Buenaventura, un puerto de esperanza

El distrito especial, industrial, portuario, biodiverso y ecoturístico es una zona que va más allá de cifras de violencia.

 “En sus peores situaciones, Buenaventura siempre ha demostrado que la unidad hace la fuerza”. Más que un lugar común o una frase cliché, esas palabras son una especie de mantra para muchos líderes sociales bonaverenses, que no ocultan la difícil situación que se vive en el puerto más importante del Pacífico colombiano, pero que también, saben del potencial, la resiliencia y la fuerza de su comunidad.

Quien dice estas palabras es Carlos Caicedo Figueroa, uno de los jóvenes que se “graduó” como líder en el paro cívico de 2017, aquel movimiento social que marcó un antes y un después para el distrito portuario y Colombia. Hoy en día, Carlos ayuda a niños, adolescentes y jóvenes adultos en la Corporación Centro de Pastoral Afrocolombiana, Cepac, organización eclesial y social sin ánimo de lucro de carácter étnico y comunitario y que convoca a procesos de atención y fortalecimiento a favor de los pueblos y comunidades vulnerables en Buenaventura.

“El paro cívico motivó a muchos de los jóvenes que ya estábamos en los colegios haciendo alguna incidencia, a vincularnos a los procesos sociales, a las organizaciones de base para adquirir conocimiento pleno del territorio”, recuerda con orgullo el joven, graduado como administrador de negocios internacionales de la Universidad del Pacífico.

Son precisamente esos procesos sociales los que mantienen la esperanza en una ciudad que vive constantemente los ‘picos’ de una violencia cíclica, que afecta principalmente a una juventud que busca oportunidades para estudiar, crecer, trabajar y, sobre todo, para vivir en paz. Tan solo en el mes de julio, durante los primeros 21 días de dicho mes se presentaron 22 homicidios según informaron medios como El Tiempo. Para este líder social, en tan solo el primer semestre del año se han presentado más de 120 casos, siendo los jóvenes la población más afectada.

“Siempre será el deporte, el arte y la cultura, los temas que manejamos como ejes, como un aliciente para mitigar todo este tema de la violencia. Cuando tú coges a un joven de 15 o 16 años y lo llevas a que pueda asistir a una sesión de entrenamiento donde sea motivado, pueda ser tratado por un psicólogo, aunque dejándole claro que no todos van a ser profesionales, (…) en esos espacios de ocio puede aprender muchas cosas”, resalta el líder Jorge Delgado Potes, de la Fundación PSP, a través de la cual busca acercar a los jóvenes de zonas vulnerables a iniciativas que los alejen de las manos de los grupos delincuenciales.

El trabajo no es fácil. Como lo menciona Jorge, muchas de estas bandas al margen de la ley aprovechan la necesidad económica y tientan a los más jóvenes, indica: “Un joven que se pone a hacerle ‘mandados” a este tipo de gente un día se puede hacer 10, 20, 30 mil pesos, que no los tiene y le sirven para llevarlos a la casa”.

Sin embargo, la ilusión de hacer de Buenaventura una tierra más pujante y alegre y la visión de impactar positivamente a una juventud que pide a gritos una mano de ayuda, lo motiva a ponerle el pecho, a todos estos procesos.

“Cuando usted hace una buena siembra, créame que por más adversa que esté la situación, va a ser muy difícil que el muchacho que ya se le ha transmitido este tipo de conceptos positivos tome la decisión de hacer cosas indebidas”, menciona la lideresa Sandra Inés Cuero Viveros, de la fundación ‘Vamos en marcha por el triunfo’.

Y es que, en medio de las dificultades, en Buenaventura lo que sobra es talento, creatividad y ‘empuje’ para continuar progresando.

“Aquí hay jóvenes que tienen unas capacidades que, yo digo: ‘Dios mío, ¿qué hago?, ¿con quién tengo qué hablar?, ¿a dónde tengo que acudir para que lo apoyen? Realmente aquí hay muchachos que tienen unos talentos que dan envidia”, destaca la lideresa Sandra, con una voz llena de fe y esperanza en cada una de sus palabras.

Sandra trabaja en procesos de liderazgo, educación y emprendimiento con jóvenes y madres cabeza de familia. Si bien asegura que la situación no está nada fácil, también recalca que no es imposible. Como líder sabe que su tarea es orientar, apoyar y, sobre todo, escuchar.

“La principal base de todo esto es aprender a escucharnos. Nosotros juzgamos y señalamos mucho, no sabemos de pronto por qué proceso emocional, económico o de salud estén viviendo. Entonces como organización le he apuntado mucho a escucharlos, a hablarles, busco la forma de que haya un diálogo continuo”, dice la lideresa.

A través de este tipo de procesos, concuerdan todos los líderes, se ha logrado apoyar a muchas personas y sus familias. Aunque no cuentan con cifras exactas, calculan aproximadamente más de un centenar de familias beneficiadas y, quizá lo más importante, un gran número de jóvenes que se han alejado de las armas y la violencia.

Cada una de las iniciativas tiene estrategias para realizar el mayor acompañamiento posible a los beneficiados. Uno de los ejemplos es el de Carlos, quien cuenta que, a medida que los niños van creciendo se van integrando a un semillero de la Cepac en el cual se les ayuda en la construcción de su proyecto de vida. Mientras tanto, Sandra se ha encargado de acompañar y asesorar a los jóvenes para que presenten sus ideas de negocio a convocatorias de entidades nacionales.

El pedido más urgente de los líderes a los sectores públicos y privados, es continuar apostándole de manera articulada, a creer en los habitantes y el territorio a través de apoyo o respaldo, para que estos procesos puedan impactar a cada vez más personas en el distrito. Por otro lado, continúan invitando a cada colombiano y extranjero a que se transformen en portavoces de los procesos positivos que se gestan y que poco a poco  se convierten en una ola gigante termine de ‘ahogar’ a los violentos y permita resurgir la creatividad y la cultura de los habitantes que alzan su voz para crecer.

 

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