Foto: Mike Giles en Unsplash

Artistas del Caribe: de la resistencia creativa al emprendimiento

¿Cómo sortean los músicos del caribe la desestabilidad causada por la pandemia?

A lo largo de la historia, la humanidad se ha enfrentado a enfermedades letales que llevan a tomar medidas como el confinamiento. Como respuesta a ello, los artistas, siempre con los pies en la tierra y el alma en otros mundos, trasladan sus impresiones a estas realidades con la que ilustran de algún modo más cercano las emociones surgidas en tiempos difíciles. Ya en 1797 lo demostraba Francisco de Goya, quien tras recluirse por sufrir una enfermedad que le dejara sordo, realizaría obras como “Corral de apestados”, en el que ilustra el horror de los hospitales llenos de enfermos durante una epidemia. El mismo caso sucedía con Edvard Munch, quien tras vivir de cerca la tragedia de enfermedades como la tuberculosis y la gripe española, creó “El Grito” en 1918, donde se refleja la crisis en todo el entorno. 

En la música nos encontramos con la misma manifestación que produce el encierro, piezas musicales que se conservarán en la memoria de este resguardo, como “Murder Most Foul” de Bob Dylan, “Helpless” de las Fireside Sessions de Neil Young o “Los abrazos prohibidos” de Vetusta Morla, como verdaderas voces nacidas desde corazones nobles para alegrar las almas que vibran en esta suerte de sosiego y solidaridad, durante el confinamiento. 

Sin embargo, no todo este panorama creativo se traduce en estabilidad -al menos no financiera- de quienes están involucrados en la industria de la música nacional. La mayor parte del ingreso económico de los músicos (y del gremio en general), depende de subir al escenario y tocar en vivo: la pandemia ha interrumpido de manera abrupta esta actividad desajustando toda una agenda de conciertos, grabaciones, y demás eventos que reflejan el movimiento directo del capital de los artistas. Y si bien es cierto que todos los sectores de la economía han sido afectados, el de la música y los espectáculos ha sido uno de los más golpeados, teniendo en cuenta que las medidas adoptadas por los gobiernos para mitigar la crisis sanitaria, incluyen la prohibición de realización de conciertos y eventos que reúnan multitudes, en un plazo sin definir. La estabilidad económica y cultural están en juego, siendo ambos, pilares fundamentales en la industria musical.

“La mayoría de los miembros del grupo, somos licenciados en música, entonces nos hemos trasladado al acto pedagógico, nos hemos ido al encuentro con los estudiantes a la virtualidad, sin embargo, sé que a muchos amigos músicos les ha tocado estar en el negocio del comercio informal, en este momento todo se vale”, cuenta Camilo Romero de la agrupación de reggae Tubará, dejando entrever la preocupación que le genera el hecho de que la interrupción de las actividades pueda conllevar al retiro de las artes de algún colega; además afirma con cierta nostalgia que el espacio natural de él y sus compañeros es la tarima, tocando frente a su público: “no hay nada como encontrarse y ver a la gente. La música es un acto colectivo, la música nos conecta, que de repente puedas bailar con una persona que no conoces, a todos nos encanta la tarima, pero esto nos pone a reflexionar, pues no nos esperábamos esto, de hecho lanzamos un vídeo hace muy poco que fue grabado con nuestros amigos y público desde cada uno de sus hogares. Todo esto nos ha hecho pensar sobre cómo podemos llevar esta energía a través de otros medios, toca acomodarse y seguir”.

En esta era, en la que todo sucede y se difunde a velocidades astronómicas, nos encontramos ante una crisis adicional a la pandemia y la economía desestabilizada: la sobredosificación de la información. No obstante, la saturación de información, que podría ser vista como un inconveniente, es precisamente la herramienta que ha permitido a los artistas un acercamiento más ‘cercano’ con su público a través de cálidas conversaciones en las que se exponen los nuevos proyectos muscales, que en medio del confinamiento se han desarrollado, y se socializan las impresiones al respecto. 

Este sector ha demostrado gran resiliencia, no solo a través de su capacidad creativa, sino por medio de la implementación de actividades alternas mientras continúan con sus procesos. Los artistas locales del Caribe colombiano son una muestra de ello: “La actual situación que vivimos ha afectado muchísimo a nuestro gremio, sin embargo, no dejaremos que eso nos detenga, yo creo que el público está consumiendo mucha música digitalmente, por ende, hay que seguir pa’ lante, seguir grabando, seguir haciendo lanzamientos, ayudando a la gente a que sus días sean más felices y qué mejor manera para ello que a través de la música” comentó ‘Geño’ García, bajista de la agrupación Karnivale, que recientemente lanzó el sencillo "La mala hora".

Según estadísticas del DANE, para el mes de mayo de 2020, la tasa de desempleo del total nacional fue 21,4 %, lo que significó un aumento de 10,9 puntos porcentuales frente al mismo mes del año pasado (10,5 %), lo que es igual a un total de casi cinco millones de personas que no reciben ingresos laborales. 

En el Caribe, especialmente en el departamento del Atlántico, la escalada del COVID-19 ha alcanzado en el último mes la segunda posición en el mapa nacional de contagios, a pesar de no ser la ciudad más poblada entre todas las capitales, el índice de desobediencia ciudadana ha dado como resultado la alta cifra. Sin embargo, este no es el caso para todos los atlanticenses, la mayoría de la población sigue los protocolos y respeta la norma instituida para la mitigación de la enfermedad. 

