20 años de “Carne Trémula”, un disco para entender el punk de Medallo

¿Cuál es la historia detrás del segundo disco de Nadie y cómo ha envejecido este clásico del rock nacional?

Hace dos décadas, un grupo de jóvenes en sus veinte años, con muchas cosas por decir y muchos sonidos por tocar, crearon uno de los discos que con los años se convirtió en pieza fundamental del rock de Medellín. Julián, Juan David y Felipe transformaron toda esa energía contenida en ese momento en canciones de punk que estarían compiladas en su segundo disco “Carne trémula”.

 

La época

El cambio de siglo trajo para el rock de Medellín unos nuevos aires, con una renovación generacional necesaria para revitalizar una escena estática, como  bien explica la periodista musical Patricia Valencia: “había una especie de pausa de los grupos que se habían consolidado en la década de los 90”.

Durante esa época había menos conciertos y más fiestas, con un auge particular de los DJs y la música electrónica. Patricia recuerda que “de esa nueva camada de bandas nacidas a finales de los 90 estaba Nadie, que ya en el 2000 encontró una madurez musical, y que generó un nuevo sonido en el punk Medallo, dando cuenta de otras temáticas más profundas sin perder su esencia punk”.

Juan David Márquez, bajista de Nadie en esos años, cuenta que “en esa época no se hacían festivales o conciertos grandes en la ciudad, entonces los conciertos que hacíamos era los que organizábamos en bares pequeños y donde nos invitaran”. Ese panorama de toques que tenía Nadie era el mismo de todas las bandas que hacían música por esos años.

 

La banda

En ese momento Nadie llevaba pocos años, era una banda de amigos que había nacido en la época del colegio, ya habían lanzado un disco en 1997 (su debut titulado “Nadie”), que tenía un sonido más inspirado en el punk californiano y con letras contestatarias y canciones notables como “Me ahogo en cemento” y “Otro estado natural”.

Para el inicio del nuevo milenio Nadie tendría algunos cambios en su formación, pasando de un cuarteto a un power trío. Cuenta Juan David que “con el ‘Carne Trémula’ entró Felipe Correa a la batería y ahí se consolidó la banda”. Julián Velásquez, vocalista y guitarrista en la época del “Carne Trémula”, la banda mutaría del sonido de su disco anterior “a una onda más punk España, más Barricada, Reincidentes, La Polla Records, ese tipo de bandas”. A esto se le sumaban en vivo  la inclusión del saxofón, que sería fundamental para el color sonoro que tomaría Nadie de ahí en adelante.

 

El disco

Hablar del proceso de creación de “Carne Trémula” es hablar del momento de la vida que estaban viviendo por esos días Julián Velásquez y Juan David Márquez. Fue el primer disco que grabó Julián como ingeniero de sonido; el estudio donde lo hicieron lo montaron en el apartamento donde vivían Julián y Juan David; el apartado visual del álbum fue una idea de Juan David Márquez, que por esos días tenía un laboratorio de revelado y estaba experimentando con la imagen. Todo el proceso del “Carne Trémula” fue íntimo, entre amigos, lleno de aprendizajes y experimentaciones.

Julián ahora lo recuerda como “un proceso excitante, donde logramos un disco que se hizo con las uñas, muy guerreado pero con un resultado excelente”.

Respecto a las letras de ese disco, Julián dice explica que están muy influenciadas en la literatura y en el cine, en “Carne Trémula” hay una clara influencia al cine de Almodóvar, pero también hay letras que hacen alusiones al sexo, las drogas, pero con pasajes más introspectivos e intimistas como “Lo que no se olvida” y “Multifx”. Hay crítica, ironía, reflexión y hasta surrealismo en las 10 canciones del disco.

En sus palabras ese fue el disco raíz de Nadie, y esto debido a que, sin desconocer su debut discográfico, “Carne Trémula” fue el punto de partida para comenzar las búsquedas sonoras, conceptuales y temáticas de Nadie en los siguientes años.

El proceso de este álbum los llevó a pensar en una puesta en escena para sus conciertos, con fotografías a gran formato en el escenario (antes de que las visuales en tarima fueran la norma y estuvieran al alcance de cualquier show), incluso con actos de performance donde una mujer pintada salía al escenario a danzar en medio del concierto. “Nos hizo crecer y evolucionar”, dice Julián.

 

El legado

El primer gran impacto que tuvo “Carne Trémula” en la música de Medellín se produjo casi de inmediato al salir el disco y fue el hecho de que su sonido lograra trascender las barreras del punk. Cuando sus canciones comenzaron a circular, comenzó a calar en rockeros, metaleros y personas que les gustaba la música, más allá de las etiquetas. Esto, en la visión de Patricia Valencia, se debió a que “tenían un sonido y una letra que lograba identificarse con unas circunstancias que todavía era vigente en la ciudad y que llegaba a cada individuo que escuchaba ese trabajo”.

Eso hizo que los conciertos de Nadie fueran cada vez más masivos, coincidiendo un par de años más adelante con el surgimiento de iniciativas de conciertos más amplios y festivales tanto públicos como privados.

Con el paso de los años Nadie se convirtió en una banda referente del punk hecho en Medellín, despertando la curiosidad de muchos músicos para explorar otras vertientes de este sonido que fueran más allá de lo que estaba sucediendo en la ciudad y en el país en ese entonces.

A Nadie, pero también a otros proyectos contemporáneos de su época e incluso a otros que llegaron un poco antes, se les debe que el punk de Medellín también tenga sonoridades que se hayan arriesgado a experimentar y trascender las fronteras de lo que hasta ese momento se había hecho tanto instrumental como líricamente.

En las palabras de esta periodista, “su sonido es muy único”, la combinación de sus letras profundas y sus ritmos que parten del punk pero que van más allá de él, hacen que sus canciones no hayan perdido vigencia desde lo musical aún pasando dos décadas. Y así sucede con las letras, los temas a los que les cantaron en ese momento siguen siendo preocupaciones del día a día, desde lo social hasta lo personal, permite esa identificación que es necesaria en una canción para que trascienda la barrera del tiempo.

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