¿Qué pasa en Ecuador?



Llueve. No para de llover. El frio se mete a través de la ropa y la ciudad tiene un halo de melancolía con forma de neblina. Estamos a 2800 metros sobre el nivel del mar, pero parecen más.

La Máquina Camaleón en el festival Impulsar (Foto: Luciana Musello)
La Máquina Camaleón en el festival Impulsar (Foto: Luciana Musello)
Simona Sánchez
Por: Simona Sánchez - Jueves, 16 Marzo, 2017 - 14:49

En Ecuador la tierra habla. 70 volcanes susurran de manera activa e inactiva a lo largo del territorio. Desde cualquier lugar en donde uno esté parado se ven montañas por todo lado, lo cual de manera inconsciente, hace que uno se sienta protegido, vigilado, sitiado.

Pese a la numerosa presencia española desde la colonia uno tiene la constante sensación de estar en territorio indígena. Tal vez eso se deba a que, aunque las comunidades no son las mismas de antes y el tiempo haya traído consigo bastante mestizaje, Ecuador y particularmente Quito fue muy importante desde el reinado Inca que a finales del siglo XV convirtió a Quito en la segunda capital del Incario después de Cusco (Perú).  

Pero lo anterior no significa que al llegar a Ecuador uno se encuentre con indígenas en taparrabos, artesanías a la vuelta de cada esquina, olor a hoja de coca, quinoa brillando en las aceras, coronas de plumas en la cabeza, gente enruanada con mochila terciada y niños andando descalzos; esa sería “la imagen cinematográfica clichesuda” o “la ignorancia de postal” de cualquier turista que nunca la haya visitado o que vive a punta de prejuicios esta Latinoamérica diversa.

Sí. Es cierto que a diferencia de otros países como Colombia hay más orgullo indígena, nativo y respeto por las tradiciones ancestrales, en el aire se siente. Es cierto que las artesanías y los mercados que las distribuyen tienen una riqueza vistosa y maravillosa. Y son muchos. Es cierto que a la población nativa se le respetan más sus derechos y ser indígena no es sinónimo evidente de pobreza (aunque las clases sociales están claramente diferenciadas y el factor cultural es fundamental en eso). Pero lo claro es que hoy en día Quito es una de las ciudades más caras de Latinoamérica, con una economía dolarizada (debido a la peor crisis económica de la historia ecuatoriana que hizo que perdieran su moneda nacional, el Sucre, en el año 2000) y un gobierno de izquierda que lleva 10 años en el poder (a muchos no nos cuadra en la cabeza que convivan estas dos formas en un mismo lugar). La comida es mucho más cara que en Bogotá, abundan los barrios exclusivos con casas enormes, buenas calles, autopistas y universidades privadas que se dan el lujo de cobrar por semestre hasta 8000 dólares. Pero por otro lado la educación básica y la salud son gratuitas, el servicio de transporte es muy barato en comparación con otros países del continente, las carreteras son muy buenas (comparadas con muchas en Latinoamérica) y aunque hay diferencias socio-económicas evidentes, el nivel pobreza no es tan alto, numeroso, explicito y la mendicidad (tan común por estas tierras) es muy poca, casi inexistente.

Quitu ahora Quito para ser capital es muy silenciosa. Bastante tranquila y no tan caótica ni contaminada como otras ciudades Latinoamericanas. Igualmente es pequeña y eso que es la segunda ciudad (después de Guayaquil) más poblada del Ecuador. Tiene 2.597.989 habitantes, lo que vendría a ser en otras palabras algo así como que Bogotá está compuesta aproximadamente por 3 Quitos y medio.

Sus habitantes, así como el clima que se respira, son reservados, tranquilos y amables. Esa personalidad a simple vista es la misma que uno puede percibir en el público que asiste a un festival de música como el que tuve la oportunidad de ir a conocer y que lleva por nombre: IMPULSAR.


 

IMPULSAR: la escena independiente ecuatoriana

Cuando uno piensa en festivales de música en Quito el primero y casi único que inmediatamente llega a la cabeza es el QUITO FEST, un festival que funciona desde el 2003 y que tiene una tradición similar a la de Rock al Parque en Colombia. Sin embargo, aunque de carácter gratuito, actualmente no hace parte de una política pública ni es financiado con dineros del Estado o la ciudad. Sus ingresos y mantenimiento proviene de la empresa privada.  

Por este festival han pasado bandas como Todos Tus Muertos, Ratos de Porao, Plastilina Mosh, Zoé, Cinfue, Gondwana, Los Amigos Invisibles, Desorden Público, El Cuarteto de Nos, Kraken, Koyi K-Utho, Masacre, Doctor Krápula y una serie de bandas representativas del continente. Sin embargo el interés ha sido, sobre todo, apoyar la escena musical del Ecuador con géneros que van desde el Metal hasta el Punk, el Reggae, el Ska, el Hip Hop, el Hardcore y en general, el Rock.

Nombres como Sudakaya, Rocola Bacalao, Mamá Vudú, Muscaria, Sal y Mileto llegaron a nuestros oídos gracias a la plataforma que genera y generó el festival y los intercambios que ha hecho en diferentes ocasiones con Rock al Parque en Colombia.

Si bien el Quito Fest sigue existiendo, las bandas ecuatorianas cada vez son más, mucho más eclécticas y responden, como pasa en el mundo entero, a la transformación de la música que ya no obedece a géneros cerrados, estáticos y sectarios. La música además circula a través de diferentes plataformas (digitales sobre todo) que no sólo tienen en cuenta los discos físicos, las tiendas, los sellos disqueros y los canales tradicionales, sino que sobre todas las cosas quiere estar cercana al público que apoya y pide ver a sus bandas en  nuevos espacios.

