Pavarotti la voz, el hombre, el drama, la leyenda

Ron Howard crea una ópera cinematográfica a partir de la vida del personaje y lleva el sonido a nuevas dimensiones. En salas de cine colombianas.

Luciano Pavarotti nació en Módena (Italia) en 1935, hijo de un padre panadero y tenor aficionado. Cuando niño, quedó hipnotizado por la voz de su padre y luego por la de su ídolo: el gran tenor italiano Enrico Caruso. Durante toda su infancia cantó, pero nadie previó que sus modestos comienzos como maestro de escuela primaria darían un vuelco hasta llevarlo a los escenarios de todo el mundo a trabajar con los más grandes músicos vivos y a eternizar su nombre en el universo de la ópera. O más allá de cualquier género musical. 

La razón es clara para cualquiera que lo haya escuchado: el tenor más célebre del siglo XX poseía una de las voces más épicas y uno de los corazones más expresivos de la historia musical, y se acercó a todo tipo de música y de artistas. Eso queda evidenciado en Pavarotti (2019), del director Ron Howard (A Beautiful Mind), que narra la vida del extraordinario tenor como nunca se había hecho: en un plano íntimo que profundiza en la gloria de su música y en el ardor de su carisma para desvelar sus luchas personales, su sentido del humor y sus esperanzas.

Pavarotti (2019) es la tercera creación de una serie que Howard ha dirigido con el fin de explorar las vidas de superestrellas musicales. Antes fueron The Beatles: Eight Days a Week The Touring Years (2016) Made In America (2013), que recorrió los bastidores del festival de música creado por Jay-Z

El ganador del Oscar, que además de director es también productor, ha sido considerado uno de los directores más brillantes de su generación gracias a dramas como Apolo 13 (1995), Una mente brillante (2001)El luchador (2005), Frost vs. Nixon (2008) y Rush (2013).

En esta ocasión, Howard se centra en la tensión de Pavarotti: un personaje alegre que disfrutaba de la vida con humildad, y luchaba contra las complejidades del estrellato y las relaciones turbulentas, matizado por su empeño constante de utilizar su voz para ayudar a otros. El director intercala grabaciones de Pavarotti con entrevistas a su familia, así como de colegas suyos junto con imágenes inéditas y un sonido Dolby Atmos de última generación para ofrecer una mirada completa a la historia de un hombre de pueblo que emprendió un viaje meteórico a la cima de la fama.

“Aprendí que una de las metas más ambiciosas de Pavarotti era expandir el alcance de su arte para que más gente se enamorara de la ópera. Una y otra vez se esforzó, ya fuera enseñando o viajando al corazón de Estados Unidos o a China, para acercar a la gente a la ópera. Tengo la esperanza de que nuestro documental ayude a continuar ese trabajo de llevar la belleza a la mayor cantidad de gente posible en el mundo”, asegura Howard.

Para darle la humanidad que quería a su obra, Howard trajo al mismo equipo de cineastas con el que trabajó en Eight Days a Week: los productores Sinclair y Brian Grazer, a los que se unieron Michael Rosenberg y Jeanne Elfant Festa, el escritor Mark Monroe, el editor Paul Crowder y el mezclador de sonido Chris Jenkins, tres veces ganador del Oscar (Mad Max: furia en el camino, El último de los mohicanos, África mía); él fue quien unió la tecnología multidimensional de sonido Dolby Atmos con la genialidad vocal de Pavarotti en los legendarios estudios Abbey Road. 

El uso de la tecnología Dolby Atmos permitió que la banda sonora capturara la voz de Pavarotti en una variedad de entornos diferentes. “Con esta tecnología podemos hacer que parezca que estás en una habitación pequeña”, aclara. “Otras veces, en el Amazonas o con Los Tres Tenores en un coliseo al aire libre. Pudimos cambiar constantemente el alcance y la escala del sonido para reflejar cada ajuste”.

Una obra emocional

“Con Pavarotti mi pregunta era: ¿de dónde salió este tremendo talento artístico? No solo viene de la voz extraordinaria. Tiene que provenir del corazón. Solo así se logra que las interpretaciones sean tan auténticas que resuenen para siempre. Por lo tanto, quise saber todo lo que pude sobre cómo Pavarotti cultivaba eso y cómo se enfrentaba a los costos personales de convertirse en un artista célebre”, continuó Howard.

Para ello vio los conciertos más electrizantes de Pavarotti y se sorprendió con la profundidad emocional del tenor, algo que solo había atestiguado en grandes actores. “Me sorprendió lo que se ve detrás de la mirada de Pavarotti cuando está cantando”, dice Howard. “Es como un actor del Método que extrae emociones profundas de un dolor personal con el que se conecta. No importa quién seas, su pureza te conmueve”. 

Más allá de las presentaciones, Howard y su equipo revisaron los archivos en busca de docenas de entrevistas que Pavarotti realizó para programas de entrevistas en televisión y noticieros. Luego, llevaron a cabo 53 entrevistas nuevas en Nueva York, Los Ángeles, Montreal, Londres, Módena y Verona desde abril de 2017 hasta junio de 2018. Esta serie de conversaciones aportó las perspectivas no solo de las esposas, familiares, estudiantes y compañeros de ópera y rock, sino también de los administradores, promotores y demás personajes que ayudaron a trazar la insólita trayectoria de su carrera.

Luego vinieron los descubrimientos más asombrosos de la película: imágenes muy personales de Pavarotti que nunca se habían dado a conocer. Ese material de películas caseras conservado por familiares y amigos a veces dejaba sin aliento a los cineastas al ver al hombre fuera del escenario.   

La película inicia con uno de los clips más asombrosos y oníricos de todos. El año es 1995 y el lugar es Manaus (Brasil), en medio de la selva amazónica. En el magnífico y pequeño teatro de ópera conocido como Teatro Amazonas, donde el propio Caruso cantó una vez, Pavarotti aparece en pantalón deportivo presentándose con total abandono ante un puñado de transeúntes. El clip filmado por el flautista Andrea Griminelli, que viajaba con Pavarotti en ese momento, nunca se había compartido públicamente. 

Gran parte de las imágenes poco comunes procedía directamente de la colección personal de Nicoletta Mantovani, la esposa de Pavarotti al momento de su muerte, la madre de su hija Alice y directora del Museo Pavarotti de Módena. 

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