‘Marriage Story’: la cotidianidad de los momentos tragicómicos

La temporada de premios se acerca y con ella llega lo mejor del séptimo arte, acá encontramos lo más reciente de Noah Baumbach.

Cuando se habla de las mejores películas del año, estas generalmente caen en dos categorías: las de personajes y momentos grandilocuentes aterrizados para conectar con la audiencia (acá entrarían básicamente todas las películas “basadas en hechos reales” sobre figuras históricas) y las de momentos cotidianos, con los que la audiencia ya conecta, elevados por la visión artística del director y/o el guionista.

La obra del neoyorquino Noah Baumbach entra en la segunda categoría con películas como The Squid and the Whale (2005), Margot at the Wedding (2007) o Frances Ha (2013) que muestran la cotidianidad de momentos como un matrimonio, un divorcio, una reunión familiar o simplemente la vida de una veinteañera intentando escapar de la precariedad laboral.

En crear grandes películas desde esta cotidianidad, con la que cada quien se puede relacionar de manera única, radica la genialidad de Baumbach, y esta nace en la etapa fundacional, el guión. No por nada ha colaborado en la escritura con figuras como Wes Anderson (Grand Budapest Hotel) y Greta Gerwig (Lady Bird).

En Marriage Story, su más reciente producción de la mano de Netflix, no solo podemos encontrar el que podría ser el mejor guión de Baumbach a la fecha, también vemos dos de las mejores actuaciones del año. Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver) son una matrimonio de 10 años que vive del teatro en Nueva York y que se encuentra intentando finalizar una separación sin hacerle las cosas difíciles a su hijo Henry.

El guión, construido de diálogos excepcionalmente naturales que fluctúan entre lo trágico (Nicole y Charlie pasando de gritarse en la cara lo mucho que se odian a llorar juntos de manera desconsolada) y lo cómico (Charlie casi desangrándose al hacer un truco frente a una evaluadora de la corte) es la sólida base en la que reposan las actuaciones de Johansson y Driver, quienes se pierden por absoluto dentro de sus papeles, al punto de lograr que la audiencia olvide que hacen parte de las dos franquicias más taquilleras de los últimos tiempos (Marvel y Star Wars respectivamente).

Redondeando el trabajo de Baumbach en el guión y la dirección se encuentran la cinematografía de Robbie Ryan (Slow West, American Honey, The Favourite) que se compone mayoritariamente de tomas continuas de los protagonistas en primeros planos que explotan la expresividad de los momentos más álgidos de la película, y una sutil banda sonora cortesía de Randy Newman, reconocido por su trabajo en varias de las producciones de Pixar.

Llena de momentos desgarradores de catarsis y de intimidad reconfortante, Marriage Story muestra al trío Baumbach, Johansson y Driver en el punto más álgido de sus carreras y como parte de lo mejor que nos ha mostrado el séptimo arte en esta última década.

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