Reinventar la nostalgia: el regreso del 'Clandestino'

La reedición del 'Clandestino' merece la contemplación como un momento crucial en esas joyas que arroja la música.

Aunque la escribió en una visita a Arizona en 2011, Manu Chao decidió lanzar la canción Bloody Bloody Border el pasado 14 de junio como antesala de la reedición de su primer disco solista, 'Clandestino' (1998). El tema, que habla de las pésimas condiciones en los campamentos de migrantes en dicho Estado, es una de las tres novedades incluidas en la mencionada reedición que saldrá a la venta el 30 de agosto a través de Because Music y que contará con la colaboración de la matrona Calypso Rose.

A poco más de veinte años de su lanzamiento, 'Clandestino' aún resulta un disco sorprendente o, cuando menos, atípico. La respuesta de su inmutable valor se encuentra escudriñando su historia.

Se puede arrancar con una anécdota que es bien conocida. O al menos citada en numerosas ocasiones: "Una vaca me salvó la vida", ha explicado Manu Chao en varias entrevistas mientras rememora la compasión que recibió de los ojos de una bestia cuando se metió en un chuzo de cerveza en una favela de Río. Eran tiempos de fondo tocar.

No fue mucho lo que se supo de Manu Chao entre 1992 y 1995, más allá de que la depresión no era menor. Mano Negra, aquella banda salida del metro de París y de lo ecléctico de sus músicos, quizás el combo más potente en la historia del rock francés, había llegado a su fin (y también una larga relación sentimental de Chao). El mito que tendió puentes entre Europa, América del Sur y África se derrumbaba, o al menos se transformaba en recuerdo, acaso nostalgia.

En Colombia este mito se manifestó de manera particular: en 1992 un buque llamado Melquiades viajó desde Nantes hasta Caracas, para luego traer a sus tripulantes a Bogotá al Festival Iberoamericano de Teatro que llegaba a su tercera edición. En él iban dos compañías, una de danza y un grupo de rock: Mano Negra.

Entre el desparpajo de la visita, un cirquero anarquista francés mencionó la ironía de un país con vías de tren pero en el que jamás pasaba uno. Ahí nació aquel delirio en el que Manu Chao, junto con dos gestores colombianos, se propuso restaurar los rieles que conectaban Santa Marta con Bogotá para recorrer y detenerse en varios pueblos del país, ofreciendo un espectáculo con música, circo y teatro.

“El Expreso del Hielo”, como lo bautizaron, fue una realidad tiempo después, inspirado en el regreso de Melquiades y los gitanos a Macondo. Quedan de testigo conocidas piezas como el video de Señor Matanza, grabado en la Plaza de Bolívar de Bogotá

La amarga separación de la banda, que además había lanzado el que sería su disco más vendido, 'Casa Babylon' (1994), hacía que aquella euforia del pasado ahora estuviera en los pasos errantes de un nómada que recorría los bares de Río de Janeiro, los callejones de Tijuana, que experimentaba con Peyote en México DF o que pasaba el rato con los hijos de los insurgentes en Chiapas. Además de México y Brasil, Manu Chao anduvo por Senegal, por Francia, por España, buscando curar la pena en la carretera y en la mirada curativa de las vacas.

“Si hay vaca es que sí y si no hay vaca, es que no. Viví varios años así”, recuerda Manu Chao en varias entrevistas. “Las vacas me llevaron a ‘Clandestino’, fueron ellas”, remata el hijo de los exiliados antifranquistas Felisa Ortega y Ramón Chao.

A pesar de haber sido el cantante, compositor y visionario artístico de Mano Negra, Chao no tenía planes para volver a grabar, aunque nunca dejó de esbozar canciones. En sus viajes fue reuniendo ideas y melodías en su computador portátil, que llamaba Estudio Clandestino, con contribuciones de amigos como Tijuana NO de México, de Todos Tus Muertos de Argentina, de su hermano Antoine, entre otros. "No sabía que estaba haciendo un disco. Era pura terapia", diría tiempo después

Necesitaba un cómplice, y aquellos retazos sonoros comenzaron a tomar forma cuando conoció al productor Renard Letang. Juntos examinaron las decenas de canciones, decantaron y escogieron las 16 pistas que terminaron formando parte del álbum. En ese momento Manu Chao estaba fascinado con la electrónica y la primera versión que grabaron estuvo cargada de esta influencia y de muchos ritmos de baile; pero por un error en el computador de Letang muchos de estos elementos que adornaban las canciones se perdieron.

