Fútbol femenino: ¿qué ha cambiado?

Concluyó por tercer año consecutivo la liga de fútbol profesional femenina de Colombia. Con campeonas inéditas y un nuevo récord de asistencia.

Este año querían transformar la liga femenina en semiprofesional para menores de 23 años; ellas mismas evitaron lo que parecía inminente: ‘Más Fútbol, Menos Miedo’ era el lema que empezaba a convertirse en tendencia hace unos 7 meses. Las jugadoras salvaron –a pulso y por iniciativa propia- lo que era una inevitable desaparición de su liga a nivel profesional.

Durante todo este año y desde entonces, pasaron cosas. Colombia ganó el oro en fútbol femenino en los Panamericanos. Varias de sus jugadoras dieron el salto de calidad que merecían: equipos como el Atlético de Madrid, Sevilla y el AC Milán pusieron sus ojos en ellas y las convirtieron en jugadoras profesionales.

¿Qué significa esto? ¿Que gracias al fútbol pueden sostenerse económicamente sin depender de otros trabajos. En Colombia ocurre lo mismo? La respuesta es NO. Muchas jugadoras terminaron ‘en el aire’ tras su participación en el campeonato. 

Mientras equipos como América, DIM, Millonarios y Huila animaban la recta final del ‘fugaz’ fútbol femenino, jugadoras de otros equipos participantes –ya eliminadas del torneo- quedaron sin sustento ni seguridad social y se les terminó su contrato. Y estamos hablando de un campeonato que arrancó el 15 agosto y que finalizó el 30 de septiembre; ni dos meses duró.

Sí, todavía ocurre. El fútbol femenino en nuestro país ha dado resultados nacional e internacionalmente tanto a nivel de selección como a nivel de clubes. En lugar de evolucionar gracias a estos resultados, el fútbol femenino en Colombia se estanca o avanza poco. La responsabilidad es compartida: para realizar una liga femenina sostenible y duradera, se requiere de voluntad de los clubes, apoyo del sector privado, y una visión de proyecto seria, y que haga del fútbol femenino una liga aún más atractiva.

Nuestro fútbol femenino no puede dejar de desaprovechar la oportunidad de ser referente del continente. A nivel internacional nuestra selección registra dos participaciones en mundiales, otras dos en Juegos Olímpicos, y tienen Oro Panamericano. A nivel de clubes, un título en Copa Libertadores. Todo esto en un lapso de 9 años, desde el 2010 a la fecha. ¿Se imaginan cómo sería la cosa si al fútbol femenino le pusieran más atención?

Algo sí es cierto: La FIFA los puso a todos a marchar. Si no creaban ligas profesionales femeninas, los equipos masculinos terminarían impedidos para jugar Champions o Copa Libertadores. Equipos de la talla del Real Madrid, Boca y River por citar algunos ejemplos, aceptaron a regañadientes la decisión. En Colombia tuvimos la oportunidad de hacerlo por iniciativa propia y no fuimos capaces. Tuvieron que ser las mismas jugadoras las que armaran la revolución para seguir existiendo. 

Tal vez haga falta alguna maniobra de estimulación a la empresa privada para que se atreva a invertir en el fútbol femenino. Desde el gobierno se debería inventar algún tipo de beneficio tributario para que los patrocinadores se acerquen. Aquellos clubes que aún tengan vigentes a sus jugadoras, deberían promover partidos amistosos en lo que queda de 2019 y seguir dándoles a ellas visibilidad, continuidad y juego.

Hay mucho por hacer, sin duda. Se pasó raspando el 2019. Hubo campeonas inéditas –campañón del América de Cali- y un nuevo récord de asistencia al partido de vuelta de la final: 28.263 espectadores. Ojalá en el 2020 haya disposición de todas las partes para que las jugadoras colombianas tengan lo mínimo: ser reconocidas como profesionales ‘con todas las de la ley’.

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