Ilustración por: Juliana Cuervo

Voces que festejan a Manuel Zapata Olivella

Periodistas, académicos, escritores hablan sobre la importancia del escritor en el centenario de su natalicio.

Manuel Zapata Olivella nació el 17 de marzo de 1920 en Santa Cruz de Lorica, Córdoba. Por eso andamos celebrando su vida y obra, recordando su inmenso aporte literario, ensayístico, poético, cultural. Su vida, es muestra de que para conocer y crear hay que andar.

“Quizás no haya en la literatura colombiana una vida tan rica en experiencias y aventuras como las del Negro Manuel, como cariñosamente lo llamaban sus amigos. Su propósito siempre fue adentrarse en la condición humana, acumular vida, pues era un convencido, como quería Nietzsche, de que la literatura  proviene de la sangre”, escribió Darío Henao Restrepo, entre otras cosas investigador de un documental sobre el escritor que hace poco vio la luz. 

Para continuar este homenaje, conversamos con escritores, periodistas, académicos y cultores que se han adentrado en el universo de Zapata Olivella. Con ellos reafirmamos la importancia de que nuestras miradas se vuelquen al lugar desde donde el escritor dio vida a su obra. Les pedimos además, que eligieran una fragmento de “Changó, el gran putas”, su obra cumbre, para sumergirnos en algunas de sus líneas. 

¿Por qué es importante recordar a Manuel Zapata Olivella? 

Humberto Jarrín (poeta, dramaturgo y editor): De entrada recordar a cualquier escritor es un acto de justicia, sobre todo para alguien que de manera desinteresada dedica una buena parte de su vida a construir una obra, elaborarla de día y de noche. De esa obra, siempre la sociedad será deudora. Diría también que con ciertos escritores la deuda es aún mayor y ese es el caso de Manuel Zapata Olivella. 

Juan Mosquera Restrepo (periodista): Es importante no solo por la fecha sino por la trascendencia. Manuel Zapata es él y muchísimos negros más, porque el era negro antes de que se instalara la palabra afrocolombiano. Siempre fue orgulloso de su raza, de sus raíces y se pregunto por qué los negros en este país vivían como vivían.

Jairo Soto (lingüista): Podríamos decir que Zapata Olivella fue el primer hombre que usó el pensamiento intercultural en Colombia. Fue el primer escritor de novelas que exaltó lo que significa ser la afrocolombianidad en un país pluri étnico y pluricultural como Colombia. Por medio de sus escritos se puede conocer el país y los aportes de los pueblos y las etnias que lo conforman.

Orlando De Ávila (historiador): Durante el siglo XIX, y hasta bien entrado el siglo XX, la cultura colombiana era entendida como una extensión de la cultura hispana. Manuel Zapata Olivella, desde los años 40, de la mano de intelectuales afrocolombianos del Caribe y del Pacífico, comenzaron a repensar la cultura y a valorar el aporte africano desde la perspectiva de una cultura incluyente, de una cultura mestiza.

Lázaro Valdelamar (Lingüista y literato): Es importante recordar a Manuel Zapata Olivella en Colombia porque nos permite soñar. Sí, nos permite soñar en ese día en que Colombia dejará de ser un país que se desconoce a sí mismo, a nivel cultural, a nivel regional y que empiece a superar sus conflictos más profundos, que parten de este desconocimiento propio. También su generosidad como como ser humano, contribuye a que muchos de jóvenes escritores se hayan consolidado.

Martha Rosas Guevara (abogada e historiadora): debe resaltar y valorar la obra y el aporte de todo el clan y la dinastía de los Zapata Olivella, una familia que través del arte, de la cultura, de las corporalidades, logró reivindicar el rol y los aportes de esas “Colombias” negras a la construcción de la Nación. Es necesario recordarlo en sus roles como antropólogo, como médico, viajero infatigable y abridor de caminos.

