Hendrix en el Quibdo Africa Film Festival

‘Saudó, laberinto de almas’ de Jhonny Hendrix, por primera vez en Chocó

‘Saudó, laberinto de almas’ de Jhonny Hendrix, se proyectó por primera vez en Chocó. Hablamos con el cineasta.

A Jhonny Hendrix Hinestroza se le reconoce en el universo cinematográfico colombiano mucho antes de haber salido a la luz su primera prima, Chocó (2012). Como productor tiene varios nombres en su haber, Nochebuena (2008) de Camila Loboguerrero, En coma (2011) de Juan David Restrepo y el venezolano Henry Rivero; Hiroshima de Pablo Stoll, o Patas arriba de Alejandro García Wiedemann; la animada Anina (2014) de Alfredo Soderguit, o el documental Los niños de Inkisi rodado en el Congo (África). 

Se reconoció a sí mismo como productor mas que como director, así pasó por Saudó, laberinto de almas (2016) -su segundo largo-, pero fue todo distinto después de Candelaria (2018), la que considera su mejor película, por la que sonríe mientras habla pese a recordar que en su origen, más allá de una historia que conoció en Cuba, hay memorias y emociones de un desamor que padeció tiempo atrás. 

Al Quibdó África Film Festival (QAFF) que se celebra por primera vez en el marco de las Fiestas de San Pacho, Jhonny Hendrix asistió como invitado especial. Volvió a Chocó tras haber presentado Candelaria meses atrás cerca al Malecón de su ciudad, esta vez fue con Saudó, laberinto de almas (2016), película que pese haber tenido exhibición en salas comerciales nacionales nunca se había proyectado en el departamento con mayor población afro del país.

Del estar otra vez en su tierra, del ser parte de espacios donde se analiza y se discute sobre el ser y sentir afro, de los grandes festivales de cine y las pequeñas muestras independientes que le permiten al artista hacer comunión con su público a través de las historias contadas cinematográficamente. De ello hablamos con Jhonny Hendrix en las calles de Quibdó. 

 

De nuevo en Chocó, vienes con frecuencia, pero ¿Qué representa venir y mostrar tus películas? 

Creo que uno tarde que temprano tiene que regresar a su origen, tiene que volver a su territorio, tiene que volver a nacer. Creo que el gran dolor del ser humano afro es precisamente que fue casi que arrancado de sus raíces y por eso casi siempre mantenemos una nostalgia en el rostro. Yo intento disipar esa nostalgia regresando siempre a mi tierra, y cuando me invitan a presentar mis películas vivo el mayor enamoramiento, siento amor y afecto, pero también siento miedo, porque acá está la gente que realmente me puede mirar y juzgar. Siempre estoy en medio de esas dos cosas. 

¿Has usado el cine como puente para conectarte con ese lugar que dejaste? 

Si, pero creo que más que reconectarme, he usado el cine para hacer la investigación sobre mi lugar de origen, porque yo de acá (Chocó) me fui muy pequeño, y como quien dice, las raíces las instauraron mis ancestros, mas que yo. Utilizo el cine para venir a investigar, para hacer ese análisis sociológico de quiénes somos, cuáles son nuestros dolores, nuestras tristezas y nuestros aciertos. 

 

¿Qué función crees que ha cumplido el cine históricamente, en relación a la construcción de una identidad afro? 

Yo creo que el cine ha desdibujado nuestra identidad. El cine ha hablado en términos económicos y políticos y no ha hablado en términos de quiénes somos, no ha hablado ni en términos sociales ni humanos. Creo que nos ha puesto a veces como malos, a veces con desinterés, nunca hemos sido los buenos de la película. Y en ese sentido yo apenas estoy en el proceso de observación, no he hecho mi mejor película sobre las comunidades afro y sobre las comunidades del pacífico, sí tengo el sueño y obligación de hablar de todo lo que siento... en algún momento. 

¿Sientes que el afro busca algo en la gran pantalla? ¿Qué han encontrado en ella? 

