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El costo de la memoria según David Rieff

Hablamos de historia y recuerdos con el escritor estadounidense en su paso por el Hay Festival en Medellín.

¿Alguna vez se han preguntado cómo se puede recrear el pasado en palabras? El trabajo de un historiador es vital para preservar el devenir de los pueblos, y a medida que han pasado los siglos y que la humanidad ha ido cambiando en las diferentes épocas, la noción de la historia y lo que ella debería contar ha mutado. Hoy, con la complejidad que implica estar en este tiempo, y con todas las posibilidades de sentido que dan las artes y las demás ciencias sociales (la historia como área del conocimiento es una ciencia social) la visión del pasado es muy diferente a la que incluso podía tenerse hace solo 60 años.

David Rieff es un historiador que durante décadas fue periodista de guerra en territorios complejos como Bosnia y Afganistán, y que en sus últimos libros ha buscado ser un crítico de la forma en la que es tratado el pasado en las culturas contemporáneas, buscando desmitificar la carga sentimental que puede tener la historia a través de la memoria.

Este escritor estadounidense, por ejemplo, defiende el enfoque crítico de la historia que, en sus palabras “no sea partidaria, que sabe criticar a todos”. Para él, la historia de los países se ha escrito desde una perspectiva triunfalista, haciendo listas de batallas, generales y presidentes, y que actualmente existe una tendencia de contar la historia desde la perspectiva de la memoria, lo cual, según él, le entrega a las personas a través de la memoria colectiva una selección de lo que se debe recordar y lo que no. 

Su obra Elogio al olvido (2017) busca cuestionar la clásica frase “quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo” afirmando que esta generalización es errónea y que es necesario particularizar, ya que no en todos los casos el desconocimiento del pasado implica caer en las mismas cosas ya vividas.

¿Y de qué manera desligar la historia de las subjetividades propias del ser humano? En palabras de David Rieff, “nadie puede imaginarse objetivo” a la hora de escribir un relato histórico. Para él, más que objetividad, hay que hablar de escepticismo, “desligar el proyecto histórico de la memoria colectiva”, aquella que carga el pasado de las emociones generadas en el presente. Lo mejor, en su concepto, “es contar el pasado en su contexto”, como si fuera un país distinto al actual, por decirlo de alguna manera.

Pero la historia no llega a nosotros solo a través de libros. Películas, canciones y teatro también cargan sus relatos de ese componente histórico, contándonos “su versión” de un hecho determinado, con más o menos (a veces casi ninguna) fidelidad a los acontecimientos sucedidos.

Para Rieff, esta influencia de las llamadas industrias culturales y artísticas en la manera como leemos el pasado puede ser peligrosa y nos plantea su impacto a través de un ejemplo: “en la última guerra de Irlanda del Norte, que duró 30 años, las negociaciones entre católicos y protestantes estaban muy cerca de un acuerdo, pero fracasaron porque uno de los bandos recordó una canción con un mensaje militante e hizo cambiar de opinión a sus negociadores”. Y agrega que “la cultura popular no es necesariamente nefasta, pero tampoco es un esfuerzo para el bien”, y por tal motivo estas obras con aire histórico deben ser vistas y entendidas con prudencia debido a su libertad narrativa.

Uno de los conceptos más controversiales que se desarrollan en Elogio al olvido (2017) es la posibilidad de que exista paz sin justicia en los contextos de posguerra. Sostiene que países como Bosnia viven en paz y que necesariamente no hubo justicia al fin de su guerra. Para él, los movimientos de derechos humanos han querido mantener ligadas la paz y la justicia, pero dice que esto es un “romanticismo culpable” rechazando la posibilidad de que se acepten acuerdos en los que la paz sea posible sin que se genere un castigo. Es escéptico con este concepto y dice que le da miedo el absolutismo, la polarización.

Finalmente, y poniendo sobre la mesa la reciente obligatoriedad en cuanto a la enseñanza de la historia en escuelas y colegios colombianos, David Rieff cree que, en un contexto como el de este lleno de tantas contradicciones, la historia debe ser enseñada abordando los diversos puntos de vista, libre de absolutismos, en la que se realice una interpretación adecuada de las visiones múltiples de la realidad.

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