El Nuevo Pop Chileno: hacer música durante la dictadura de Pinochet

​Entrevistamos a Nicole Rojas y Eduardo Santos sobre su libro “Nuevo pop chileno: el sonido de una generación en llamas”.

Cada 11 de septiembre brota en la memoria el día en que Augusto Pinochet se tomó el poder, en 1973, y derrocó a Salvador Allende. Fue el inicio de un periodo donde la censura, la violencia y la tortura contra los opositores se convirtió en ley, trayendo consigo además numerosos asesinatos y desapariciones forzosas. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile, las víctimas de la dictadura superan las 40.000 personas.

En medio de este periodo, en la década de los años 80, nació en el país austral un movimiento musical polimorfo y multifacético denominado como el Nuevo Pop Chileno. Uno que, más que un género con un carácter unificado, pues entre su producción hubo rock, punk o new wave, se puede entender como una respuesta generacional a un contexto: a Pinochet, a otras manifestaciones culturales de la juventud como el Canto Nuevo, a los sonidos que llegaban de EEUU y Reino Unido. 

Se trataba de jóvenes que habían crecido en dictadura, que recibían las nuevas tendencias en pequeñas dosis por algunos programas de televisión, algunas apuestas de la radio, cortos textos en la prensa y el incontrolable voz a voz. Y con el furor propio de aquellos años buscaron hacerlas suyas y aplicarlas a lo que vivían: unos fueron más políticos que otros, unos más musicales que otros, pero en definitiva compartían un anhelo: ser jóvenes y usar el arte como una forma de meterse por las grietas de la represión y dejar su lugar en la historia.

Y lo hicieron. Por citar el ejemplo de siempre, no por eso menos contundente, aquel ladrido de perro que luego da paso al “El baile de los que sobran” se convirtió en un himno que ha ido saltando y siendo entonado en cada generación posterior -lo que también es señal de cómo se mantienen viejas deudas intactas en varios de los países latinoamericanos. 

Oías los consejos, los ojos en el profesor
Había tanto sol sobre las cabezas
Y no fue tan verdad, porque esos juegos, al final
Terminaron para otros con laureles y futuros
Y dejaron a mis amigos pateando piedras

A principios de este año vio la luz el libro Nuevo pop chileno: el sonido de una generación en llamas, de Nicole Paola Rojas Baquero y Eduardo Santos Galeano. Los periodistas reconstruyeron no solo la historia de este fenómeno musical, sino el contexto en el que surgió, tanto político como económico y cultural, para entregar un documento que nos pinta el panorama y la música de esos años. En Radiónica nos sentamos a conversar sobre lo que fue este fenómeno y escucharlo una vez más.

¿Que estaba sucediendo musicalmente en Chile previo al golpe de Pinochet?

Eduardo Santos: Antes había un movimiento de folcloristas liderado por Víctor Jara y Violeta Parra, que ideológicamente se casó con el proyecto de izquierda de Salvador Allende, a su vez parte de una manifestación política que venía gestándose en ese país desde décadas atrás. A esto se le llamó la Nueva Canción Chilena, que se estableció como uno de los fenómenos más populares entre jóvenes y adultos de la época. Muy latinoamericanista, casi siempre acústica y con un claro mensaje que rechazaba la derecha dominante mientras enaltecía la revolución y a figuras muy representativas como el Ché o Fidel Castro.

Nicole Rojas: Quisiera hacer énfasis en lo que se mencionaba: la Nueva Canción Chilena fue realmente importante dentro del proyecto político de Allende y de su Partido de la Unidad Popular. No solamente los apoyaban sino que hasta musicalizaron su proyecto político. No es gratuito que el líder de izquierda dijera en varias ocasiones “No hay revolución sin canciones”, agradeciéndole a músicos como Jara, Inti-Illimani, Illapu, Isabel y Ángel Parra -hijos de Violeta Parra-, entre otros.  En la investigación encontramos que, en 1970, la agrupación Inti-Illimani hizo Canto al programa, un álbum de estudio que musicalizó el Programa de Gobierno de Salvador Allende de una manera jocosa y fácil de entender. 

¿Qué giro dieron estas manifestaciones y cuáles surgieron?

