasado con El cartel de los sapos. Justo cuando había una serie de factores favorables para que se mirara el cine colombiano, y los seleccionadores de festivales estaban pendientes, incluso vinieron a Cartagena pues Colombia es un país de moda, si no hay producto de calidad pues no lo hay, y eso no se puede imponer.
 

Este año va a haber un homenaje a los héroes y superhéroes. ¿Cuál es su favorito?

Me encanta Batman y creo que en términos cinematográficos es un personaje que ha sido explorado en todos los tonos posibles. Desde el tono kitsch del de los años 60, al tono oscuro y un poco existencial, si se quiere, de las últimas versiones de Christopher Nolan. Pienso que se lo han reinventado muchísimo, como los vampiros por ejemplo; hay una reinvención a un cine muy político. Es la manera que una sociedad tiene de poner en juego sus fantasmas. Entonces, en ese sentido, enmascaran lo político, o lo dejan como un objeto escondido, pero hacen lecturas políticas y morales de las sociedades. Como es un cine de buenos y malos, permite definir lo que cada época determina como su enemigo principal, o lo que no quiere reconocer, o a lo que le teme.
 

¿Ahora que terminan los Oscar qué pasa, qué sigue para el cine?

Viene cannes en mayo. El calendario de cine esta muy definido. Sundance a comienzo de año, Rotterdam, Berlín, luego los Oscar y algunos festivales latinos como Cartagena y Guadalajara en marzo. Son los picos más altos de la primera parte del año, hasta que viene la temporada de vacaciones ahí sí con las mega producciones y vuelve el otoño con las más serias y otra vez la segunda parte del circuito de festivales de San Sebastián, Toronto y Venecia.
 

¿Cuál es la importancia de Cannes?

Cannes trata de desmarcarse del cine norteamericano, aunque a veces no lo logra, pero busca ser independiente y destacar producciones francesas. Allí comienza otra ruta de las películas que serán importantes en el año, las que hay que seguir y que después otros festivales reciclarán. Marca más pauta que Berlín y Sundance en el año cinematográfico y tiene un gran mercado. No se trata de un festival de cine de autor, allá van todos los distribuidores a pelearse por los títulos semi independientes, pero indica todo lo que se va a ver de cine independiente, no solo del resto del año, sino del siguiente. Por ejemplo La vida de adele que ganó en Cannes se estrena un año después en Colombia, Gloria que ganó en Berlín a mejor actriz con Paulina García se estrenará acá en marzo, o la versión del corte del director de acaba de presentar Lars Von Trier en Berlín de Ninfomanía y que ya se puede ver en Colombia. Cannes es de esos festivales que definen la circulación de títulos que no tiene garantizada una distribución como el cine más comercial
 

¿Y para seguirle la pista al cine de autor, a dónde hay que mirar?

En Colombia, pues Cartagena, indudablemente. El FICCI ha tenido una consolidación importantísima en su competencia iberoamericana, y una muy importante que se llama gemas que es una reunión de lo más interesante de los grandes festivales como Berlín. También está Cali, en la segunda mitad del año, también un festival muy de autor e independiente. Internacionales, están el BAFICI en Buenos Aires, Argentina, que nace en los noventa y que se ha consolidado como el gran independiente latino. Y otros jóvenes como Valdivia en Chile y el de Lima en Perú. Y los internacionales, la ruta esta muy marcada. Cannes, Berlín, Toronto, San Sebastián, Venecia, Rotterdam, Sundance y otros como el Pusan en Corea del Sur, el más grande de Asia. Pero en términos independientes, hay un circuito en Gijón, España, en Rotterdam y otros. 


pajareradelmedio.blogspot.com (blog de Pedro Adrián)

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