Uriel Cassiani (poeta y escritor): Es inmensa la deuda que tenemos, no solo los afrocolombianos, raizales, palenqueros, sino toda Colombia. Visibilizó a los nadie, a quienes construimos esta nación pero no contamos con el reconocimiento del grueso de la población. Ese grueso de población enquistada en las elites, en las academias y en los espacios de poder. Su imagen merece ser puesta en el pedestal de la memoria de la nación. 

Liliana Valencia (periodista): Es un gran cultor que nos acerca a toda esa historia que había sido sistemáticamente invisibilizada por la educación formal y los libros de historia tradicionales. Pone sobre la mesa que la cultura afro no solo es un aporte sino un pilar en que está construido ese acervo nacional colombiano.

 

¿Cuál es su legado a la cultura colombiana? 

Dolcey Romero (historiador): Aunque el Antiguo Régimen ya feneció, queremos asumir, adoptar e imitar las mismas conductas y comportamientos del colonizador. El colonizador nos enseñó a avergonzarnos de nuestro color, el colonizador nos dijo que éramos una raza inferior. Nos impusieron que nuestra cultura es salvaje y bárbara. Nos impusieron que nuestro coeficiente intelectual era bajo. Según las palabras del maestro Olivella decolonizar el pensamiento y el conocimiento, es una tarea urgente e inmediata, para eliminar definitivamente la carimba mental.

Juan Mosquera Restrepo: Gregorio Sánchez Gómez, Arnoldo Palacios, Hazel Robinson Abrahams, Carlos Arturo Truque, Óscar Collazos, Rogelio Velásquez, Lucrecia Panchano, Maria Teresa Rámirez, Laura Victoria Valencia, Elcina Valencia, Ana Milena Lucumí, Mari Grueso. Estos nombres que hacen parte de la gran biblioteca que alguna vez el Ministerio de Cultura publicó para rendir tributo y sobre todo darle luz a los nombres afrocolombianos de la literatura nuestra, es algo que fue posible, en parte, porque el nombre de Manuel Zapata Olivella iluminaba a los demás. La prominencia que Manuel hizo posible que muchos miraran hacia el lugar que tantas veces no han querido mirar, que es el lugar de las letras de la perfieria.

Jonathan Alexander España (escritor y editor): Recuerdo al escritor antillano Édouard Glissant, una poética de la relación, en la que su obra está concebida para constituirse en el entorno, en tanto renacer en la emergencia de una lengua nueva que se traduce en un modo de identidad/relación. Ahí es donde se construye una conciencia literaria, que implica el análisis y la valoración de las culturas periféricas, que no conduce a la desaparición del límite, sino que invita a habitarlo para tener una visión de lo que debe ser la literatura colombiana: un lenguaje de lenguajes sin fronteras, que constituya la semilla del diálogo que es huella del mundo.

Lázaro Valdelamar: Manuel Zapata Olivella es una persona que contribuyó en la consolidación de la cultura que llamamos nacional en Colombia.

Orlando De Ávila: Uno de sus grandes aportes es el reconocimiento de la cultura popular de la Colombia rural. Manuel Zapata Olivella, que era médico de formación pero un antropólogo autodidacta, se dedicó a recorrer el país a lo largo y ancho, de la mano de su hermana Delia Zapata Olivella, para identificar las manifestaciones culturales de los pueblos letrados y semi iletrados, como él mismo los llamaba. Tratar de ubicarlos dentro del amplio espectro de la cultura nacional. 

Luis Sevillano (Funcionario del Ministerio de Cultura): Fue Manuel Zapata Orivella, que, adelantado en el tiempo, logró introducir el término de la tri-etnia en la construcción de la narrativa en Latinoamérica y en Colombia, principalmente, en tiempos de no reconocer a la población afro, no reconocer a la población indígena, no reconocer sus aportes.

Liliana Valencia: Es un legado que no hemos dimensionado en su complejidad. El día que entendamos lo africanos que somos como colombianos, vamos a entender el legado de Manuel Zapata Olivella. 