La promoción de las artes ha sido una de las herramientas para invitar a la ciudadanía a permanecer en casa, así, las actividades como conciertos, cursos de danza, de gastronomía y conversatorios sobre libros o proyectos musicales novedosos, hacen parte de la agenda digital ofrecida principalmente por artistas de la región, quienes alternan estas jornadas que realizan a través de sus redes sociales, con nuevas labores que reemplazan o complementan la actividad financiera con que acostumbraban a producir ingresos económicos a partir de la música.

Y reconociéndose en un diálogo entre el regreso a las raíces y la pasión por la música, Alejandro Villa, a.k.a. Kuky Albert, bajista del grupo de reggae Tripulazion, se encuentra en estos días trabajando en la ebanistería: “en mi trabajo, sin duda, esta situación ha tenido repercusiones, como profesional músico, las contrataciones, los ensayos cancelados, todo ha sido muy lento y ha cambiado, sin embargo he aprovechado que vengo de una familia de carpinteros, he estado relacionado con la carpintería desde muy niño y esto ha repercutido para bien, pues en este momento he vuelto a ese trabajo que me ha permitido poder sobrevivir, he podido incluso volver a trabajar con mi padre y hemos creado un lazo muy bonito”, comenta el músico barranquillero. 

En una reflexión más introspectiva, Mathieu Ruz, cantante en los grupos Tonada y Tropickup de Barranquilla, habla sobre las dificultades creativas que ha tenido durante el confinamiento, mostrando quizás el lado más sociable del ser humano, para él “no hay mucho de qué inspirarse estando confinados”, él ha dejado de cantar en sus agrupaciones y está ejerciendo ahora su profesión de licenciado en idiomas como video-intérprete, él manifiesta que “esta labor consume la mayor parte de mi tiempo, y lo que me queda no lo puedo emplear para hacer otras cosas, ha sido realmente difícil. Sin embargo, hay un punto positivo que le veo a estar confinados y es el aprendizaje o la profundización en el manejo de las redes sociales, esto nos ha obligado a reinventarnos, pero como el ser humano es un ser de costumbres, a mí me está haciendo mucha falta estar en la libertad de los escenarios, en compartir con otros músicos, escuchar sonidos diferentes, pero ahí vamos”, concluye indicando que la mayor enseñanza de todo esto debería radicar en comenzar a pensar como sociedad y dejar tanto individualismo a un lado.  

Por su parte, Andrés Higuera - Original Rastaman - , cantante de la agrupación barranquillera Spittin Fijah, también con una visión bastante optimista habla sobre su emprendimiento gastronómico y menciona que uno de los aprendizajes más valiosos de esta temporada de confinamiento ha sido ser versátil: “es un buen momento para aprender otro instrumento, para aprender a manejar más las redes sociales, para pintar, o estudiar cosas nuevas que nos puedan servir para promover nuestra banda, y a pesar de que no nos hemos podido reunir como grupo, hemos estado más conectados, nos hemos comunicado las ideas que nos van surgiendo, buscamos alternativas para hacerle difusión a las nuevas canciones. Por mi parte, tengo un proyecto de comidas llamado Fish and Chips que son unos pinchos de pescados con papas y salsa de la casa, a través de las redes sociales he podido hacerle buena difusión, lo que me ha permitido sostenerme en estos días que los eventos culturales y de música están suspendidos”. 

El caso de resiliencia artística en esta región del país, se repite una y otra vez, pues a pesar de que la industria musical, casi siempre se encuentra centralizada en la capital del país, los productores y artistas continúan con sus gestiones, desde casa, para llegar hasta el último rincón que les sea posible, por medio de su arte. Este es el caso de Jorge Guerrero “El Salpi”, guitarrista de Bozá, quien mientras alterna la creación de composiciones de su agrupación, se encuentra impartiendo clases virtuales de guitarra y, junto a su esposa y una colega, tiene un emprendimiento de productos naturales para el cuerpo: aceites, jabones, sales para el baño y mascarillas, productos que son distribuidas a través de redes sociales.

Él, con la cálida sonrisa de las costas colombianas, expresa que, si bien “ha tocado cancelar una serie de actividades y conciertos que venían programándose para este año, seguimos trabajando en el desarrollo de nuestro tercer álbum. Eso lo alternamos con el desarrollo de actividades económicas que nos permitan seguir adelante. Yo, por ejemplo, he comenzado a realizar clases magistrales online con alumnos que tengo en Europa y Estados Unidos. También me he dedicado más de lleno al proyecto OrgaMica que son productos naturales que hemos creado para el cuidado de la piel, del cabello, y de las emociones, a base de plantas naturales. Hemos aprendido mucho en esta cuarentena, sobre el consumo responsable los productos y hábitos alimenticios”.  

Quizá a esta resistencia característica del ser Caribe se refería Orlando Fals Borda, bajo su concepción del ser senti-pensante de la humanidad costeña, cuyo concepto es ya una fórmula universal, una filosofía original del Caribe colombiano, sinónimo en todo el mundo de madurez emocional para sobrellevar la realidad y relacionarnos con amor ante las desengaños y alegrías de la vida, una apuesta por salirle ganando a la adversidad con la menor tristeza posible.

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