Eduardo Santos: Llegó la dictadura en los 70 y lo que hizo fue borrar todas estas expresiones artísticas, que evidentemente estaban en contra del proyecto de ultraderecha que estaba imponiendo Pinochet. Sabemos lo que pasó con Victor Jara en el Estadio Chile, un acto simbólico y ejemplarizante para todos los artistas. Bandas como Inti-Illimani, los hijos de Violeta Parra o hasta Los Jaivas decidieron exiliarse, al igual que muchos chilenos que escaparon de la dictadura. 

En los años 70, quienes darían vida al nuevo pop chileno aún eran niños, básicamente. Es una época de cierre cultural que solo dejó canales muy concretos -incluyendo el viaje de algunos exiliados- por los que llegaron las vanguardias de EEUU y de UK, que también pasaron la censura por el idioma. 

En ese sentido, ¿qué es el Nuevo Pop Chileno y que lo caracteriza? ¿A qué busca responder?

Eduardo Santos: El Nuevo Pop Chileno fue un fenómeno cultural que surgió en los años 80 de estudiantes de colegio y universidad, la mayoría de clase media y alta de Santiago, que cobija varios sonidos. Compartían el rechazo a Pinochet, el deseo de hacer música, de viajar, pasarla bien… De ser jóvenes. 

Ahora, encontramos lecturas como la de Emiliano Aguayo, quien considera que, de cara a la ausencia de una escena de rock en Chile durante la dictadura, hubo una necesidad de la industria disquera de agruparlos y venderlos como un solo movimiento. Otras voces argumentan que tiene más que ver con los espacios donde sonaban. Al no ser muchos, en estos se entrelazaron los diferentes sonidos, imprimiendo cierta unidad de movimiento.

Nicole Rojas: Es importante entender esa energía de la juventud dentro de un contexto más amplio a nivel mundial. Ya en los años 60 y 70 esta había sido protagonista de importantes procesos sociopolíticos en diferentes lugares: el hippismo, las manifestaciones contra la Guerra de Vietnam, Mayo del 68, las Revueltas de Praga... Sucesos que si bien no fueron homogéneos, dentro de una visión amplia, terminaron de configurar esa rebeldía como un elemento generacional y de unos jóvenes que se cargaban el futuro en los hombros. 

Eduardo Santos: Nuestra investigación toma algunos géneros musicales de esos años: el punk, con bandas como los Sex Pistols, The Clash, Ramones o Buzzcocks; el New Wave con su estilo más bailable y el uso protagónico de sintetizadores con Blondie o Depeche Mode o incluso The Police que igual jugaba también con otras sonoridades del rock o incluso el reggae. Imaginense lo que fue la llegada de estos sonidos. Era una manera diferente de expresarse. Diferente y muy contemporánea, pero evidentemente estas juventudes no estaban en una dictadura como la de ellos, por lo que también hubo un ejercicio de apropiación de lo que escuchaban, de interpretarlo. 

¿Se puede entender el denominado pop chileno como una reacción a la dictadura?

Nicole Rojas: El Nuevo Pop Chileno no solo se apropió de un sonido de bandas extranjeras para insertarlo dentro del contexto de dictadura, sino que lo hizo parte de su identidad como jóvenes latinoamericanos. Fue un símbolo de resistencia contra el poder, pero también una respuesta a varios de sus pares generacionales. 

Eduardo Santos: Cuando reprimen la Nueva Canción Chilena surgió, como heredero, el Canto Nuevo, una primera respuesta musical frente a la dictadura y que básicamente era el otro movimiento contracultural de esta generación. Era más poético, más abstracto y se vio como la facción hippie de la juventud del momento. Ahí encontramos artistas como Santiago del Nuevo Extremo, Eduardo Gatti, Congreso, Barroco Andino, Schwenke & Nilo, entre otros. Por momentos, desde Nuevo Pop Chileno le lanzaba sus puyas. 

Nicole Rojas: Hay que decir que igual en el Nuevo Pop Chileno planteaba, así fuera tácitamente, un Chile sin represión, sin muertes y sin dictadura. En términos generales no se quedaba en el “No Futuro”, si no que se pensaba en un futuro distinto y mejor en el cual se pasara bien y se pudiera ser joven sin sufrir la realidad que estaban viviendo. 

