Foto: Alcaldía de Cali

Siloé: la de los artistas y las canciones

“Qué noches, qué noches tan bonitas, Siloé y sus callecitas, al fondo mi Valle en risa, ¡Ay!, todito se divisa", cantaba Jairo Varela.

Siloé es una loma llena de brillo, de luces y sombras en su contexto. Aquella en la se pueden ver noches de postal. Es el lugar que tiene en su gente y sus calles, la historia de una ciudad migrante, de un pueblo humilde, unido, sensible a la indiferencia. Un territorio con jóvenes que le ponen la cara a la vida para decirle no a la violencia, un lugar de rumba pero también un territorio que ha sufrido los estragos del conflicto colombiano. Su gente hace parte de una Cali que hoy más que antes necesita ser resiliente.

Es un barrio con sectores llenos de talento, de allá, y del Distrito de Aguablanca, han salido grandes artistas, bailarines de salsa, campeones mundiales que han representado al país en el exterior, profesionales y deportistas que sin importar la necesidad han logrado superarse y son el orgullo de la ciudad.

En Siloé hacen comunidad, se abrazan cuando se sienten desprotegidos. Lo conozco como el barrio que se sostiene por su propia gente. Sus habitantes necesitan más proyectos sociales sostenibles, aún así, los que existen les da motivos para contar otra historia del barrio. Entre tantas iniciativas existen iniciativas con huertas comunitarias o la creación de un parque con juegos infantiles en lugares donde no existía, espacios para enseñar  a los jóvenes fotografía, arte y cuidado del medio ambiente, escuelas de inglés para los niños como lo hace el Colegio La Fontaine.

La salsa como medio de resistencia y alternativa de convivencia se mantiene el segundo sábado de cada mes desde el año 2014.

Es el lugar donde se hacen sancochos comunitarios para ayudarse mutuamente porque hay hambre, donde los niños quieren aprender inglés, jugar y correr tranquilos. Es también el lugar en el que pueblos indígenas tienen su espacio, es uno de los puntos más diversos de la ciudad. Allá, en las esquinas, con el tiempo le han hecho el quite a la violencia de muchas formas, sobre todo con arte, con graffitis, es el territorio que canta, está lleno de MCs que gritan desde un micrófono que quieren la paz, que quieren salir adelante.

Es la comuna 20 de Cali, con su propio sistema de movilidad y su propia cultura. Allá en ese punto alto de la ciudad que en las noches parece un pesebre navideño, es de donde siempre han sabido levantarse cada vez que hay una tragedia. Y no solo Siloé, la ciudad entera. La ciudad precursora de la independencia, ha encontrado la manera de ponerse de pie, levantar los brazos, levantar la cabeza, no con prepotencia, ni con la mirada altiva, más bien con una mirada de esperanza, de querer seguir siendo la sucursal del cielo.

Las palabras no son suficientes, ustedes tienen que verlo, así como lo vio Esteban Valderrama, El Traveler, un influenciador enamorado de esas noches tan bonitas que nos dejó Varela en la memoria, él y su equipo documentaron las voces, las miradas y las sonrisas de su gente, la gente de Siloé, la estrella de la sucursal. 

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