Loving Vincent: una película sofisticada, un trabajo monumental

Las cartas que Vincent van Gogh le escribió a su hermano Theo son y fueron la base de Loving Vincent (2017), el primer largometraje pintado al óleo, una película histórica desde su concepción hasta su realización.

Escrita y dirigida por Dorota Kobiela y Hugh WelchmanLoving Vincent (2017) más allá de ser un homenaje a las obras de Vincent van Gogh, es un relato que entre la realidad y la ficción construye la historia de un hombre que habló a través de sus cuadros.

Esta película es un clásico instantáneo, es un clásico desde antes de haber llegado al cine, pues es la primera animación pintada a mano y con técnica al óleo en los casi 122 años de la historia cinematográfica, y el protagonista es Vincent van Gogh, quien sólo vendió uno de sus cuadros en vida y se referió a sí mismo de la siguiente manera en una de sus cartas:

¿Quién soy yo en los ojos de los demás? Nadie. Un fantasma, alguien desagradable. Alguien que no tiene, ni tendrá, algún lugar en la sociedad. En pocas palabras, lo más bajo de lo bajo. Bueno, pues, aunque eso sea la absoluta verdad, algún día quiero mostrar, por mi trabajo, lo que este nadie, este fantasma, tiene en su corazón

Y en la película Vincent sigue siendo un fantasma, uno que se cuenta a través de cartas y pinturas, uno que a los 127 años de haber muerto  agotó taquillas y no con una historia cualquiera, una inspirada en sus cartas y en sus obras, una que convocó a más de 100 artistas para hacer con precisión los 62.450 cuadros animados bajo la técnica stop-motion, a 12 cuadros por segundo. 

Loving Vincent (2017) es una obra única, técnicamente lo es hasta la fecha, una pieza cuidada segundo a segundo, cuadro a cuadro. No por ello perfecta; durante siete años, Kobiela y Welchman se dedicaron a crear, con ojo clínico, un largometraje en el que cada cuadro es una pintura aislada a la que luego se debía inyectar movimiento recreando las sesibilidades de cada personaje, todos protagonistas de las obras de Van Gohg: el doctor Gachet (Jerome Flynn), Louise Chevalier (Helen McCrory), Joseph Roulin (Chris O’Dowd), Adeline Ravoux (Eleanor Tomlinson) y Marguerite Gachet (Saoirse Ronan), todos y cada uno inmejorablemente reencarnados, sin duda el casting de esta película es otra de esas tantas cosas que la hacen asombrosa, una selección atinada cuya rigurosidad se evidencia en los créditos finales. El problema radica en otro aspecto, la historia. 

Loving Vincent (2017) se situada un año después de la muerte del pintor, cuenta la historia de Vincent Van Gogh con 800 cartas y 120 pinturas como base. El filme se divide en dos tipos de imágenes, a color y blanco y negro, en las primeras se cuenta el presente de la historia y las segundas son usadas como un recurso atemporal que cuanta los recuerdos del artista, esta decisión no sólo rompe con las estética de la obra sino que pone en evidencia un problema de la historia: Armand Roulin (Douglas Booth), el hijo del cartero de cabecera del pintor, es el encargado de trasladar la correspondencia entre Van Gogh y su hermano Theo, pese a una negación inicial, el chico, casi que protagonista de la película, es enviado por su padre a entregar la última carta escrita al hermano menor del genio, sin embargo, su misión se convierte en una investigación casi que policial para descifrar con sigilo, los acontecimientos que rodearon los últimos días de vida del 'misterioso' Van Gogh, un loco incomprendido de triste reputación.

Sí parece el hijo del cartero el protagonista de la historia, él se pasea entre el presente y el pasado especulando sobre las realidades de Van Gogh, buscando respuestas a preguntas suyas que no son las del espectador, desarrollando una historia que a medida que avanza se hace más floja e inconsistente, con una trama anecdótica entre personajes que dificilmente desarrolla el filme; sin embaro entre tanta perfección visual, estética y sonora (Clint Mansell), es imposible no salir de sala y echarle flores a la película, sin duda Loving Vincent (2017) nos enamora a todos del artista y lo hace a través sus pinturas, evocando sus palabras: “sólo podemos hablar a través de nuestros cuadros”. 

 

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