Al final quedó la música desnuda y hermosa, como quien quita una capa de polvo para descubrir que debajo había una obra maestra. Luego de mostrarle diferentes mezclas a los niños vecinos de tres y seis años, y de elegir acorde a sus preferencias, el disco estuvo listo para salir al mercado.  

El dúo sentía que lo hecho no sonaba como algo que hubieran escuchado antes. Era un popurrí de reggae, con elementos de salsa, de rock, de pop francés, de rock experimental y con las sobrevivientes piezas electrónicas. Todo acompañado por una lírica sencilla en español, francés, portugués, inglés y gallego. No dejaron espacios entre las pistas y cada canción se fusionaba en el eco del disco.

En contraste con la vibrante Mano Negra, 'Clandestino' se presentaba con un sonido relajado, centrado en melodías sencillas y repetitivas, y en una instrumentación que se mantenía en una paleta limitada apostando por el menos es más. Casi todas las canciones tenían de fondo un extraño sampler que suena como estaciones de radio pirata: noticias sobre el calentamiento global, relatos de partidos de fútbol en portugués, fragmentos de un discurso del Subcomandante Marcos y demás excentricidades que armaban una suerte de collage.

Salió así el primer álbum de estudio de Manu Chao como solista, publicado el 6 de octubre de 1998. En la industria lo miraron con desconfianza y consideraron que la falta de rock terminaría por alejar a los otrora fans de Mano Negra. Nadie lo quería promocionar, casi ninguna emisora de radio lo pasaba escudándose en que canciones como Welcome to Tijuana eran una apología a la droga.

Fue Virgin quien le hizo un marketing de bajo perfil que, con su aura anti-consumista, permitió a los fanáticos descubrirlo por sí mismos. Inicialmente se convirtió en la banda sonora de mochileros que iban a playas de moda como Koh Samui en Tailandia o Puerto Escondido en México. La noticia de su existencia fue prácticamente un voz a voz, sin desconocer el papel que jugó la prensa especializada, como la revista alternativa española Rock Delux que lo declaró álbum del año.  

La amargura de Desaparecido y Mentira; la decadente fiesta fronteriza de Welcome to Tijuana; el dolor de Lágrimas de oro; la extraña ternura de Minha Galera; y claro, Clandestino, dieron vida a ese nuevo Manu Chao, emocionante, político y hasta melancólico, teniendo en cuenta además el subtítulo del álbum: ‘Esperando la última ola…’. El disco dio paso a un "pop de protesta" que nunca antes se había escuchado, avivando de paso un discurso de agitación sociopolítica. Era nostálgico por esa época de canciones para sacudir al mundo, cantándole a los inmigrantes, a los marginados y errantes.

Hay quienes afirman que, junto al álbum 'Buena Vista Social Club', que vio la luz un año antes, 'Clandestino' contribuyó a ese boom de la mal denominada "world music". Así él no lo hubiera deseado. Y benefició la globalización de la industria de la música en los años 90, poniendo además sobre la mesa el debate de la apropiación cultural.

Lo que vino después era de esperarse: Virgin puso sus fichas en el juego y participó activamente en el siguiente álbum 'Próxima Estación - Esperanza' (2001). Manu Chao formó la banda y pudo hacer lo que en un principio fue imposible, girar por el mundo, llegando a tocar en festivales de Estados Unidos como Coachella y Lollapalooza. Luego llegó 'La Radiolina' (2007), un par de discos en vivo y su trabajo con el dúo maliense Amadou y Mariam, aunque se sabe que existen horas y horas de música inédita.

En 'Clandestino' se encapsula entonces un principio, que de paso nos dejó un disco a la vez atemporal y a la vez con la capacidad de reinventar la nostalgia: de lo que dejó de ser Mano Negra y de lo que empezó a ser Manu Chao. Y es bajo ese lente que la reedición de este álbum merece la contemplación como un momento crucial en esas joyas que arroja la música.

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