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La Copa América en tiempos de pandemia y orden público: ¿Una buena idea?

Debido a la coyuntura que atraviesa el país hay debates sobre la conveniencia de ser sede.

Las imágenes y sonidos de esta semana en los partidos por la Copa Libertadores hablaban por sí solas: aglomeraciones y protestas, bombas de estruendo y gases lacrimógenos que suspendieron momentáneamente los partidos, indicaban que algo pasaba en Colombia. Al menos, así lo vieron en Suramérica y diversas partes del mundo.

Esta vez el deporte más popular fue el vehículo para mostrar a nivel internacional lo que sucede en nuestro país. La semana anterior, los equipos colombianos tuvieron que jugar en otras naciones sus partidos en condición de local dada esta situación. Asunción, Lima, Guayaquil, recibieron a los nuestros debido a la coyuntura que se vive en Colombia. Pensaban los organizadores de la Copa que todo iba a cambiar a la semana siguiente. No fue así.

De acuerdo a declaraciones de Gonzalo Belloso, Secretario General Adjunto de la Conmebol, al diario Clarín en Argentina (7 de mayo), la decisión de mover los partidos de equipos colombianos a otros países la semana anterior tenía un fin, y era el de proteger la Copa América que se disputará en Colombia a partir del 14 de Junio:

“Hemos cambiado los partidos de esta semana que se jugaban allí por cuestiones de garantías y para no complicar las cosas porque en el caso de haber tenido problemas en estos partidos ya directamente se haría muy difícil jugar ahí la Copa América. Sería una mancha muy fuerte y un gran riesgo”.

La pelota se manchó esta semana en Barranquilla y Pereira. ¿Qué sucederá ahora? Luego del Consejo Directivo de la Conmebol del jueves, se tomó la decisión de ratificar a Colombia como sede, bajo un monitoreo constante y diario de la situación. El análisis para mantener a nuestro país como sede se basa en dos aspectos fundamentales para ellos: la planificación e inversión económica que desde 2020 se viene haciendo. Sin embargo, no anticiparon la coyuntura social que se vive en territorio colombiano desde hace un par de semanas atrás. 

¿Se puede jugar a la pelota bajo estas circunstancias? En medio del sufrimiento que jugadores de Junior y River Plate padecían producto de los gases lacrimógenos en el partido del miércoles, Diego Latorre, ex futbolista y comentarista de ESPN, manifestó: 

"Habría que preguntarse por qué el fútbol no tiene la sensibilidad de identificarse con lo que pasa fuera del estadio y con lo que vive el pueblo colombiano".

Una respuesta a este interrogante puede ser la determinación que tienen los organizadores por hacer cumplir el apretado calendario de competencias que diseñaron a principios de 2021. La fase de grupos de la Libertadores debe concluir sí o sí justo antes del arranque de la Copa América, evitando que se crucen estos dos torneos. Es decir, ir cumpliendo fechas, día a día, semana a semana.

Ahora que lograron -sin éxito- que los partidos se jugasen sin inconvenientes en materia de orden público, se agotan los argumentos de quienes están al frente de estos torneos; aparentemente hay en la organización un optimismo moderado de que todo puede mejorar con el paso de los días. 

Protagonistas del espectáculo opinan

Claramente uno de los focos de las miradas de la opinión pública está centrada en los futbolistas y entrenadores, quienes son los que en últimas entran a competir a un rectángulo de juego durante 90 minutos. Tal vez la opinión más resonante la ha dado Marcelo Gallardo entrenador de River Plate, equipo que jugó un accidentado partido ante Junior en medio de las protestas a las afueras del estadio Romelio Martínez:

“Si bien era un momento complejo, porque uno no se puede abstraer de lo que está pasando, nosotros sabíamos que íbamos a venir a jugar intentando que nos den las garantías necesarias porque no es normal venir a un partido en una situación tan inestable a través de lo que está viviendo el pueblo colombiano; no fue normal ni en la previa, ni durante el partido…no podemos mirar para otro lado”.

Por otra parte están las declaraciones, en ese mismo juego, de uno de los futbolistas colombianos de Junior FC, Didier Moreno

“Que juguemos no quiere decir que seamos ajenos, era nuestra obligación y compromiso jugar. Era un escenario difícil por todo lo que estamos viviendo pero había que jugar”.

