Santiago García: homenaje al genio y maestro del teatro colombiano

Fue el pionero y el primogénito de una dramaturgia de estilos propios, el autor de personajes que aún son referentes en el mundo.

La dramaturgia y el teatro en Colombia están inexorablemente ligados al nombre de Santiago García, actor, director, dramaturgo, investigador, pintor, gestor cultural, gran promotor de la identidad nacional y el maestro de maestros para muchos profesionales de la actuación en el país.

García, quien murió el pasado 23 de marzo a los 91 años, fue el director de la mayoría de las obras de La Candelaria, teatro que fundó en 1966 y donde también actuó e influenció a miles de casas teatrales de Colombia y Latinoamérica con sus teorías del arte dramático y con la búsqueda de lenguajes teatrales propios, promoviendo el movimiento del Nuevo Teatro en el país.

“Fue un hombre dedicado en su proyecto de mirar el teatro como una invención por una dramaturgia propia, él tomó esa actitud como un modelo para inventar teatro en Colombia, inventar la imagen, crear un personaje colombiano, y esa es un referente aún hoy día”, comenta César Badillo, actor con 40 años de trayectoria y actual director del Teatro la Candelaria.

A lo largo de su vida el dramaturgo estuvo al frente de muchos grupos de teatro como el de la Universidad Nacional en Bogotá, el de la Escuela Nacional de Arte Dramático; además dirigió más de 46 montajes teatrales en diferentes naciones como Cuba, México, Estados Unidos, Costa Rica y por supuesto en nuestro país.

Sus obras más resaltables son: "Diálogo del rebusque" (1981), basada en varias obras de Francisco de Quevedo; "Guadalupe años sin cuenta" (Premio Casa de las Américas en 1976); "Los diez días que estremecieron al mundo" (Premio Casa en 1978); "En la raya", obra basada en “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez; y su célebre versión de "El Quijote", de Miguel de Cervantes. 

Vida y obra

Santiago García nació en Bogotá el 20 de diciembre de 1928. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional, en la escuela de Bellas Artes de París y en el instituto Universitario de Venecia. Más tarde, en 1957, tomó clases de actuación con el japonés Seki Sano. Debido a la influencia del considerado padre del teatro mexicano, continuó sus estudios en dramaturgia en la Universidad de Praga, en el Actor's Studio de Nueva York y en la Universidad de Teatro de las Naciones en Francia.

Cuando García regresó a Bogotá fundó el Búho junto a Fausto Cabrera, un proyecto independiente que luego se convirtió en el Teatro Estudio de la Universidad Nacional. Allí montó piezas icónicas como "El jardín de los cerezos" de Chéjov y Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, que dirigió en 1965, obra en la que García incluyó varías críticas a la bomba atómica que le valieron la censura del programa; razón por la cual renunció a la Universidad Nacional como un acto de protesta.

En 1966, junto con artistas e intelectuales de la capital, fundó la Casa de la Cultura, hoy Teatro La Candelaria, del que siempre fue director. El teatro se convirtió en un centro para la creación de todas las artes, pero especialmente como un escenario para la dramaturgia. Por éste pasaron personalidades como Vicky Hernández, Consuelo Luzardo, María Arango, Carlos Parada, Eddy Armando, Enrique Grau, Patricia Ariza, Fabio Rubiano, César Badillo, Gustavo Angarita y Fabio Velasco.

Este último, actor, investigador y formador teatral con una trayectoria de 10 años, afirma “El maestro, a pesar de que decía que el arte no se enseñaba y que él no era maestro de nadie, tenía estos espacios donde convergían personas de todos los teatros en Bogotá; de manera que gran parte de los grupos de teatro colombiano son hijos de este gran maestro”.

En lo personal, sus allegados dicen que era una persona maravillosa, generosa, sociable entregado, disciplinado, un hombre lleno de humor, que siempre estaba atento a lo que se le decía o se le preguntaba, pero especialmente una persona que defendía la duda permanente, incluso hacia uno mismo.

“Él vivía haciéndose preguntas sobre el arte, sobre la función del teatro, sobre cómo pensar esta sociedad, cómo pensar en disentir, en contradecirnos sin matarnos; es decir, relacionarnos sin intentar eliminar a ningún contendor”, comenta César Badillo.

De hecho, según Fabio Rubiano, actor, director y fundador del Teatro Petra “es famoso el saludo de Santiago García, cuando uno le decía ‘buenos días, maestro’ él no decía eso sino ‘¿cuál es su problema fundamental?’. Él siempre se estaba renovando en su pensamiento. A raíz de eso en el Petra sacamos un podcast llamado El Problema Fundamental”.

Además, era un hombre muy culto, alegre, le encantaba la música de todo tipo, un excelente conversador y un amante del vino, el aguardiente, el whisky y la cocina, “nos reuníamos a cocinar o a tomar café, porque otro de los fuertes de él era la cocina, era un gran chef; siempre decía que la manera de hacer un plato y hacer una obra de teatro estaba muy relacionada”, cuenta Fabio Velasco.

