El Deportivo Pereira volvió a la A y esta es la historia de uno de sus hinchas

Durante ocho años el Deportivo Pereira jugó por lograr entrar de nuevo a la primera división del fútbol profesional colombiano sin ningún éxito.

Cuando Delio Ramírez anotó el tercer gol al minuto 27 del partido, Juan David Ramírez Jaramillo, desde el apartamento en el que vive actualmente en Buenos Aires, Argentina, no podía dejar de gritar. La emoción que lo invadía era mucha, no era solo uno, ahora eran tres los goles que le aseguraban que su equipo del alma, el Deportivo Pereira, pasaría de la segunda a la primera división del fútbol profesional colombiano. 

Describir la pasión de los hinchas de fútbol es una tarea complicada, la adrenalina que dicen sentir cuando su equipo está en la cancha parece no tener comparación, es algo inefable.

Con el Deportivo Pereira las tristezas han sido más que las alegrías. El equipo, con 75 años de existencia, nunca ha alzado una copa y los intentos por lograrlo se vieron aún más atajados durante los últimos ocho años en los que el conjunto Matecaña no había podido ascender a la primera división. 

Pero la historia de Ramírez como hincha del Equipo inicia incluso desde antes de nacer. Su papá, Augusto Ramírez González, fue jugador en el equipo, unos años más tarde trabajó en la parte administrativa del mismo y también se anotó como fundador de la Copa Ciudad Pereira, por ende, en su casa y fuera de ella, siempre se portó la camiseta rojiamarilla, y para eso Ramírez nunca fue la excepción. 

Vivir de nuevo el ascenso de su equipo del alma era una sensación que venía añorando tiempo atrás y que pensó celebraría con su padre y en su tierra, pero ninguna de las dos cosas sucedieron. Don Augusto falleció, y por decisiones propias o por cuestiones del destino, su casa ahora no está en Pereira, sino en Buenos Aires. 

La fecha para el posible ascenso ya estaba anotada, 16 de noviembre: sería un domingo y Ramírez pasaría el día al lado de su novia, Tatiana Cárdenas, cerciorándose primero de tener una buena señal de internet, cosa que estaría fácil porque en su edificio sería el único que intentaría localizar una señal vía streaming para ver el partido, y segundo, pensando -de ser ganadores- en una celebración nunca antes vista en la ciudad porteña. 

A las 7:00 p.m. (Col), 9:00 p.m. (Arg), en el Estadio Metropolitano de techo en Bogotá arrancó el partido: Deportivo Pereira Vs Tigres. Ramírez, nervioso y frustrado desde la distancia no encontró un medio para ver el partido así que optó por abrir la página de La Furia Matecaña y escuchar la transmisión por radio online del grupo del periodista deportivo Marino Sánchez.

El primer gol llegó muy pronto, minuto 2:51, y Ramírez sin creerlo pero muy feliz, pidió al cielo fuerzas que no se fueran a complicar las cosas para el equipo. 

“El primer gol lo grité muchísimo. Abracé a Tatiana, y creo que los vecinos deben pensar que acá vive un loco porque grito cuando ningún equipo de Argentina juega. Fue un primer gol muy tranquilizante y empecé muy concentrado pendiente del partido”. 

La segunda anotación no se hizo esperar, minuto 18, la euforia de Ramírez creció y esta vez pudo ver el gol cortesía de su amigo Santiago Hernández, quien lo grabó desde su celular y se lo envió. De nuevo gritó y abrazó a Tatiana. El tercer gol llegó esta vez al minuto 27.

Ya mucho más tranquilo -el ascenso sería posible hasta con un empate- y ahora con tres goles a favor, Ramírez empezó a planear con su novia la celebración. La victoria y según los ánimos de los narradores que Ramírez escuchaba, era ahora un destino certero. 

El primer tiempo era historia. Ramírez y Tatiana terminaron de comer lo que habían preparado para la velada y planearon su celebración, una que justo se haría como celebra la hinchada en Buenos Aires: rodeando el Obelisco. Pidieron calma para el inicio del segundo tiempo y si veían que la ventaja era buena se irían antes de terminar el partido.

El cuarto gol fue un autogol en el minuto 68 y dos minutos después llegó el quinto y último por parte de los matecañas. En este momento Ramírez dio por hecho el ascenso de su equipo y la decisión de salir a celebrar como los grandes era ya una realidad.

“Quedaban 25 minutos de partido. Saqué otras dos camisetas del Pereira que tengo acá, más la que tenía puesta, y me fui con Tatiana. Arrancamos en un colectivo, me llevé unos audífonos y sintonicé la transmisión del partido en el celular hasta llegar al punto de celebración clásico de Buenos Aires”. 

Pero el trayecto del colectivo desde su casa hasta el punto de celebración tardó más que los 25 minutos que restaban del partido, por eso el pitazo final lo vivió en el colectivo donde no tuvo otra opción que empezar a llorar. 

“Lloré mucho. Todos en el colectivo me miraban raro, más por las dos camisetas que llevaban en las manos y la que tenía puesta que no se parecían a ninguna de algún equipo argentino. Pensé mucho en mi papá y en la alegría que habría sentido. Vivimos juntos el primer descenso del equipo en el 97, donde nos abrazamos y lloramos y así mismo vivimos juntos su ascenso en el 2000, que fue igual de emotivo. Había terminado el partido, el Pereira había ascendido, yo estaba llorando y la gente no entendía”. 

Al llegar al Obelisco, los dos se abrazaron y Ramírez empezó a gritar y cantar mientras iba voleando las camisetas que tenía en sus manos, aunque le habría gustado estar con su padre y en su casa, en Pereira.

Ese día durmió abrazando la camiseta del Pereira. Despertó al otro día, le escribió a su madre y hermana y recordaron juntos lo feliz que hubiese sido su padre, de nuevo el equipo de su vida estaba en la A. 

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