Foto tomada de Facebook

Cabaleta y el rock del presente

Este año el dúo colombiano estrenó un disco que anhelan poder tocar en vivo.

Fueron varios experimentos con la música, de aventurarse con varias bandas y hasta de agarrar maleta con alguna de estas para buscar un futuro. Guillermo Noriega y Felipe Barrios nunca dejaron de tocar sus instrumentos, pero sí guardaron durante algún tiempo el anhelo de estar sobre una tarima mientras consiguieron otros trabajos.

Luego, Noriega y Barrios se sentaron a hablar de música, de sus gustos, de lo mucho que extrañaban tocar con más gente. La complicidad y la sincronía fue tal que no necesitaron más gente, bastó con el bajo y la voz del primero y con la batería del segundo. Alquilaron un espacio y empezaron a hacer lo suyo. Así nació Cabaleta

Asentados en Miami, este dúo de colombianos inició una búsqueda sonora que revitaliza y moderniza la esencia más pura del rock. Recientemente estrenaron su disco homónimo que preciso cayó en pandemia, una situación que más que lamentos, trajo otras manera de festejar.

Hablamos con Felipe Barrios sobre su recorrido musical, Cabaleta, los deseos que tiene con la banda y el poder de ésta cuando suena en vivo.  

Cabaleta nace en 2018, pero ya había tenido una experiencia previa con otros grupos. Cuénteme un poco de lo que aprendió y de cómo esto perfiló el proyecto actual.

Guille y yo tuvimos bandas antes de empezar Cabaleta. Mi experiencia fue en el colegio, tuve varias bandas hasta que hice parte de una banda a la que le fue bastante bien. Con esta agrupación decidí no estudiar, no ir a la universidad, sino que nos fuimos a Los Ángeles a probar suerte. 

Al principio es muy difícil perseguir la música, porque siempre tienes a tu familia, a tus papás diciéndote que estudies. Yo les dije que me dejaran intentarlo y si no funcionaba me metía a estudiar. En Los Ángeles, por más que nos fue bien, no funcionó. Digamos que no llegamos a nada muy grande. Me metí a estudiar y abandoné la música por unos años.

A Guille le pasó algo similar. Estuvo en varias bandas hasta que en un punto vio que no ocurría nada y dejó la música. Cuando digo dejar la música no es que dejáramos de tocar nuestros instrumentos, sino de dejarlo como carrera. 

 

¿En qué momento se reencuentran?

Yo estaba estudiando y Guille estaba trabajando. Nunca habíamos tocado juntos pero a finales de 2017 nos encontramos y hablamos de lo mucho que nos hacía falta tocar con otros músicos. Alquilamos un espacio, como un garaje, para ir a jamear, como hobbie. Lo que empezó a salir nos derritió la cabeza porque nos dimos cuenta de que teníamos, y tenemos, gustos muy similares. 

A los dos nos gusta muchísimo el hard rock, bandas como Queens of the Stone Age, pero al mismo tiempo tenemos un lado mucho más pop, indie, donde nos encantan bandas como Zoé. 

 

¿Cómo fue esa búsqueda de identidad sonora en Cabaleta? 

Este proyecto ha sido diferente a todos los demás en los que he participado por la limitación de ser solo dos. Y uno de los dos es batería. Estamos limitados en lo que podemos hacer y eso se presta a que busquemos tocar todo lo posible como músicos porque hay mucho que rellenar. En una banda de tres músicos o más, a mi como baterista me pasaba que tenía que enfocarme mucho en tocar para la música y no tocar más de la cuenta. Pero en este proyecto como hay tanto espacio vacío se presta para que ambos nos podamos expresar libremente y es muy raro que se sature con demasiadas cosas. Eso es muy chévere. 

El sonido sucedió muy orgánico. No teníamos ni idea de cómo podía sonar una banda de dos porque hay muy pocas que hemos escuchado, por ejemplo Royal Blood o The White Stripes. Fue fácil no seguir un sonido establecido, como puede suceder con otras alineaciones donde lo que toques se va a parecer a algo. Lo que salió se convirtió en el sonido de Cabaleta. Nunca quisimos timonear mucho el barco, sino que evolucionara lentamente. 

Tuvieron listo el disco justo cuando llegó la pandemia, ¿cómo asumieron esto como banda?

Nos dio duro, pero básicamente fue la filosofía de adaptarse y sobrevivir. Cambió todos los planes. No necesariamente fue malo para nosotros sino que simplemente cambió todos los planes. Por suerte teníamos el disco grabado, entonces no teníamos que estar pensando en meternos a un estudio, en viajar para grabar ni nada por el estilo. 

