Foto por:  Cesar Augusto Ramírez Vallejo en Pixabay

Colombia y su eterna deuda con los campesinos

El 6 de junio se celebra el Día Nacional del Campesino y por eso quisimos hacer un análisis de la situación actual de esta población en Colombia.

Según un documento del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), el campesino es un “sujeto intercultural, que se identifica como tal, involucrado vitalmente en el trabajo directo con la tierra y la naturaleza; inmerso en formas de organización social basadas en el trabajo familiar y comunitario no remunerado y/o en la venta de su fuerza de trabajo”. 

Y es gracias a ello que por años muchos colombianos hemos tenido alimentos en casas. Según el Ministerio de Agricultura, la agricultura campesina representa el 70% de la producción del país, además activa gran parte de la economía, pues en toda su cadena genera 3,5 millones de empleos. 

Sin embargo, el país ha tenido deudas históricas con esta población, empezando porque la Constitución de 1991 niega la posibilidad de que los campesinos sean ciudadanos de derechos tipificados porque simplemente no aparecen en ella, seguido de la falta de políticas públicas por la carencia de conocimiento sobre esta población, pues hasta el 2019 no se tenía un censo que permitiera conocer cuántos son, cuáles son sus condiciones de vida y sus principales necesidades. 

Al respecto en el 2018 la Corte Suprema de Justicia le exigió al Estado por medio de la Sentencia STP 208 de 2018 que implementara medidas que permitieran conocer la situación de los campesinos en el país, sin embargo esta no tuvo el éxito esperado. Fue solo hasta el 2019 y por medio de una tutela presentada por 1.770 campesinas y campesinos que se logró llegar a la Encuesta de Cultura Política realizada por el Dane

En ella se pudo conocer que en el departamento del Cauca se encuentra la mayor cantidad de población campesina del país, seguido del pacífico, la región central, el caribe y finalmente Bogotá y alrededores. También se confirmó el proceso de envejecimiento que está viviendo el campo del país y la brecha en educación, pues la gran mayoría solo llega hasta el bachillerato.

El referendo campesino

Luis Alejandro Jimenez Castellanos es el Presidente Nacional de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia (ANUC) y afirma que la deuda que tiene el país con los campesinos no es de ahora, aunque reconoce que la situación empeoró con la llegada del COVID-19. También afirma que el país siempre ha tenido una descampesinización, que empieza con el hecho de que los campesinos no estén reconocidos en la Constitución del 1991.  

“Que desde nuestra propia Constitución, desde la legislación nacional, no se haga referencia al campesino, ya es la forma más expresa de negar su existencia. Si no se reconoce por sí solo, mucho menos se está reconociendo que el campesino, en medio de la marginalidad en que está, en medio de la exclusión de muchos servicios que deberían tener, es un sector económico que hoy produce más del 70% de los alimentos que consumimos los colombianos”, afirma Jimenez. 

Teniendo en cuenta lo anterior se propuso un Referendo Campesino el cual pone sobre la mesa ocho puntos que resumen los principales problemas del campesinado.

En el Referendo la población campesina propone modificar los artículos 226, 64, 65, 66, 67, 216, y 346 de la Constitución Política de Colombia y agregar un artículo. En ellos se habla sobre las relaciones políticas y económicas del país, la propiedad de la tierra de los trabajadores agrarios, el desarrollo de las tecnologías agrícolas, los créditos agropecuarios, la educación, el servicio militar y el endeudamiento interno y externo de la nación y las entidades territoriales. Respecto al artículo que se agregaría a la constitución este dice lo siguiente: “Artículo 64 A. El Estado garantizará a las campesinas y campesinos un ingreso básico condicionado para asegurar su subsistencia y vida digna. La ley regulará esta materia”.

El Presidente de la ANUC explica la reforma de la siguiente manera:

  • Protección de la producción nacional. Necesitamos proteger la producción nacional. Si no se garantiza unas condiciones adecuadas para la producción nacional, difícilmente la economía campesina va a poder continuar siendo la salvación de Colombia como lo ha sido en este momento.
     
