Imágenes tomadas de Facebook: Julia Solomonoff

[Entrevista] Julia Solomonoff habla de su nueva película, 'Nadie nos mira'

Desde hoy, 5 de julio, está en salas colombianas la nueva película de la argentina Julia Solomonoff, hablamos con ella sobre su tercer largo.

¿Ya conocían ustedes a Julia Solomonoff? Hermanas (2005), El último verano de la Boyita (2009) y la recién estrenada Nadie nos mira (2017) integran su filmografía. Y ésta última sin tener como tema central la migración, lo aborda, pero desde un punto de vista más bien lejos de lo político, lo social y lo económico. La película en sí tiene que ver mucho con ella como directora, con historias personales o relatos contados por gente cercana a ella en medio de su experiencia como argentina en Nueva York, cineasta y profesora, madre e inmigrante, un 'estatus'  que no sólo tiene que ver asuntos de papeles y burocracias, uno que Julia aborda más desde una perspectiva de identidad: "¿Quién es uno cuando está fuera de su lugar?"

Nadie nos mira (2017) es un drama personal de un actor de telenovelas argentinas afamado en su país natal que decide -tras una ruptura amorosa- huir a Nueva York confiado en que su talento será necesario para encontrar en la gran manzana un lugar en donde destacar desde su profesión; pero para Nico, interpretado magistralmente por Guillermo Pfening (Mejor actor en el Festival de Tribeca) la realidad es opuesta a su deseo, él gana más dinero como niñero, mesero y limpiador de pisos turísticos que como actor, y eso lo atormenta, en ocasiones lo avergüenza. 
 

El miedo al fracaso, ¿Qué tanto hay de esto alrededor de la construcción de tu historia y el personaje que la protagoniza?

Estamos en un momento muy particular de la sociedad (creo también que ha existido siempre) pero hay como una tendencia a exacerbar una idea de éxito y de proyectar una imagen exitosa, y los actores son particularmente sensibles a eso, el personaje de Nico es un actor y además la ciudad de Nueva York también genera una especie de presión extra, la idea es que si alguien viene acá viene a triunfar. La película también habla de esa idea del triunfo casi exhibicionista y la contrapone con otra idea que para mí es muy importante, la del crecimiento, la del crecimiento creativo o la de tener una comunidad, la de crecer con otra gente, y que no es necesariamente la manera más vistosa del éxito, pero para mí es la manera más valiosa de crecer creativamente. Yo trabajo en un arte netamente colaborativo pero que también tiene ciertas aristas de glamour y cierta expectativa de éxito, para mí era interesante hablar un poco de eso.

¿Cómo ha funcionado tu experiencia de salir a hacer cine lejos de tu país? En Colombia por ejemplo hay una tendencia de realizadores que contrario a eso de irse para 'hacer' está pasando que han decidido internarse en lugares al interior del territorio y hacer desde ahí…

Yo celebro eso del cine colombiano, me parece que se está haciendo un cine muy interesante y con mucha identidad, y de eso también habla para mí Nadie nos mira, de decir ‘bueno, a veces uno tiene mas lugares’, pero creo que el cine requiere mucho de cierta identidad cultural y aunque a veces es muy tentadora la idea de Hollywood, para mí es importante hacer un cine que tenga una identidad fuerte, y aún cuando la identidad sea una mezcla me parece muy importante mantener una mirada propia. 

Colombia ha pasado por situaciones de mucha violencia y de mucho trauma, por eso me parece fuertísimo el proceso por el que pasan ahora de un cine con una identidad y un autodescubrimiento tan fuerte, me parece un momento muy rico creativamente y colectivamente para Colombia.

¿En qué consiste para ti esa búsqueda de identidad de la que hablas? Por ejemplo en tu cine… ¿Qué identifica tus historias?

Es como un poco misterioso todo el proceso de creación, porque uno no sabe de qué va hablar hasta que lo hace, uno empieza con preguntas… Cuando hice por ejemplo Hermanas (2005), para mí tenía que ver con un proceso de reparación, es una película que habla de la dictadura Argentina y de la sociedad civil durante la dictadura. Y yo no tenía como una especie de programa de lo que quería contar exactamente, claramente había trabajado mucho el guión,  pero lo que es muy misterioso en todo esto es que uno va descubriendo a medida que va haciendo el por qué.