El plan original era estrenar el disco completo y luego irnos de tour para promocionarlo. Ya teníamos programado ir a Bogotá en Mayo, por ejemplo. Cuando pasó todo esto nos recomendaron no estrenar todo el disco de una porque no lo íbamos a poder tocar y las redes se convertían en la única manera de llegar a los fans.

En este sentido la idea que nos dieron fue mandar canción por canción, mes por mes, hasta llegar al final del disco. Se esperaba que cuando termináramos este proceso ya todo hubiera acabado, pero desafortunadamente sigue, no sabemos cuándo vaya a acabar y nos dimos cuenta que los festivales grandes los programaron hasta después de junio de 2021. Estamos desesperados por volver a tocar, es la razón por la que hacemos esto y lo que motiva a la gente. 

 

¿Qué significa hacer rock en momentos donde la industria musical parece ir para otro lado?

Es algo que pensamos mucho. Me parece que los otros géneros hay que verlos como competencia. Creo que todo sube y baja: el rock tuvo décadas tan fuertes que es muy difícil que no haya nada nuevo. Creo que uno de los problemas que ha tenido el rock en los últimos 20 años es que hubo bandas tan grandes, tan geniales, que no solo los artistas sino que hasta el público vive mucho del ayer. De la nostalgia. Cualquier fan del rock al responder sobre su banda favorita te dice una que ya no existe. 

En el rock es más difícil innovar. Tenemos esa misión como artistas de no quedarnos en esa nostalgia de lo que ya fue,  no tener miedo de innovar. Es como caminar una cuerda floja. 

 

¿Cómo mantener el equilibrio en esa cuerda floja?

Una de las razones para empezar Cabaleta con Guille es que sentíamos que muchos artistas se iban para un lado u otro de esa cuerda floja. Por un lado esa nostalgia extrema, bandas que son copia de bandas que estuvieron, o bandas que se van del género completamente. Queríamos tratar de caminar esa cuerda floja. 

¿Cómo es su actividad en una ciudad como Miami? ¿Qué espacios hay para proyectos como Cabaleta?

Miami es una ciudad muy interesante porque nunca está quieta, en el sentido de que siempre está cambiando. Es difícil encontrar una cultura que no sea eso: el cambio, la mezcla. Un bar o una discoteca no está abierta más de dos años, todo abre, cierra, cambian los nombres. Eso hace que nos tengamos que adaptar a diferentes mercados, pero por la misma razón es difícil sobresalir en esta ciudad. Hay ciudades que son muy fuertes en ciertos géneros o en las que se pueden identificar escenas. Acá es como una sopa, hay buenos artistas de todos los géneros, pero no hay escenas. 

Nosotros nos sentimos saltando de pecera en pecera. No nos sentimos 100 % identificados con Miami, pero tampoco 100 % identificados con Bogotá, ni con ninguna otra ciudad o país. Nuestra vida ha sido eso.

 

Y según eso, dentro de ese movimiento y ese abanico, ¿qué público, qué oídos son los que quieren conquistar?

Creo que nuestra meta es llegar a la gente que le gusta el sonido que queremos crear. Me refiero a fans del rock, pero también a fans de cosas nuevas. Hay mucha gente que es rockera, pero que también les encanta el reguetón o el house. Entonces a veces creo que las bandas cometen ese error de declararle la guerra a los otros géneros y creo que no es el camino. Nos gustaría llegar a todo el mundo: a fanáticos del rock y gente que no. Y nos encantaría llegar a nuevas generaciones. Creo que lo estamos logrando. 

 

¿Cómo es un concierto en vivo de Cabaleta?

Es algo bien crudo. Es lo que tú escuchas en el disco, es eso, pero causa mucha impresión el hecho de que solo somos dos y siempre recibimos los mismos comentarios después de los shows, de no poder creer que todo ese sonido está saliendo de dos personas. Mucha gente al escuchar el disco cree que en la grabación metemos más cosas y se llevan una sorpresa en el en vivo. Es mucho de eso.

Y desde el punto de vista de nosotros es todo. Es la razón por la que siempre he querido ser músico, así me enamoré de la música, por los shows en vivo. Por esa energía, esa conversación entre el público y el artista siempre me ha parecido mágica. 

Es una descarga muy fuerte. Creo que es de las grandes virtudes de la música y de géneros pesados. Géneros como el rock que es un lugar al que puedes ir para descargarte. Es como una meditación muy bullosa.

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