Legado

Santiago García deja un inconmensurable legado y una influencia inacabable. Escribió numerosos artículos en la prensa y en revistas nacionales e internacionales, además de ser el autor del libro “Teoría y práctica del teatro” (1983), el cual es lectura casi obligatoria para quienes hacen parte del mundo de las tablas, pues allí se consigna su concepción sobre diferentes aspectos del teatro.

García fue el maestro de la creación colectiva, un método del proceso de trabajo que se renueva en cada experiencia y que se fundamenta en un saber transdisciplinario, al respecto Fabio Rubiano afirma: “Santiago García es el gran maestro del teatro colombiano del siglo XX y posiblemente de toda la historia del teatro colombiano. Además de una serie de obras impresionantes que deja, él consolidó un teatro de grupo, instauró la fortaleza de la dramaturgia nacional y es uno de los grandes promotores de la creación colectiva”.  

Él produjo una literatura teatral sistemática y una dramaturgia nacional, a partir de centros de investigación fortalecidos con toda su experiencia en Europa y en Estados Unidos que, aún hoy, siguen impulsando a muchos grupos teatrales y actores del mundo.

Según el Ministerio de Cultura, García concebía cada montaje como un proceso exploratorio, una técnica y una forma diferente de improvisaciones que obliga a explorar la realidad y el entramado artístico de los lenguajes no verbales: el gesto, la intertextualidad y el discurso polifónico.

Su trabajo académico no se remitía tanto a la escuela sino al laboratorio; se tomaba un tema semestral y se empezaba a trabajar a partir de investigaciones de los autores, de estudios de hipótesis. Era como si cada semestre se hiciera una tesis y la manera de trabajarlo no era con exposiciones tradicionales sino por medios teatrales, con improvisaciones de construcción de escena, con escritura, con falso encuentro…”, afirma Fabio Rubiano.

De acuerdo con Daniel Galeano Rojas, actor, maestro en artes escénicas y director de Barraca Teatro, el maestro Santiago García es la influencia más importante para el teatro colombiano, un genio, un hombre políticamente muy comprometido con todo el entorno. “A través del Teatro la Candelaria, uno de los grupos más reconocidos en el mundo, creó una dramaturgia propia, un estilo y una línea muy clara. Creo que el maestro Santiago es el pionero, el primogénito del teatro en Colombia”.

Santiago García recibió numerosas distinciones a nivel nacional e internacional, como la Medalla al Mérito Cultural en 2019; la Orden de Caballero otorgada por el Senado de la República en 1998; el Premio Ollantay en 1985, por su labor creativa y pedagógica; el Premio Cultural ALBA de las Letras y las Artes por la obra de toda la vida y varios doctorados honoris causa que reconocen su nivel artístico y ético, su humanismo y su condición de intelectual.

En 2012 el Instituto Internacional de Teatro ITI, Unesco, en una reunión celebrada por el Comité Ejecutivo en París, declararon a Santiago García como Embajador Mundial del Teatro. Una distinción que sólo ha recibido un selectivo grupo de personalidades de la talla del nigeriano Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura y Anatoli Vassiliev, considerado la máxima figura de la dirección teatral en Rusia.

Memoria colectiva

Para Fabio Velasco, quien conoció al maestro Santiago en el año 92, cuando llegaba a Bogotá y que por 15 años fue parte del Teatro la Candelaria participando en varias obras como coautor y actor, la mejor manera de preservar la memoria del maestro colectivamente es haciendo un trabajo riguroso así como él lo enseñó, “continuar con un trabajo de investigación, de teoría y práctica bien riguroso para hacer del teatro colombiano lo que ha venido siendo, un teatro representativo para Latinoamérica y el mundo”.   

La mejor forma de preservar la memoria de Santiago es apoyando el trabajo del Teatro la Candelaria y recordarlo como el gran instaurador de la dramaturgia nacional que, junto a aquella casa cultural que fundó, trabajó un repertorio propio que años después tomó gran importancia y reconocimiento en toda América Latina, según el Banco de la República.

 Entre la lista de piezas que luego se convirtieron en clásicos del teatro colombiano están joyas como “La ciudad dorada”, “Los diez días que estremecieron al mundo”, “Vida y muerte de Severina”, “Golpe de suerte” y “Guadalupe años sin cuenta”.

Cuando él empezó siempre tuvo la idea de que hiciéramos nuestra propia dramaturgia, ‘tenemos que crear nuestros propios personajes a partir de nuestros referentes, porque nuestra realidad y nuestro contexto obedece a unas condiciones muy diferentes’, decía”, comenta Fabio Rubiano, quien conoció a Santiago tras ser parte durante 6 años de los talleres de investigación teatral que dirigía el dramaturgo.

 

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