Llegan las preguntas: ¿obligación y compromiso con quién? Seguramente con el equipo que les paga, total, es su trabajo; el objetivo era aprovechar la ventaja deportiva que les otorgaba el jugar como local en Barranquilla, recordemos que la jornada anterior Júnior fue ‘local’ en Guayaquil-Ecuador ante Fluminense y no les fue bien. Señalar y condenar a los futbolistas de Júnior, Atl. Nacional y América por presentarse a jugar no es lo correcto. Los actores primarios del espectáculo jugaron un papel secundario en esta situación.

¿Y los equipos? Se exponían a una fuerte sanción si no se presentaban: pérdida de puntos, multa económica y 5 años expulsados de la Libertadores. Por ello es que no causó extrañeza que poderosos e influyentes como River, Atl. Mineiro y Nacional de Uruguay también hayan accedido a jugar, a cumplir un calendario.

A nivel local, estas situaciones ocurridas en Barranquilla y Pereira por la Libertadores ya generaron reacciones. Mediante un comunicado de la Acolfutpro, los futbolistas profesionales de Colombia pidieron a los organizadores del fútbol en nuestro país abstenerse de programar partidos de primera y segunda división mientras continúen las manifestaciones y alteraciones del orden público en las principales ciudades. 

Entienden ellos que no hay garantías que salvaguarden su integridad física durante los juegos. Si Colombia pretendía acabar el campeonato de fútbol antes de la realización de la Copa América, difícilmente lo va a lograr, o con lo justo lo hará, claro, si se juega el FPC en el futuro próximo.

El foco de las protestas y disturbios se centró en el más pasional de los deportes. Diversos eventos en nuestro país se han disputado sin problemas: salvo uno o dos aplazamientos por orden público en Cali, la Liga Profesional de Baloncesto se desarrolla con normalidad. El Ránking Mundial de Tiro con Arco en Medellín se disputó sin inconvenientes, y de momento el Panamericano, Iberoamericano y Clasificatorio a Juegos Olímpicos de Levantamiento de Pesas –también en Cali- se desarrolla según lo planificado.

Nadie está en capacidad de asegurar que para cuando ruede la pelota el 13 de junio en Buenos Aires y el 14 en Barranquilla, el orden público se haya restablecido por completo (en el caso de Colombia) y la pandemia ceda un poco a nivel nacional (en el caso de Argentina). La apuesta de los organizadores de la Copa América es tan clara como arriesgada: el torneo se mantiene y se hace, con o sin público en las tribunas, e independientemente de la incertidumbre que se cierne sobre su desarrollo tanto en territorio gaucho como en nuestro país. 

Bajo el contexto del COVID-19 Conmebol tiene planificado inmunizar a jugadores, entrenadores y demás personas involucradas, a finales de mayo y principios de junio para que puedan participar en la Copa América, gracias a la donación de 50.000 dosis por parte de Sinovac. Pero evitar aglomeraciones de aficionados y público en general es algo que está lejos de su alcance y corresponde más a las alcaldías y gobiernos locales. Un reto más.

Quedan dos semanas de Copa Libertadores, con apenas dos partidos en suelo colombiano en el horizonte: América vs Dep. La Guaira (19 de mayo) y Santa Fe vs Junior (25 de mayo). Puede ser manejable (no sería raro que cambien de país estos juegos), y puede ser que las condiciones en Colombia cambien o mejoren un poco. Sólo con el paso de los días se sabrá. Sin embargo, hay un juego del que poco se habla y que está a la vuelta de la esquina: Colombia vs Argentina por las clasificatorias al mundial que debe disputarse el 8 de junio en Barranquilla. 

Sin embargo, Conmebol tiene un plan B. Cancelar la Copa no es una opción. En Chile, por ejemplo, MinDeporte y MinInterior afirmaron estar listos a recibir el torneo si se llega a presentar el escenario, algo que difícilmente hubieran podido organizar durante el estallido social de 2019. 

¿Ha sucedido antes que un torneo deportivo se realice en medio de una profunda crisis social y de orden público de carácter local? La respuesta es sí: Mundial de Argentina en 1978, Mundial de Sudáfrica 2010, Mundial de Brasil 2014 y Juegos Olímpicos de Río 2016. Sin embargo, esto no significa que Colombia, en medio de la situación, esté en capacidad de hacerlo, y que sea correcto además. La hoja de ruta de los organizadores de la Copa América, parece, da a entender que sí es posible, pero para que ello ocurra tendrán que trabajar horas extra en rediseñar aspectos logísticos y de seguridad.

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