Ritmos Bastardos: el documental de la cumbia digital en Argentina

Hablamos con Grant C. Dull, el fundador de uno de los sellos que revolucionó la pista de baile en Argentina y Latinoamérica.

Grant C. Dull, el fundador de ZZK Records, tiene un recuerdo memorable de la historia del sello. Fue en el año 2006, tenían planeada una fiesta en diciembre y esperaban a mucha gente que quería conocer de primera mano el poder de la cumbia digital en Argentina. El club de confianza en San Telmo los echó justo en ese mes porque tenían otra programación, entonces se trasladaron al Lado B, en Niceto, un club emblemático de Buenos Aires. Habían más de 300 personas y justo cuando era las 3 de la madrugada y estaban bailando al ritmo lento y pausado de King Coya, a casi 82 BPM, Grant sintió una explosión fulminante de energía, de baile. Ahí, en ese momento, en medio de esa especie de ritual,  tuvo una revelación que le decía que ese era el futuro, que ese ritmo era que quería liderar y convertir en un sello discográfico. Esa era la huevada, como dice el. 

Dos años después, en compañía de Guillermo Canale y Diego Bulacio, decidieron lanzar ese ZZK Sound Vol. 1 - Cumbia Digital, un primer álbum que hacía la presentación oficial de todos los artistas del sello, entre los que estaban Fauna, El Remolón, Fantasma, Chancha Vía Circuito, por nombrar algunos. Ahí se empezó a tejer una historia sin precedentes donde fundieron las raíces latinoamericanas con sonidos globales como la electrónica y los llevaron a viajar por el mundo entero. Un logro que se hacía paralelamente al trabajo de colombianos como Pernett, Systema Solar, Bomba Estéreo y Sidestepper. 

Ya han pasado más de diez años desde que esa historia se empezó a escribir a punta de letras y beats y con el firme propósito de dejar un registro de esas crónicas musicales, han lanzando Ritmos Bastardos, un mini documental que relata cómo un sueño se convirtió en una movida contundente y visionaria que logró hacer una declaración latinoamericana sin precedente. 

Hablamos con Grant, fundador de ZZK Records, para desmenuzar algunos de los momentos de esa pieza audiovisual disponible en Youtube. 

El documental empieza hablando de la crisis en Argentina como un detonante para la creación de ZZK Records. ¿Cómo fue ese ese proceso? 

Los argentinos tuvieron un acceso adquisitivo mucho más grande. Era más común ir a Miami que a Uruguay o a  Nueva York que a Bariloche; estaban viviendo en una especie de burbuja latinoamericana donde el país estaba más pegado con el dólar. El consumo era más internacional,  algo muy típico de países latinoamericanos, que a veces valoran más las cosas de afuera que las de adentro. Con la crisis hubo un renacimiento, un volver a la tierra sudamericana, utilizar los recursos que habían y empezar a explorar su propia cultura e identidad y esto se refleja tanto en las artes, como en la música, el teatro, la moda o la gastronomía. Hubo un boom de volver a las raíces en argentina y ZZK fue claramente parte de esta manifestación. 

¿Cómo ZZK ayudó a revolucionar las pistas de baile y la noche en Argentina?

Como dice Villa Diamante, era muy común en esa época ir a club a una fiesta y solo escuchar un tipo de música: ibas a una bailanta a escuchar solamente cumbia, o a un sitio de rock específicamente, o techno o hip hop. Nosotros mezclamos todo es mucho en una sola noche; la gente podía ir y escuchar 20 tipos de música y eso atrajo a personas de diferentes tribus urbanas. Entonces desde la curaduría se empezó a formar esa pista de baile que era diferente a todas las demás. Eso estaba pasando en Londres o Nueva York, pero en Buenos Aires no había una fiesta que metiera todo en la licuadora. 

Cuando empezaron a hacer las fiestas, ¿cuál fue el significado que le dieron a las raíces? ¿Cuál era esa importancia social, cultural y hasta política detrás de esa idea? 

