Colombianos adaptan máscaras de careteo para uso médico

Hablamos con Daniel Sánchez, un diseñador industrial que dejó la producción de artes gráficas, para crear esta iniciativa innovadora

La cultura o subcultura “maker” está basada en la tecnología y la cultura Do it Yourself (DIY) o “Hágalo usted mismo” en español. Esta promueve la idea de acción con creatividad, en la que se buscan alternativas funcionales a partir de técnicas no muy complejas y a la mano de muchos, para la realización de artículos o elementos que son desarrollados normalmente por especialistas, pero que en este caso se piensan para ser hechos por personas del común o profesionales de otras áreas. Aquí se pueden encontrar artículos desde réplicas de figurines de Star Wars hasta dispositivos para salvaguardar las vidas de las personas.

Precisamente, esto último es lo que ha hecho el colombiano Daniel Sánchez, diseñador industrial de 40 años, de la universidad Javeriana. Un día, al ver que la crisis por el Covid-19 que se aproximaba, decidió dejar la producción de artes gráficas en serigrafía, stands y merch para músicos, para  crear una iniciativa innovadora para cuidar la vida de aquellos héroes que siempre han salvado la nuestra, las y los doctores del país.

Daniel, al ver la escasez de equipamiento médico necesario para esta crisis sanitaria, hizo primero una exploración de las iniciativas en otros países y reunió varias ideas que pudo llevar a cabo tras contactarse con una empresa alemana que le abrió sus puertas para que él adaptara las máscaras para Colombia. Poco a poco esto se fue volviendo un movimiento de iniciativas individuales interconectadas a lo largo y ancho del país, y que por lo menos en Bogotá, ya varios hospitales están evaluando su implementación.

¿Cómo lo motivó la pandemia del coronavirus a crear esta iniciativa?

En mi estudio nos movemos en distintos frentes y uno de ellos es el prototipado, fabricación digital e impresión 3D. Cuando empezamos a recibir información más y más intensa del impacto del virus, empezó a volverse preocupante, pero a su vez esperanzador ver cómo los primeros en reaccionar y tomar cartas en el asunto son los “makers” de todo el mundo. Ellos logran en corto tiempo asociaciones productivas con sus impresoras 3D, hacen contacto con doctores, editan en tiempo real, desarrollan e implementan desafiando las trabas burocráticas y protegiendo las vidas de ciudadanos, pacientes y doctores.

La inquietud nació de mí, de hacer algo por los doctores que son quienes nos están salvando; estuve mirando, vi proyectos, vi que esto tenía un gran potencial de implementación y decidí independientemente conseguir las máscaras, a conectar personas, a buscar makers que pudieran imprimir y empezar a articular, a hacer eco, a generar esa inquietud, y empecé ya a desarrollar las primeras pruebas.

Luego simultáneamente (esto no lo hice solo yo, también se hizo en Medellín, San Andrés, en Barranquilla) empezaron a sumarse muchas personas con sus máquinas para ver cómo podían ayudar replicando estos sistemas. Ya hay un movimiento grande de apoyo y de producción organizada. Empresas como la española Cressi han donado máscaras también.

¿Cómo nace esta iniciativa?

Al ver todo esto, empezó por redes a llegar información que estaban convirtiendo máscaras en respiradores, que estaban buscando diferentes tipos de protección y vi demasiadas propuestas. Empecé a analizar y hubo una que me llamó muchísima la atención de una empresa que está en Alemania (Custom Surgical, liderada por el colombiano Federico Acosta), que también son makers y adaptan necesidades médicas con customización a través de objetos impresos en 3D.

Empezamos a hablar del tema, yo les dije que era necesario implementar aquí en Colombia y conté con todo el apoyo de ellos; me compartieron las piezas y empezamos a producirlas acá y luego a mostrarlas en los hospitales, llevándoles los modelos. Me recibieron en el Hospital San Ignacio e hicieron las pruebas correspondientes, una prueba de “caneptica”, de oxigenación, con anestesiólogos e infectólogos que revisaron. Les pareció que era una buena adaptación y vamos a empezar la implementación en el Hospital San Ignacio y está en revisión en el Simón Bolívar, en el Cardio Infantil, en el Hospital Militar, entre otros… Esto ha ido escalando entre la comunidad médica.

¿En qué consiste su iniciativa para enfrentar la crisis sanitaria?

Quise desarrollar una pieza que fuera “open source”, es decir abierta para que todo el mundo la use. Busqué una máscara de Decathlon que pudiera conectarse con un filtro biológico (de protección biológica) y vi qué condiciones tienen para que cumplieran con más funciones médicas que funciones de careteo subacuático, para lo que eran usadas en un principio.

Ahora estamos en la vinculación con hospitales, con la industria privada, viendo si podemos actualizar estas máscaras, ver qué les sobra y junto con la industria privada y sus capacidades productivas podamos hacer algo aquí en Colombia que pueda ayudar a nuestros doctores, nuestros pacientes y ciudadanos del común.

¿Cómo funciona la máscara?

Mientras los doctores están en salas de cuidados intensivos y en zonas de alto riesgo de contagio es un salvavidas porque cubre las tres mucosas (ojos, nariz y boca), que es por donde uno se puede contagiar más fácil. Estas piezas se van a adaptar a las necesidades de los doctores.

¿Cuál es el proceso de fabricación?

Las máscaras como tal son unas máscaras de scuba diving (buceo) que vende Decathlon, entonces una vez se cuenta con ellas, allí es donde entra el ingenio; empezamos por conectarles un filtro biológico que se hacen en impresión 3D y ahí es donde entran los makers para modelar un diseño que se adapte a la máscara.

El proceso es un modelado 3D en un programa como rhino, como maya o como blender, en el cual se geometriza toda la pieza que se necesita. Los materiales que se usan, es el que se le pone a la impresora 3D que se llama PLA, ese es un biopolímero, que se extrae del almidón de algunos productos como la yuca o la papa y que tiene propiedades biodegradables, que además se puede hacer en cualquier lugar, en cualquier fábrica de producción de plásticos.

 

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