Uriel Cassiani: Manuel también nos muestra un sendero, que el arte y la cultura puede ser un instrumento político para posicionar nuestro pensamiento, que sencillamente intenta descolonizar y descolonizar. Es el primero que habla de la etnoeducación para que las comunidades conserven sus costumbres y su cosmogonía. 

Andrés Delgado (escritor): Manuel Zapata Olivella dejó un gran legado cultural, artículos, crónicas, reportajes, novelas y uno de estos fue la novela “Changó, el gran putas”. Una novela que habla de toda esta diáspora africana en el continente americano, pero no solamente la importancia radica en lo que cuenta sino en cómo lo cuenta, en las palabras que usa, la música, su estilo. 

 

¿Cuál es la importancia de "Changó, el gran putas"?

Jairo Soto: En "Changó, el gran putas" se entiende la historia de la humanidad desde la mirada afro y la religión yoruba. En esta novela se hace el camino por la diáspora negra. Evidencia cómo el pueblo afro fue desplazado por el mundo, siendo esclavizado, buscando recuperar las raíces de sus ancestros. 

Lázaro Valdelamar: Es una obra monstruosa en el mejor sentido, una obra monumental que da cuenta de la experiencia de la diáspora de los esclavizados negros provenientes de África. Y realmente es una verdadera exploración epistémica y emocional de esa experiencia que marca toda la humanidad, es la interacción entre lo europeo, lo africano y lo americano, tanto como como indígena, pero sobre todo lo americano criollo. En Chango se explora la posibilidad de que la humanidad enfrente a sus lacras, que no sólo son la esclavitud, sino también el desprecio por la cultura del otro.

Dolcey Romero: Me permito destacar lo que él tipificó como realismo mítico. El realismo mítico no es una mera forma de falsear la realidad a secas, sino de crear un mundo simbólico e imaginario para fabricar, expresar y explicar los contenidos de la realidad. Es una forma de interpretar los hechos históricos a través de la imaginación y el mito. Manuel Zapata Olivella logra narrar la epopeya de los afrodescendientes durante 500 años de resistencia, por acceder a la libertad y a la ciudadanía.

Juan Mosquera Restrepo: Es una novela inmensa en la cual caben varios mundos. Es fundacional, trata de comprender un arco histórico, que va desde la Afrika Bambaataa, hasta las esquinas de cualquier lugar en Cartagena.

Martha Rosas Guevara: En una obra cumbre de la literatura universal, que quizás no fue valorada en su momento por el boom de escritores latinoamericanos. “Changó, el gran putas” enaltece esa gesta afroamericana, esa lucha épica por la libertda, que conserva tanta vigencia, logrando establecer esos puentes entre las reivindicaciones ancestrales y las luchas contemporáneas por el carácter de humanidad. Por el derecho a ser y estar en el mundo.

Jonathan Alexander España: Es una novela eclosiva que evita la fatalidad retórica y da paso a una voluntad universalizante del rastro de la voz africana. Una relectura en nuestra historia que recupera los silencios recubiertos por múltiples capas de discurso colonial, con el fin de hacer su genealogía y un cuestionamiento de la realidad, en tanto búsqueda de una identidad abierta al origen.

Liliana Valencia: Es una obra fundamental que retoma cuentos tradicionales, trabalenguas, canciones, sabiduría. La idea del Muntu, la idea de que soy porque somos. Es casi una enciclopedia de la africanía en Colombia. 

Humberto Jarrín: Por esa saga afrolatinoamericana, que como ustedes saben está constituida de cinco novelas, desfila todo el panteón de dioses y demonios africanos junto a los ancestros y los difuntos, eso que en lengua africana se llama el Muntu y que Zapata Olivella convierte en una especie de oro poético. Pero a la vez, es un viaje por el lenguaje, por las palabras, asistimos de esta manera en su lectura al instante mítico en que todo puede ser nombrado de nuevo.

Uriel Casiani: Es una obra totalizadora, hay una revaloración desde lo espiritual de todo lo literario. Es el escritor más universal y cosmopolita. 

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