Cortesía: Páramo Presenta

¡Caifanes regresa a Colombia! Hablamos con Saúl Hernández

Charlamos con el líder vocal de Caifanes antes de su esperado regreso a Medellín el próximo 19 de marzo de 2020 en La Macarena.

El más reciente concierto de Caifanes en tierras antioqueñas se realizó en 1995 y fue en compañía de Aterciopelados. Han pasado 25 años y la ciudad se prepara para ese encanto de ritual que tienen los conciertos de la banda mexicana. 

Como antesala a ese reencuentro y, paralelamente, al primer encuentro con una generación que nunca ha asistiendo a una de sus ‘ceremonias sonoras’, hablamos con Saúl Hernández y tratamos temas como la esperanza, el actual ecosistema digital de la música, las nuevas canciones y la necesidad de conectarse con la tierra.
 

Hablemos de la canción ‘Heridos’, el más reciente lanzamiento, ¿cuál ha sido el tránsito natural del sencillo tras 25 años sin presentar música nueva de la banda?

La canción ha tenido un recorrido independiente, empecemos por ahí; al principio sí fue apoyado por algunas radios en México pero creo que el respaldo más grande ha sido en los conciertos, ahí la canción es coreada por la gente, de una forma natural, sin una estructura detrás que mantenga la canción vigente; 'Heridos' se abrió camino por sí misma sin tener que presionar los medios.

Sigamos hablando del momento actual. Hace unos años mencionaste una posible producción audiovisual para contar la historia de Caifanes. ¿En qué va esa idea? ​

(Risas)… ¡La verdad está en pañales! No hemos concretado nada. La puerta está abierta. La realidad es que la gira nos ha absorbido; tenemos material de muchos conciertos y testimonios, pero creo que ahora lo que más nos llama la atención es grabar más música. Y eso lo vamos a concretar este año (2020). 

 

¿Eso significa que este año viene nuevo disco?  Porque hay una nueva generación atenta a ese posible álbum…  

¡No sé si vaya a ser un álbum! Porque este se ha vuelto un objeto relativo en la mecánica de escuchar música. Ahora con las plataformas digitales, la gente baja una canción pero difícilmente llega al final del disco; en conclusión, en este caso el orden de los factores no altera el producto, así que todo va hacia delante, sea con disco completo o sencillos. ¡No importa cómo! ¡El chiste es producir! ¡Hacer música! 

Y al respecto de las nuevas generaciones, noto que las conexiones son diferentes, la forma de vida es muy distinta, muy violenta, esta manera de sobrevivir está produciendo una lucha más complicada cada día; así que escribo para los jóvenes donde les digo que lo pueden logran, siempre y cuando tengan la credibilidad en sí mismos, esa fortaleza para luchar y confrontar lo que nos toca en la vida. 
 

Precisamente hablando de las generaciones y la lucha, todos tenemos referentes en los proyectos que se emprenden pero, ¿qué sucede cuando vos sos el referente y la influencia para muchos creadores? En ese sentido, ¿Cuáles son tus referentes hoy, de qué te alimentas para construir música y que la mirada del mundo no se agote?

Toda esta información fluye de una manera muy natural, te va llegando, pero conforme pasa el tiempo, empiezas a descubrir muchas maneras de información: cine, teatro, literatura… pero hay una más importante y es la propia vida; cuando vas creciendo vas entendiendo más ese laberinto y esa dinámica tan complicada y tan fácil que puede ser la vida. 

¿De qué te alimentas? Yo creo que de la lectura, de lo que por lo menos yo me siento a escribir, lo primero es retomar esa naturaleza pero con una ligera comprensión de lo que ahora tengo como ser humano. Y ahí es cuando entras en un momento de equilibrio, de tu vida, tus años, tu experiencia y la frescura, la rebeldía y la naturaleza de los jóvenes; comienzas a ser un alquimista y empiezas a mezclar la vida: sueños, anhelos, dolores tristezas… todos esos eventos, ¡y ahí comienzo a escribir! 

De hecho, acabo de terminar una canción que ya estamos ensayando y regreso a lo mismo, a una plática con los jóvenes: somos más fuertes de lo que nos podemos imaginar y hay que abordar esa fuerza en un camino de construcción para enfrentar todo lo que nos vaya viniendo, hoy o en el futuro.

En ese sentido, hoy el mundo demanda esperanza y un concierto de Caifanes resulta siendo eso, un eterno rito de alegría por la existencia; es como decir: esto es duro pero nos ponemos las botas y salimos adelante, ¿cómo transmitir la esperanza a través del sus recitales y el que ofrecerán en Medellín?

Estamos muy contentos de regresar a Colombia, sobre todo en estos momentos que necesitamos de apoyo mutuo. 

A mí me confunde mucho la música que está sonando por todas partes y que no provoca, no genera, no sacude el alma ni el intelecto, hay mucha misoginia, y cuando veo a los jóvenes creo que es como una falta de respeto a su intelecto ofrecerles algo que no está a su nivel; algunos medios de comunicación menosprecian mucho a la gente, porque el hecho de que sea comercial un género musical no quiere decir que sea bueno, es simplemente una explotación capitalista y comercial.  

Algunos medios de comunicación se pierden en este modelo capitalista y desvalorizan lo que la gente realmente quiere escuchar y, ahí, es donde entramos muchos de nosotros en esos  “huecos” y decimos: “¡Ey, momento!, te voy a vamos a mostrar cómo la gente canta, llora, vive, renace”. Así que cuidado, no todo lo que brilla es oro.

Ahí los conciertos son momentos de vida, rituales y ceremonias y Caifanes los va a defender hasta el día que estemos muertos, es nuestro elemento para compartir la realidad de nuestras vidas, ¡y a partir de ahí, que cada quien dé un paso a donde quiera! Pero que la esperanza no se pierda.

 

¿Cómo es la experiencia tuya con la música y la posibilidad de Internet?

Yo creo que la Internet deshumanizó el planeta; creo que es una herramienta práctica que puede resolver de momento muchas cosas, pero también creo que puede ser un arma mortal y que puede ser un vehículo de control y de dominio sobre las sociedades y el planeta; por eso, me quedo oliendo las flores, escribiendo en un papel las canciones, sigo tocando con mi guitarra acústica, sigo oliendo la tierra mojada y buscando a mi perro para darle un beso; busco ese amor con mi familia, es el refugio, sigo disfrutando el agua, sigo asustándome en la noche, es decir, quiero seguir siendo un ser humano, ¡Y ahí es que trato de mantener mi equilibrio con este mundo moderno donde todo es muy rápido y yo quiero tener mi propio tiempo! No quiero ir tan rápido; así que repito, sigo soñando en las noches y en los días. 

 

Para finalizar, ¿sentís todavía nervios, por ejemplo, al llegar a una ciudad como Medellín donde no tocan hace 25 años?

¡Claro que hay nervios! ¡Te lo aseguro! ¡Decir que no es una hipocresía! Por lo menos a nosotros sí nos produce nervios, energía, una sensación de espontaneidad tan grande que hace que vivas. ¡Nos ilusiona mucho estar en Medellín! ¡Y esperamos que sea otra ceremonia tatuada en el alma de todos nosotros! 

 

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