Narcos, Netflix.

Sobre lo "real" en las historias de ficción

¿Hasta donde la realidad se puede conservar tal cual en una ficción? Una conversación alrededor de series y películas en el Festival Gabo, en Medellín.

Una persona pasa, en promedio, 168 minutos consumiendo contenidos televisivos al día, según un estudio de la agencia digital Zenith. Eso habla de casi 3 horas de TV, sin contar con lo que sucede desde las plataformas de streaming de video (Netflix, HBO Go o Amazon Prime), que según la Comisión de Regulación de las Comunicaciones (CRC), en Colombia llega al 17 % de los hogares en 2018. Hay, sin duda, una gran pantalla para los contenidos.

Si bien parte de los contenidos pueden ser informativos, gran parte de ellos están orientados hacia la ficción, películas, series y -en el caso colombiano- telenovelas. Algunas de ellas hablan totalmente de cosas que parten de la creación de algunos guionistas y productores. Pero qué pasa con las que hablan de una realidad presente o pasada.

Este fue el foco de una de las conversaciones en el Festival Gabo, que reunió a creadores audiovisuales y periodistas para reflexionar en torno a esa línea tan delgada que está separando los hechos reales de las “licencias creativas” que se pueden dar a la hora de adaptar una historia para la televisión (sea análoga o digital) y cine. En la discusión participaron Juana Uribe (Colombia), vicepresidente de contenidos de Canal Caracol; Jorge Carrión (España), periodista, crítico de televisión y escritor; y Diego Osorno (México), periodista y realizador de documentales. Aquí algunas de sus reflexiones.

 

¿Cuándo comenzamos a hablar de realidad en nuestras ficciones?

En el cine, podríamos hablar que desde su mismo origen, pero en la televisión colombiana ese origen se remonta a la década de los 80 con series como Revivamos nuestra historia (1979) y Don Chinche (1982 – 1989), en el contexto de la televisión regional la serie antioqueña Muchachos a lo bien (1993 - 1998) y la caleña Rostros y rastros (1998 – 2001) contaron también historias inéditas totalmente tomadas de los contextos urbanos y rurales con pinceladas de realidad. Esto buscaba aprovechar algo valioso, que describe Juana Uribe: “Cuando uno le dice al público que algo está basado en hechos reales, hay una credibilidad en el público distinta a cuando se dice que todo es ficción, porque toca ganársela desde la historia”. Lo importante aquí, más que contar una realidad tal cual reproducida, era contar el espíritu del momento. 

Más adelante, ya entrando a este siglo, comenzaron a contarse historias reales, hablando de hechos reales desde la perspectiva de la ficción: “Lo que hemos hecho es aprovechar (la posibilidad de llevar a la pantalla) la vida de uno para contar otros temas que queremos contar. Esa es una enorme oportunidad y el público entiende qué es ficción, qué es realidad, y lo agradece” agrega Juana Uribe.

Pero para que eso sucediera, en la perspectiva de Juana Uribe, tuvo que existir una “pérdida de pudor” al momento de hablar con nombres propios y que hechos exactos contaran la realidad desde la ficción, logrando revestir las historias de un valor adicional. En España no ocurre según Jorge Carrión, ya que aún no se atreven a denunciar con nombres propios los hechos de la realidad (ya sea pasada o presente) en el momento que deciden adaptarlos a ficción, y en las pocas ocasiones que lo han intentado vienen demandas y problemas legales.
 

¿Por qué son tan exitosas las series que hablan de la realidad?

Seguro muchos se han preguntado cuál es el sentido que puede tener ver la serie o la película de la historia que ya se conoce, con casos puntuales como las historias de Pablo Escobar (Escobar, el patrón del mal, 2012) y El chapo (2017-2018). Para el periodista Jorge Carrión esto se puede explicar de la siguiente forma: “Estamos en la época en la que el público tiene un interés en lo veraz porque es reconocible. Si tú planteas un mundo de ficción tienes que educar a tu espectador en unas reglas, unos personajes y una mitología nueva, en cambio si partes de Pablo Escobar, El Chapo o la Guerra civil española automáticamente hay un mínimo interés inicial que puede salvar una primera temporada con una audiencia que permita la renovación” 

Según Juana Uribe, lo importante a la hora de contar realidad desde la ficción es “poder llevar de la mano a la gente a contarle una historia y hacerla universal”. Este es el caso de la serie Bolívar, que está actualmente en pantalla, ya que durante el tiempo que lleva al aire de la serie, Simón Bolívar ha estado diariamente entre las diez búsquedas más populares en plataformas como Wikipedia.

Si todo, incluyendo la ficción más fantasiosa, tiene una base de realidad, ¿cuál es la diferencia entre lo uno y lo otro?​

Desde la perspectiva de Jorge Carrión, “Hay un patrimonio compartido, una identidad y unos hechos entre el creador y el espectador. Cuanto más te alejas de esa constelación, más ficcionalizas, y más difícil es que el lector o espectador te conozca”. Aunque las series cuenten historias de ficción, su marco contextual está retratado en la realidad de una época y un territorio, casos como las series Mad Men con la década de los 60 y 70 en Estados Unidos, y The Americans en la década de los 80 y el marco de la Guerra fría son muestras de ello: “Jugando con lo fantástico y lo real a partir de la identificación y del reconocimiento (de espacios y de contextos), creo que hay allí un juego más interesante que no el mero realismo clásico", agrega Carrión.

No podemos olvidar que la realidad mirada desde la ficción es una combinación del qué pasó con especulaciones acerca de cómo sucedió, lo que puede involucrar creación de personajes que ayuden a contar la historia. Estas adaptaciones no se preocupan tanto en contar tal cual los detalles, sino en exponer contextos que gocen de credibilidad para entender de dónde vienen las cosas.

Hacia el futuro, en palabras de Juana Uribe, “El reto es contar las historias de una manera más original, tener el ojo para identificar la novedad, la diferencia”.

Finalmente, algo clave para zanjar la discusión eterna entre la falta de exactitud exagerada de los contenidos de ficción cuando aluden a historias reales: no se puede perder de vista que, por más hechos reales que involucre, la ficción sigue siendo ficción.

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