Hablemos de algunos de los grupos de esta movida musical del Nuevo Pop Chileno

Eduardo Santos: Hablamos entonces de Los Prisioneros, una agrupación punta de lanza, la más comercial, la banda que sacó más hits, que pudo salir más de Chile y convertirse en un hito en Argentina, México o Colombia. Rompió fronteras y se convirtió en leyenda del rock latinoamericano. 

Nicole Rojas: Hay que mencionar también, por ejemplo, a Aparato Raro con una sonoridad más New Wave. Esta banda tiene una canción que se llama “Calibraciones”, que es muy icónica, crítica de la dictadura y con la que varios medios se autocensuraron cuando la fueron a sacar por televisión, porque en un momento decía “Se va a caer, se va a caer”, refiriéndose claramente a la dictadura. 

Eduardo Santos: Estaba Banda 69 que iba más por el estilo de Virus de Argentina. Quizás no era tan contestataria, la crítica social no estaba en su radar. Hacía parte más de un combo de bandas juveniles que querían divertirse y algún día sonar en radio. Que no está mal, era otra manera de responder a una ola juvenil que estaba pegando. Hay otra banda muy interesante que es Electrodomesticos, una banda de electrónica súper vanguardista, muy loca para su época. Creo que deberíamos escuchar más.

¿Era posible hacer punk en dictadura? 

Eduardo Santos: El fenómeno del punk es interesante. Se enfrasca dentro del pop chileno por ser la misma generación y porque podían compartir espacios, aunque eran mucho más contestatarios. Eran punkeros latinoamericanos que, como ocurrió en otros lugares, sufrieron la represión de una manera mucho más dura. Los miembros de los Pinochet Boys, banda fundacional chilena dentro de este género, nos contaban que los encañonaban en la calle solo por ir caminando. Y el rechazo venía tanto de las autoridades como de buena parte de la sociedad que no aceptaba su vestimenta. Eso hizo que no se pudiera desarrollar como otras caras del Nuevo Pop Chileno. 

Nicole Rojas: Igual no les interesaba tanto ser comerciales, simplemente querían un lugar donde tocar y cantar lo suyo, pero fue muy difícil. Quedaron en la memoria otros grupos como Zapatillas Rotas o Los Niños Mutantes, que eran más bien post punk. 

¿Cuáles fueron sus conclusiones en la investigación a al ahora de entender este fenómeno musical? 

Nicole Rojas: Es el sonido de una generación en llamas, como ponemos en el título. Es el hecho de crecer en una dictadura, de ser joven en los 80, pero con la constante figura de Pinochet. Y había ganas de decir algo frente al establecimiento, frente a lo que pasaba, frente a lo que veían. Así fueran de clase media o alta, que además les permitió tener instrumentos o acceso a los discos que los influenciaron. 

Eduardo Santos: La gran conclusión es que pese a todo el aparato de censura y de represión, se catalizó un movimiento muy áspero de resistencia desde su orilla. Una forma muy humana de resistir y sacar lo que se tiene adentro de una manera muy propia. 

Podrían darnos cinco canciones clave que representen el nuevo pop chileno y, muy brevemente, el porqué... 

“La voz de los ochenta” de Los Prisioneros. Es un manifiesto de lo que esperaban que iba a ser esa nueva década. Qué iba a ser de ellos, qué iba a pasar, un abrebocas.

“La música del general” de los Pinochet Boys. Basta con oír la letra, que son cuatro líneas, para entenderlo: le dicen a Pinochet, de frente, hijo de puta. 

“Calibraciones” de Aparato Raro, que ya mencionamos. Un himno tecno pop, como lo llamaban en aquel entonces en Chile. 

“Locos rayados” de Cinema. Cinema es otra de estas bandas más sintonizadas con Virus. Fue un tema exitoso en radio. No es contestatario, pero le dio mucha validez al movimiento.

“El baile de los que sobran”. Un himno. De esas canciones que ya se volvieron tan clásicas que la gente no se detiene a escuchar la letra. Habla del no futuro, de ser joven y no saber que hacer por la falta de oportunidades. Es un hit y es un testimonio super importante de la juventud en esos años. 

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