El cine en Cali se vive y se produce desde la infancia

El festival de cine infantil y juvenil Calibélula llega a su cuarta edición con muchos eventos y talleres para niños y jóvenes.

Caminar es pasear por su historia. En cada esquina se puede ver, respirar y sentir las marcas del tiempo y sus herencias culturales. Un ejemplo es el barrio obrero, cuna de la salsa brava, de un sonido que se fue extendiendo por todos los barrios y comunas; por nuestros hogares y almas, llegando al punto de convertirse en epicentro internacional de esta música. 

Orquestas locales como el Grupo Niche o Guayacán Orquesta transformaron la forma de leer la ciudad. También su paisaje e infraestructura, donde se alzaron monumentos a la grandeza y aporte de este género. A estas marcas se suman  las huellas de la cultura pacífica, que ha abierto sus espacios para el diálogo, educación y el compartir de saberes.

Y claro, no podemos dejar de lado el arte audiovisual y cinematográfico que ha brotado de esta ciudad, desde que aquel grupo de locos creativos registraron, a finales de la década de los 60 e inicios de los 70, todo lo que sucedía en la ciudad. 

Carlos Mayolo y Luis Ospina, dos de los rockstars visuales de este periodo, lograron un impacto tan fuerte que le sumaron a la ciudad una nueva antonomasia por la cual se le reconoce: Caliwood. El legado se refleja en el culto al cine que hay en la ciudad, en los distintos espacios de exhibición y debates cinematográficos, como lo ha sido el Festival Internacional de Cine de Cali, hijo y herencia que le dejó a la ciudad el artista Luis Ospina.
Sin embargo, estos espacios tienen sus propios límites, y en ocasiones sus contenidos o segmentos no son accesibles para todo el público, resultando difícil para la audiencia infantil y juvenil; algo fundamental si se quiere garantizar la subsistencia de estos procesos culturales. 

Esto fue lo que comprendió Patricia Elena Patiño, directora del Festival de Cine Infantil y Juvenil Calibélula. Ella aprovechó su experiencia trabajando en estudios de grabación, el haber integrado procesos culturales como el evento musical juvenil metrópolis, también el haber coordinado talleres de educación y gerenciado una de las ediciones del FICCali, para  incluir  y abrir espacios donde los niños y jóvenes también pudieran tener un acercamiento profundo con el cine.

Formó el festival en el 2017, buscando superar ese imaginario de que la presencia infantil en los cines es poca. El resultado de la primera edición fue un rotundo éxito, en una de sus primeras exhibiciones lograron la asistencia de 400 personas en el teatro y para las siguientes exhibiciones llegaron a contar con 700 u 800 personas. Fue suficiente motivo para continuar con dicho esfuerzo. 

La idea es que los jóvenes se sensibilicen con el cine que se hace en el país, por esta razón la curaduría de las películas es muy cautelosa. Se busca abrir diálogos entre ellos y las historias, generar espacios de análisis y orientación que ayuden a extraer valores que puedan servir como herramientas para su cotidianidad y servir como inspiración. Intentan que a estos espacios asistan los realizadores de las películas exhibidas, tanto nacionales e internacionales, para conversar con los jóvenes sobre el quehacer cinematográfico. 

El objetivo del festival es que los participantes pasen de ser audiencia a ser creadores de cine. Para esto se han diseñado distintos talleres de creación donde los niños y jóvenes empiezan a tener un acercamiento a la teoría y práctica de animación y producción audiovisual. Les enseñan técnicas de stop motion, a usar diferentes dispositivos móviles y a canalizar sus propias historias. La intención de estas prácticas no solo está en la búsqueda de crear escuela que sirva como campo para cultivar los nuevos realizadores del país, sino también porque por estos medios les permite establecer procesos de comunicación mucho más claros con el entorno que los rodea: lo familiar, lo educativo, lo social. 

El festival también ha buscado involucrar a los padres y profesores, para que empiecen a apreciar el cine como mediador educativo, cultural y fundador de valores. Con ellos se realizan charlas para recomendar los tipos de contenidos que pueden sugerir a sus hijos y cómo abordarlos luego de ser observados para que haya una experiencia de retroalimentación y enseñanza mutua.

Este esfuerzo por seguir alimentando la memoria de Cali y del país llega a su Cuarta Edición que, por la pandemia, se realizará de forma virtual. Desde hace unos meses el festival empezó con talleres virtuales que han tenido invitados internacionales, contando con la presencia de chicos de países como México, Argentina y Chile. Estos seguirán hasta final de año. La asistencia de los jóvenes ha sido significativa y frecuente. La exhibición de las películas se realizará por medio de una plataforma streaming exclusiva del festival que tendrá apertura a mediados del mes de septiembre. Les extendemos la invitación a que se enteren de los talleres que se realizan y de la apertura de la plataforma del festival por medio de la página oficial de Calibélula.

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