“El hombre que vendió su piel”: una película sobre la libertad en el sistema

Este largometraje nominado al Oscar hace una reflexión brillante a través de una sátira provocativa y bastante agria.

Sam está en un museo, pero no es un visitante. Está al fondo, junto a las demás obras, de espaldas, mirando a una pared, rígido, manteniendo una única postura. Sobre una silla reposan sus caderas, su espalda se ve redonda, sus vértebras salidas. Sobre su piel, que es como un lienzo curtido por el sol, lleno de pecas y diminutas manchas, está tatuada una visa Schengen. Una luz blanca la ilumina desde arriba. Las personas fotografían la superficie, se toman selfies, hablan de ella. Mientras tanto, su cara al otro lado, invisible a los espectadores, refleja aflicción, cansancio, desespero. Suda, pasa saliva. Es una obra de arte viva y lleva ya varias horas allí. 

Y está ocupando ese espacio, no por obligación, aunque algunos dirían que tampoco por voluntad. Está ahí después de llegar a un acuerdo tras huir de Siria, su país de origen, a Beirut, en el Líbano, como refugiado y encontrarse con Jeffrey Godefroi (Koen De Bouw), un reconocido artista belga, al que le gusta manipular al sistema y por supuesto, burlarse de él. Junto a su fría y glamurosa asistente, llamada Soraya (Monica Belluci), Jeffrey le ofrece a Sam (Yahya Mahayni) una salida de esa realidad que vive como refugiado. El trato es que a cambio de que Sam pueda viajar a Bruselas y encontrarse con Abeer, una mujer a quien ama profundamente, debe permanecer en silencio, inmutable, dejando que su piel sea la protagonista de la última exposición de Jeffrey. 

Nominada al Óscar a Mejor Película Extranjera este año, esta historia de la directora Kaouther Ben Hania, se inspira en la obra “Hombre tatuado” del artista belga, Wim Delvoye, quien en 2006 le hizo un tatuaje a un joven suizo que luego fue vendido por 150.000 euros a cambio de ser expuesto varias semanas al año en los museos más importantes del mundo y de recuperar su piel tras su muerte. Es una fábula moderna contada en clave de drama con atisbos de tragedia, sátira y algo de romance.

En Radiónica tuvimos la oportunidad de conversar con el actor sirio Yahya Mahayni, protagonista de la película y quien en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2020, obtuvo el Horizons Award a Mejor Actor. En el pasado, participó en varios cortometrajes hasta que ingresó al elenco de la comedia The Visitors. También trabajó en la película francesa Opium (2016) dirigida por Pablo Dury y más adelante en Fearless Girl (2019). 

“En realidad el guión estaba muy bien escrito para empezar, algunos pueden entender cómo reacciona Sam a partir de las situaciones en las que se encuentra. El tiene un orgullo que es un poco infantil y al mismo tiempo, él no viene del mundo del arte contemporáneo y le da igual igual que venga una ayudante como Soraya y le proponga el trato. Ella es la antítesis de lo que él es: espontáneo, infantil y que al tiempo, le gustan las cosas sinceras y verdaderas”, cuenta el actor cuando le preguntamos cómo fue crear y encarnar este personaje. 

Cuando habla de la decisión de Sam de vender su piel, Mahayni, dice que intuye que muy dentro de sí, el sabe lo problemático que puede ser esto más allá del tatuaje, pero explica que justamente lo mueve el objetivo de perseguir el amor, aún cuando eso implica traicionar sus principios. “Entonces es un trato, pero claro, él pensaba que también su humanidad iba a ser apreciada, pero en realidad no. Él es solo el vehículo para la obra de arte, pero no es la obra de arte personalmente, es su espalda, su piel”, nos dijo. 

Aquí entran a jugar muchas variables que se van tejiendo a medida que avanza la película, no de forma aleccionadora ni intentando dar un mensaje, sino más bien, haciendo reflexionar al espectador sobre el capitalismo, el alcance del arte contemporáneo, el elitismo, la migración, la deshumanización y todas las paradojas que hacen que sea tan complejo vivir en este sistema. 

“Sam quiere hacer parte del sistema y tener una importancia. El siente que le dan igual las normas de la sociedad y a Jeffrey también: él las manipula para mostrar las paradojas que existen. Incluso la de que según donde nacemos y qué pasaporte tenemos hay más obstáculos en la vida, aunque digamos que tenemos los mismos derechos. En realidad según el acceso a dinero, a educación, a en qué familia nacemos, en dónde nacemos y qué pasaporte tenemos vamos a tener más o menos libertades”, explica. 

Y es justamente es por el hecho de ser rebelde, insurgente y poco solemne que Jeffrey elige un personaje como Sam para hacer esa obra de arte, sabiendo que va a ser una "obra" muy difícil de manejar y que eso en cierto modo, va a ser útil para su proyecto. De ahí en adelante, se desenreda una trama atravesada por la complejidad humana y por las contradicciones que implica figurar en un sistema en donde la fama, el nombre, la firma y el dinero lo son todo. 

“Ni siquiera Soraya ni el artista son realmente libres. Son todos esclavos de algún modo de ese sistema del cual forman parte. Además todos somos esclavos de demostrar al público lo que somos, aunque no seamos eso realmente. Lo que me gusta de esta película es el hecho de que no hay mensajes en sí, sino temas y mucha materia para pensar y reflexionar”. 

Para el artista que también es abogado, los estereotipos que hay sobre los sirios como terroristas se podrían equiparar a los que tenemos los colombianos como narcotraficantes. Menciona canciones como “Pasaporte colombiano” de Ali Aka Mind que lo inspiran y también le ayudan a reafirmar que más allá de la nacionalidad de este personaje o del contexto de esta película, la complejidad de este sistema se asienta sobre la deshumanización en general. 

El hombre que vendió su piel hoy cuenta con dieciséis nominaciones y seis premios, entre ellos el Premio a Mejor Guión en el Festival de Cine de Estocolmo 2020. Esta se estrenará en el país en las salas de Cine Colombia este jueves 21 de octubre.

Aquí pueden ver su trailer: 

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