En el caso de El último verano de la Boyita (2009) se puede decir que es una película que habla de la identidad de género pero también de los medios rurales y urbanos, y de cierto descubrimiento de la propia identidad y de la identidad del otro. A mí lo que realmente me llevó a hacer esa película fue preguntarme por cuál es realmente la diferencia entre un niño y una niña, cuánto de lo que nos han enseñado es cierto y cuánto falta por descubrir, esa curiosidad fue la que me llevó a hacer la película.

Y en el caso de Nadie nos mira (2018), más que tener una especie de programa tenía una pregunta: ¿Quién es uno cuando se está fuera de su lugar? Cuánto de la identidad nuestra como latinoamericanos, como mujer o como hombre, como homosexuales o heterosexuales, como creadores o como intérpretes, se moldea o se altera cuando salimos de nuestro lugar y estamos en uno donde no nos reconocen, y cuánto de esa identidad se gana o se pierde en medio de esos cambios.

Mi hipótesis era que yo siento que nosotros los seres humanos somos como esponjas, absorbemos mucho del medio en el que estamos y nos nutrimos mucho de ese medio, y cuando no nos nutre es como una esponja seca, el volumen es mucho menor, la función es mucho menor y la textura es muy diferente; entonces hay que entender que trabajamos en función de los otros y en función de los estímulos de los otros.  

Hablas de que somos esponjas y creo yo que puede funcionar también así la construcción de personajes: tú escribes el personaje, lo construyes con características que vas observando en otros, pero cuando llega el personaje que le dará vida también hay ahí un proceso de transformación y absorción del actor que es finalmente quien le da vida… ¿Cómo fue ese proceso con Guillermo Pfening?

Eso que hablas ocurrió en Nadie nos mira porque yo escribí el personaje de Nico pensando en Guillermo, ya nos conocíamos, él había hecho un papel muy pequeño en mi película anterior (El último verano de la Boyita) y cuando empecé a escribir esto ya empezaba a imaginarlo a él. Está bueno pensarlo también como esponjas. Yo ahora estoy escribiendo una nueva película y no sé si los actores que me imagino van a ser los actores, pero ya poder darles una cara, una gestualidad, un tono, me ayuda mucho a escribir, entonces es raro porque uno está escribiendo un personaje pero a la vez escribe la actuación.

En esa búsqueda del quién es uno y estar lejos del lugar que nos identifica -sin decir que solo los lugares nos identifican- ¿Cómo te defines tú como realizadora en este punto de tu vida y tu carrera cinematográfica?

Yo me siento una realizadora latinoamericana, no me siento una realizadora de ningún otro lugar; más allá de que esté viviendo fuera de Latinoamérica, siento que mi conexión es con el cine latinoamericano, que lo conozco bien, que tengo la suerte de haber participado también como productora en películas que me enorgullecen mucho.

Esta es mi identidad, una directora mujer, latinoamericana, viviendo fuera de mi lugar, cosa que yo creo que me da aveces una perspectiva interesante sobre ciertas cosas, pero muy conectada con el cine de Latinoamérica, pero al mismo tiempo por primera vez estoy escribiendo una historia latina más norteamericana, que será mi próxima película.


Julia Solomonoff y Guillermo Pfening

Cinco películas (favoritas) Argentinas

 

1. La casa del ángel (1957) de Leopoldo Torre Nilsson

2. Invasión (1969) de Hugo Santiago

3. Soñar, soñar (1976) de Leonardo Favio

4. Yo, la Peor de Todas (1990) de María Luisa Bemberg

5. La Ciénaga (2001) de Lucrecia Martel

 

Realizadores argentinos para seguirles la pista

Matías Piñeiro (Todos mienten. Viola. La princesa de Francia)

Agustina Comedi (El silencio es un cuerpo que cae)

Albertina (Urgente. La Rabia. Carri Cuatreros)

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