“Pieces of a woman”: el calvario de una pérdida

Una película entrañable, visceral y conmovedora.

La primera parte de esta película estrenada en septiembre del año pasado en el Festival Internacional de Cine de Venecia, el pasado 7 de enero en Netflix y que tiene como productor ejecutivo a Martin Scorsese, está compuesta por 24 minutos lacerantes. En un plano secuencia el director húngaro Kornel Mundruczo relata la escena del parto casero de Martha (Vanessa Kirby) en compañía de Sean, su pareja (Shia LaBeouf). 

Cuando la partera escogida por la pareja tiene que enviar a una sustituta, la situación empieza a tornarse tensa. Y aunque la nueva doula destila parsimonia, lo que siguen son instantes desgarradores. Lo que estaba planeado para ser una ceremonia alrededor del nacimiento, se convierte rápida e inesperadamente en un agudo drama intensificado por la espectacular actuación de Vanessa Kirby que obliga al espectador a entrar en ese umbral de dolor y desesperación. 

De repente la mujer a punto de parir se transforma en un animal embriagado de dolor y su mirada permite augurar que algo no está bien. Mientras los gritos de dolor se vuelven más estridentes y las gotas de sangre marcan el inicio de una tragedia, su pareja va de un lado a otro, no hay mucho más que él pueda hacer. Por otro lado la partera, en un comienzo sosegada, empieza a quebrarse frente a la imposibilidad de ser el puente entre ese ser y la vida. 

Es una escena visceral, de esas que se queda dando vueltas en la cabeza incluso días después de haber visto el filme. 

Sin entrar a describir el desenlace de esta secuencia, lo que sigue en la película es el desvanecimiento de una pareja, de una mujer. La narración nos arrastra por la cotidianidad de Martha después del suceso y como, sin siquiera quererlo, empieza a rearmar los fragmentos de su vida con pequeñas acciones. La obsesión con cosechar semillas de manzana se puede asimilar con el deseo de verse a sí misma como un ser capaz de dar vida. 

Mientras atraviesa ese proceso, tiene que lidiar con la relación con su pareja, su madre, su trabajo, el juicio mediático al que se enfrenta la partera por negligencia y, en general, con cada detalle que le recuerda que su vida ha cambiado completamente. Sin embargo, no se le ve llorando, quejándose, simplemente se le ve existiendo, eso sí con una carga intangible que se detecta fácilmente. 

Además de ser una película sobre la pérdida y el resquebrajamiento del cuerpo y alma de una mujer, el filme, que está basado en una experiencia real del director y la guionista Kata Weber, pone también la lupa en la discusión sobre la eterna disputa de los partos caseros y los medicalizados. Al final el discurso de Martha en el tribunal da visos de la postura sobre el tema. 

Es una película entrañable. La crítica ha aclamado la actuación de Kirby y ha apuntado que si bien la película está respaldada por la magnitud de esa escena inicial, empieza a perder intensidad. Sin embargo, puede que esa pérdida de vehemencia en la cinta sea precisamente una comparación con la vida después de un suceso de esta índole. ¿Cómo puede la vida tener el mismo vigor? ¿Cómo no sumirse en un espiral de contemplación, reflexión y decepción?  

 

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