Antes de que nosotros empezáramos, la cumbia ya era protagonista. Había una escena interesante de cumbia experimental y electrónica, de parte de un montón de gente como King Coya, Fantasma, El hijo de la cumbia, Remolón, Fauna. Nosotros decidimos poner un fuerte énfasis en productores locales, para que pudieran traer sus creaciones y músicos y probarlos en las fiestas y la cumbia era una de la músicas más divertidas; cuando sonaba ese beat el público baila de otra manera; entonces nos enfocamos en ese sonido. En el 2007 organizamos un primer compilado para dar a la prensa, todas eran cumbias electrónicas, y ese se convirtió en el primer disco de ZZK Records, que salió en el 2008. En en vez de decir cumbia electronica inventamos el término de cumbia digital, que reflejaba la época donde vivíamos y donde todo el mundo empezaba a hacer música con sus computadores, con soulseek, sampleando. El sello nace con un ritmo, desde acá, desde américa latina

Paralelamente en Colombia se estaba dando un proceso muy parecido al de ustedes de la mano de grupos como Sidestepper o Bomba Estéreo y, por otro lado, el legado de la cumbia en nuestro país siempre ha sido muy fuerte. ¿Cómo fue la relación de ZZK con Colombia?

Son varias cosas con respecto a Colombia, una es que hubo muchos estudiantes jóvenes colombianos que vinieron a nuestras fiestas y les encantaba venir a bailar, ahí hicimos muchos amigos. Nos unía un poco la comunidad colombiana estudiantil en buenos aires y empezamos a poner música que estaba pasando en colombia: Sidestepper, Pernett, Bomba Estéreo y todas las bandas colombianas que estaban haciendo fusión con cumbia y champeta. Yo me recuerdo pasar Sidestepper en mi primer dj set en ZZK.  Luego nos encontramos afuera en las giras y empezamos a colaborar, hicimos un remix de Fuego, de Bomba Estéreo, hicimos amigos con todos ellos básicamente. Y tercero, pero no menos importante, es que nosotros investigamos mucho el folclor colombiano; King Coya, por ejemplo, hizo un remix de Petrona Martínez. Era una gran fuente de inspiración la cumbia histórica y tradicional, como la contemporánea hecha en Colombia. 

Los fundadores del sello: Grant, Nim, Villa Diamante
 

¿Cómo es hoy en día el trabajo de curaduría musical de ZZK?

Yo, como el dueño del sello, tengo suerte de encontrarme con los artistas, porque son ellos los que hacen la música y ponen su talento, mentes y corazones. Con esto, tengo el honor de representar y armarles una estrategia, de meterme en la parte audiovisual y crear una historia con ellos. Yo siempre digo que ZKK solo ficha artistas que son mejores que los anteriores; no queremos trabajar con artista que suena como Chancha Vía circuito o Nicola Cruz, queremos el siguiente artista que suene diferente. Me parece que el foco y el éxito es la curaduría, somos un sello muy pequeño, no tenemos los recursos ni el personal para fichar más de una o dos cosas al año y con esas dos que fichamos ponemos un montón de energía e ideas para que el disco de ese artista pueda salir al mundo. El ojo nuestro es en curar muy bien con qué y con quién trabajamos 

¿Cuál ha sido la importancia de la colectividad para la historia, creación y permanencia de ZZK? 

El colectivo era todo, más que nada hicimos los primeros años de la fiesta, porque era lo que nos gustaba hacer. Las fiestas no eran una gran fuente económica y el sello tampoco; para nosotros se trataba de apostar todos por algo y lo hicimos. Yo en esa época estaba manejando cuatro negocios diferentes para lograr hacer el sello discográfico. En el 2015 hicimos un crowdfunding para sobrevivir, era un tiempo muy difícil en la época del streaming, trabajando además con una música tan de izquierda y poco mainstream. Fue esa colectividad de la que hablas el ímpetu y el espíritu de los primeros años donde cada uno estaba apostándole a que esto era una buena historia y que íbamos a crecer. Cada uno aportó su talento, su tiempo y energía para que ZZK saliera adelante 

 

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