La vida en un partido de fútbol, 20 años de ‘La pena máxima’

Este clásico del cine colombiano es una metáfora del juego de la vida.

Lo bello del fútbol es que cuando rueda una pelota, rueda más que una esfera de cuero que 22 humanos patean como si la vida dependiera de ello. Hay algo hipnótico, incluso místico, en ese ritual de cuerpos que chocan, pieles que transpiran y pasto que se levanta, que genera sensaciones de esperanza, unión, amistad, respeto y el hecho de nunca rendirse. Pero por otro lado menos utópico, este deporte también tiene el poder de despertar lo peor de los seres humanos. 

En el campo de juego se dibuja una metáfora perfecta de la vida. A veces tienes buen ritmo y arrasas con todo, cada cosa sale bien, cada día es un triunfo y estás en la gloria. Pero a veces las cosas son un desastre, nada sale bien, comentes errores todo el tiempo, una y otra vez caes al suelo, sientes con frustración que no puedes ganar y no te queda otra alternativa más que admitir la derrota, levantarte y seguir jugando. Y hay una tercera opción, la peor, la que saca lo más oscuro de ti, la que despierta a ese ser despreciable, agresivo, orgulloso y egoísta contra el que luchas todo el tiempo porque es capaz de destruirlo todo. 

La pena máxima (2001), es una película que trata sobre esa bestia. Esta comedia negra dirigida por Jorge Echeverry y escrita por Luis Felipe Salamanca y Dago García, está basada en un cuento llamado “Un día de fútbol” de Jorge Luís Varela y busca reflexionar acerca de la colombianidad, a través del desarrollo de un partido de clasificación a un mundial, en el que no solo está en juego una plaza para la copa, sino el futuro de Mariano Concha

Interpretado por Enrique Carriazo, Concha es un ser humano despreciable cuya grisácea y malgastada vida gira en torno al fútbol. Este deporte es lo único que le da color y sentido a los días de este burócrata que vive con su abuela, su tío Pedro (Fernando Arévalo), su hermano Saúl (Robinson Díaz) y su prometida Luz Dary (Sandra Reyes), quien básicamente lo aguanta a pesar de que no tiene ninguna virtud, no es una persona amable ni agradable y tiene varios vicios. Además, entre ella y Saúl hay una tensión sexual. 

En el universo de esta película, la clasificación al mundial se define con partidos de ida y vuelta, y en caso de empate, ronda de penales . A la Selección Colombia le toca enfrentar a Argentina en Bogotá y Concha siente que este partido cambiará su vida para siempre. Pero antes de eso, hace una apuesta con su tío: si Colombia no clasifica, él le dará a Pedro los ahorros que tiene para comprar un apartamento con Luz Dary, pero si la selección gana, su tío le dejará la casa en la que viven. Pero aparte, Concha también reta a su jefe quien le pone trabajo el día del partido y lo amenaza con despedirlo si no va. 

Pero como buen hombre terco que se cree invencible y dueño de la razón, decide ir al partido. El problema es que Pedro muere esa mañana y comienza una oscura y divertida epopeya por velar al muerto y estar al tanto del juego. 

 

 

La pena máxima hace una caricatura de la colombianidad y el criollismo que define muy bien la vida de millones de personas. Ir todos los días por el todo o nada, porque en este país ya no hay más que perder. Mariano Concha evoca a esas personas atormentadas por la idea de probar su valía y de demostrar al mundo que pudieron triunfar en la vida a pesar de las envidias y las malas lenguas. Atrapado en un vida mediocre, pero muy testarudo para ver cómo sus actitudes afectan su entorno, Concha solo encuentra alivio en el fútbol. En esos 90 minutos que le permiten soñar con algo y ser, por un corto periodo de tiempo, la persona más importante del lugar. El que más sabe del juego, el que mejor lo comenta, el mejor hincha de la selección y quien tiene la solución a todos los problemas del equipo. 

Pero lastimosamente, la mentira, la trampa, la violencia y el abuso, son las únicas herramientas que tiene este personaje para sobrevivir, porque al igual que un jugador poco habilidoso, no tiene más opciones que hacer falta para sentirse útil en el campo. El problema es que cuando la vida te saca tarjeta roja no puedes volver a empezar luego de una fecha de suspensión. 

A pesar de que Cocha usa como discurso el ponerse la camiseta y apoyar al equipo sin importar nada, es un ejemplo de individualismo, ya que, él está dispuesto a sacrificar a su equipo (su familia) con tal de alcanzar su gloria. Y no sólo pasa por encima de todas las personas que por alguna razón lo quieren, sino que las lleva al borde del abismo. 

Pero tal vez, el rasgo más colombiano de este atormentado personaje es que según él, todas las desgracias de su vida son culpa de otros. De su tío por morirse, de su jefe por ponerle trabajo y de “La furia Sanabria”, quien fue su vecino en el barrio, por errar el último penal del partido, el que costó la clasificación.

Concha es incapaz de admitir un error ya que según su lógica no estaba mal apostar la casa en un partido que él sabía estaba ganado, el problema fue el destino que no le permitió ir al estadio para transmitir su “magia” a los jugadores y así asegurar la victoria. Él siente que es una víctima, un incomprendido al que nadie le agradece por los sacrificios que hace por la familia. Pero al final, no le queda más que sentarse a llorar en el fondo del lodo, solo, vulnerable y finalmente derrotado por él mismo. 

Tal vez la escena más memorable de La pena máxima, es cuando durante el velorio de Pedro, el radio de Mariano y Saúl cae en el ataúd justo cuando van a comenzar los penales. Mariano, simulando estar muy acongojado por la muerte de su tío, se acuesta sobre el cajón y escucha cómo su vida se destruye un penal a la vez. Esta secuencia es particularmente especial porque logra hacer una metáfora perfecta de la cotidianidad de un país en guerra, en el que a los vivos no les queda otra que convivir con los muertos y mezclar las alegrías con las tragedias porque es la única forma de sostenerse, antes de que a uno le toque el turno de estar en sarcófago. 

Al final, a pesar de la derrota, cuando Mariano está completamente en el suelo, de la misma forma que un capitán levanta a sus colegas caídos y les sube la frente después de perder una final, Saúl regresa junto a su hermano y le dice: “el domingo hay clásico”. Una muestra de que a pesar de que todo salga mal, de alguna manera hay alguien que nos va a dar ánimo y una mano fraterna para seguir jugando en el campo de la vida. 

La pena máxima es ya un clásico del cine colombiano. Una divertida obra en la cual nos vemos al espejo mientras nos reímos de nuestras tragedias, la cual es perfecta para entender la pasión por el fútbol, que es muy similar a la pasión por la vida. Porque cuando decidimos encararla, no sabemos qué pasará. Solo contamos con nuestra habilidad, el apoyo del equipo y un poco de buena o mala suerte.

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