  • Reconocimiento del campesino como sujeto de especial protección constitucional. Ya las cortes nos lo reconocieron, a nivel universal la ONU también lo hizo, pero en Colombia no se votó la declaración de los derechos de los campesinos y por eso nos proponemos a través del referendo llevarlos a la Constitución.  Algunos de esos derechos son: al territorio, a la prioridad para la adjudicación de baldíos, al uso prioritario del suelo para la producción de los alimentos, respeto y fomento a la cultura y economía campesina.
     
  • Compensación al trabajo realizado por el campesino. Estamos planteando como parte de compensación al esfuerzo del campesino la asignación de un ingreso básico a las familias, no es un regalo, es una compensación a lo que hace el campesino. Hoy esta población está asumiendo una responsabilidad que no es suya sino del Estado colombiano, como lo es el derecho a la alimentación y lo hace produciendo, pero a la vez perdiendo su patrimonio, sus bienes (cuando pierde la cosecha y el sistema financiero lo embarga). Esa es una deuda económica de mucho tiempo, por eso vemos necesaria esa compensación. 
     
  • Los jóvenes. Acá planteamos dos cosas: la educación y el servicio militar.  Respecto a lo primero, la educación en el campo debe responder a condiciones particulares para el sector campesino. Por eso insistimos en la educación rural campesina, sin perjuicio a que los jóvenes puedan estudiar la carrera que deseen, pero es importante darle peso a esa visión pedagógica. 
     
  • En lo que respecta al servicio militar, consideramos que el campesino no puede seguir siendo el primero en estar en las filas del ejército. Creemos que debe ser un proceso voluntario, cuando sienta que esa es su vocación, mientras tanto dejarlo en el campo produciendo y que no se desarraigue, porque eso es lo que pasa cuando se van al servicio militar: se cambia la forma de vida, la motivación y cuando terminan, no regresan al campo.  
     
  • El presupuesto general de la nación. Hoy el sector agropecuario en conjunto participa con el 0.9% del presupuesto nacional, menos del 1%. Nosotros proponemos que para saldar la deuda con el campesinado, el presupuesto general de la nación incluya una apropiación de al menos el 4% de los recursos de inversión para atender específicamente la economía de este sector poblacional. Lo anterior porque lo poco que se asigna se va en la nómina del Ministerio y las entidades adscritas y lo poco que queda lo absorben los grandes productores. Al campesino no le toca nada. 

¿Qué pasa con los jóvenes campesinos?

Lastimosamente, las nuevas generaciones campesinas no están viendo en el campo su opción de vida: Según la Encuesta de Cultura Política solo el 24.5 % de los jóvenes de 18 a 25 años se reconocen como campesinos. 

Para nadie es un secreto que el campo es una labor que se hereda, que se aprende de los abuelos y padres, sin embargo, aunque muchos jóvenes quisieran continuar con ese trabajo, se encuentran con la carencia de tierra o, si la tienen, son áreas muy reducidas. Tampoco encuentran una infraestructura que les permita realizar su labor o sacar sus cosechas, además de los altos costos de insumos agropecuarios frente a la gran intermediación que se vive en el campo. “Los jóvenes no necesitan ser sabios para darse cuenta que la actividad es compleja, nacieron viviendo esa situación al lado de sus padres, eso es lo que nos ha tocado vivir a los más adultos”, afirma Jimenez. 

Entonces, la solución para muchos de ellos es migrar a las ciudades más cercanas y buscar nuevas oportunidades laborales y de estudio. Pero acá se encuentran con otro problema y es que las dinámicas de la vida rural y urbana son muy distintas sobretodo económica y socialmente, lo que hace que ellos no encuentren un espacio en ese estilo de vida. 

Teniendo en cuenta esta realidad que viven los jóvenes y en general la población campesina, en Chévere Pensar en Voz Alta juntamos dos historias que permiten entender la urgencia de cambiar la situación del campo, además de valorar el trabajo que estas personas realizan y que beneficia a tantos colombianos a diario. 

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