'Regreso a Montauk': Una banal historia de amor imposible

'Regreso a Montauk' ya está en carteleras de cine. Volker Schlöndorff, director, se la dedicó al fallecido escritor suizo Max Frisch, su amigo.

¿Hemos hecho todos algo en la vida que sabemos estuvo mal? ¿No hicimos algo que debimos haber hecho y seguimos lamentándonos? ¿Importa todo ello o jamás importará? 

"Es fácil decir que no importa porque lo hecho hecho está. Pero sí importa. Es lo único que importa. Todo lo demás no tiene la menor importancia." 

A Max Zorn, personaje principal de la nueva película de Volker Schlöndorff, le importa. Escribió un libro sobre la historia de un amor fallido que busca a su regreso a Nueva York, esperando no sea demasiado tarde. 

Regreso a Montauk (Rückkehr nach Montauk, 2017) está en cartelera nacional esta semana, y quizá muchos vayan a verla por el nombre de su director, ganador del Óscar a la mejor película de habla no inglesa y la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes por El tambor de hojalata (1979), y considerado junto a Fassbinder o Herzog, como uno de los nombres indispensables del llamado "nuevo cine alemán".

Regreso a Montauk va de Berlín a Nueva York, y ubica a Max Zorn (Stellan Skarsgård) entre Rebeca (Nina Hoss) y Clara (Susanne Wolff). Un amor del pasado aparentemente imposible y un presente cargado de clichés, esos tan explorados en la recreación cinematográfica del universo literario, lleno de miedos relacionados a las banalidades, a los dramas sin sentido y las burdas invenciones de los escritores. La película no va más allá de eso que promete, es un drama sin lágrimas, con textos aparentemente profundos y un ritmo contemplativo. Las intepretaciones son buenas, luchan por sacar la historia adelante, pero ésta no da para más. 

 

 

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