El afro no es que busque algo en la gran pantalla, no lo buscamos porque no existimos en la gran pantalla. Existimos muy poco y existimos en imaginarios muy distintos a lo que somos. Es decir… Cuando aparece Will Smith es Will Smith, un norteamericano, no es un afrocolombiano, entonces no creo que nosotros nos busquemos en la gran pantalla porque literalmente no hay esa posibilidad de que nos sintamos compenetrados con el personaje. Sí hubo una película que creo unió de una u otra manera un sentimiento y fue Pantera Negra (2018), un super héroe negro, y no creo que nos hayamos sentido identificados, sino que por primera vez nos mostraron como los buenos del paseo y eso generó una taquilla altísima en Colombia y en todos los lugares afro, pero no son esas, películas que se estrenen en Quibdó, por ejemplo. Además creo que si no hay una educación cinematográfica en el centro del país, donde de una u otra forma se enseña cine en las universidades, menos la hay en Quibdó, donde no hay educación cinematográfica, eso, sumado a la imposibilidad de ver películas, hace que todo lo de la educación sea imposible. 

 

¿Qué es el cine africano? ¿Existe el cine afro?​

El cine afro creo que no existe, un director afro hace cine que no necesariamente es cine afro, y otros hacen películas sobre problemáticas afro, que siguen siendo igualmente cine, no “cine afro”. Creo que es un término que no debería existir, y lo mismo pasa con el mal llamado “cine arte”, el cine ya es un arte y todas las películas que se hagan son cine. Lo único es que las problemáticas hablan de situaciones sobre los afro, con protagonistas afro, ya.

 

¿Cuál es la relación que tu cine ha tenido los festivales? ¿Qué función cumplen los festivales?

Mis películas llegan a los festivales como todas las demás, me imagino que porque para el jurado o el festival somos una película que se comunica dentro de su discurso de lo que debe ser el cine, y por ello nos seleccionan. Creo que los festivales cumplen una función a veces muy buena y a veces muy mala para las películas. Hoy por hoy hay muchas películas, todo el mundo quiere ser director, todo el mundo quiere hacer películas, todo el mundo tiene derecho a contar su historia, entonces los festivales con esas grandes cantidades no hacen una selección, y siento que hay mucha política en medio de todo, y dentro de esas políticas se pierden muy buenas películas y a veces se seleccionan películas muy malas, películas que no están al nivel pero se exhiben porque tienen un poder político o mayor lobby y ese tipo de cosas.

Desde hace un tiempo vienen cambiando las formas, vienen cambiando las formas en las que existen los festivales, muchos han sido politizados y económicamente han sido vulnerados, buscan patrocinadores que exigen determinadas películas o determinados directores, entonces desde esa perspectiva no funcionan igual que antes, cuando eran importantísimos para las películas porque eran una ventana, las películas hacían ruido y alcanzaban un eco, los festivales les permitían protagonizar, mostrarse, las ayudaba a venderse y a hacer negocios, antes los festivales sí prestaban un servicio no solo para los realizadores, también prestaban un servicio de educación cinematográfica. Hoy en día siento que ya no es tan así y que el cine ha cambiado y ha virado tanto que se ha puesto mas al servicio de lo económico y lo político, y ahí es donde el cine ha perdido. 

 

¿Cómo entran en todo esto las pequeñas muestras cinematográficas o festivales como el que se inaugura este año aquí en Quibdó (Quibdó África Film Festival - QAFF)?​

En estos casos los directores reciben invitaciones y ponen las películas al servicio del público para generar educación cinematográfica. Creo que esas muestras son importantísimas es por ello, porque logramos llegar a lugares donde difícilmente llega el cine, donde difícilmente llega la industria, y el público se place de ver cosas que no podría ver en la pantalla de una tienda. 

Me encantó estar en el Quibdó África Film Festival (QAFF), siento que el festival sirvió como puente para llegar de nuevo a Quibdó, encontrar un público que no había visto la película a pesar de haber sido estrenada en salas comerciales de Colombia hace mas de tres años -porque en Quibdó no había sala-. Fue lindo encontrarme con ese público y hablar con ese público, pero creo que lo más lindo fue hablar sobre una película que habla sobre nuestros ancestros, y desde ese lugar se dio el espacio para hablar de cultura e historia, hablar de lo que somos. 

 

Sientes que la relación que construyó Saudó con el público de otros lugares del país estuvo basada en la distancia y el desconocimiento que se tiene del ser afro? 

Literal. Acá entendieron la película mucho más de lo que se sintió en Medellín o en Bogotá. Y no solamente porque estamos muy distantes, siento que desde afuera hay una necesidad de estar muy distante de las comunidades afro y de las comunidades alejadas del país. Por eso no sentimos el dolor de las masacres, el dolor de la guerra. Se sigue pensando que es una guerra del monte y no de la ciudad,.

¿Qué te pareció este contenido?

Para comentar debe Registrarse

Enviar