El panorama a simple vista suena bastante familiar con Colombia hace unos años. Por eso mismo en nuestro país una serie de pequeños empresarios (desde hace un buen rato) valientes y arriesgados, decidieron apostar y crear  nuevos espacios de carácter privado que ampliaran la oferta de festivales. Hoy por hoy no nos podemos negar que Colombia es una de las paradas obligatorias para las bandas internacionales en sus giras programadas por Latinoamérica. Esto hace unos años era impensable.

Bajo esa premisa, con la misma necesidad de ampliar el espectro y poner a Ecuador en el circuito de festivales del continente y con una gran dosis de riesgo, amor por la música y valentía, Pablo Guerrero (EcoProducciones), Mateo Garrido (Global Show) y Sebastián Jaramillo (Colectivo Oruga) decidieron crear en Quito IMPULSAR: un festival de carácter privado que pone a dialogar las escenas independientes del continente, en cuanto a música se refiere, y que para esta primera edición en 2017 presentó en su cartel a: Dulce y Agraz (Chile), Cementerio de Inocentes (Perú), Los Petit Fellas y Árbol de Ojos (Colombia), Polvo, Paola Navarrete, Da Pawn y La Maquina Camaleón (Ecuador).
 

¿Qué pasa en Ecuador?

Sábado 11 de marzo de 2017. 12 del mediodía en Quito. Llueve. No para de llover. Parece como si fuera parte del día a día en una ciudad que encuentra todos sus climas en 24 horas. Estamos en La Pradera, al norte, un sector relativamente central para quien quiera disfrutar 11 horas de música y luego regresar tranquilamente a casa.

No es común que en Quito realicen eventos de música en el centro de la ciudad. Permisos, ruido, barrios aledaños, no permiten que esto suceda, pero debido a la experiencia previa de Mateo Garrido (hijo de un reconocido empresario de mega conciertos en Ecuador) con eventos, la primera edición del FESTIVAL IMPULSAR tiene como localidad La Pradera.

Una boleta general de 30 dólares (90.000 pesos colombianos aproximadamente), ocho bandas (cuatro locales y cuatro internacionales), una zona de comidas bastante cómoda y una producción técnica del nivel de cualquier show internacional (gracias a Pablo Guerrero, uno de los socios, quien hace parte de la empresa de sonido Ecosonido) dan todas las condiciones necesarias para vivir un festival cómodo, exitoso y entretenido. Pero no para de llover y sí, aunque uno como público colombiano y más exactamente bogotano está acostumbrado a este tipo de “climas festivaleros” la lluvia no deja de ser un espanta plan en cualquiera de los casos. Sin embargo, en contra de todos los pronósticos, poco a poco jóvenes entre los 15 y los 25 años van llenando el lugar. Los mas jóvenes son los protagonistas, quienes siguen, apoyan y son los principales consumidores (digitales sobre todo) y fans de las bandas locales (casi toda la difusión del evento se hizo a través de redes sociales)

El sonido: impecable. Desde la primera hasta la última banda. Aunque parezca obvia esta situación, la verdad sea dicha, son muchos los festivales que se demoran años en tener un sonido de calidad. Pero lo claro es que este es un evento hecho por músicos. Se nota la diferencia.

Abre POLVO, el proyecto solista del ex guitarrista de Biorn Borg. Con llovizna a bordo continúa la pequeña Daniela con su banda Dulce y Agraz, quien a sus 18 años está dando su primer show en un festival internacional fuera de su natal Concepción (Chile) y pese a no ser muy conocida el público la escucha, la aplaude y la recibe con la mejor onda. Esa misma actitud se mantiene hasta el final del festival. ¡Ayyy público colombiano, cuánto debemos aprender de la nobleza y la curiosidad del público ecuatoriano!

Cementerio de Inocentes es la banda invitada de Perú que antecede al show de Paola Navarrete de Ecuador, una mujer guayaquileña con una voz preciosa, canciones dulces, contundentes y un show muy pulido y generoso con su público que coreaba con ella cada una de sus canciones.

La noche cayó, la lluvia continuó y Árbol de Ojos desde Colombia inauguró la distorsión en el escenario. Con un show muy rockero por no decir punkero, los Árbol de Ojos a quien yo recordaba muy bien puestecitos y tranquilos desde la última vez en el Concierto Radiónica, esta vez en Quito me hicieron recordar a las bandas bogotanas de los noventa. Fue tal la energía que hasta armaron pogo. El único que vi en todo el festival.

Ya calientes con el sonido de Árbol de Ojos los ecuatorianos recibieron a la banda local Da Pawn, el proyecto paralelo de Mauro Samaniego (quien también pertenece a la agrupación Tripulación de Osos) y quien ya ha visitado Colombia en diferentes ocasiones con sus dos proyectos. Atmosférico, relajado, bastante folk y más para recital íntimo que para un festival multitudinario, Da Pawn demostró por qué es una de las bandas que actualmente representa a Ecuador en otros países.

El turno fue para LosPetitFellas quienes llegaron al escenario a demostrar lo que han cultivado durante todos estos años. Versátiles, generosos, divertidos y como siempre, vinculando al público en cada una de sus canciones. Causaron una muy buena impresión en su primer show en Ecuador producto de un intercambio con Tripulación de Osos (que los había acompañado en uno de los dos (2) shows de “Final Abierto” finalizando el 2016 en Bogotá) que da cuenta de que gran parte de las bandas independientes que giran por el continente lo hacen generando alianzas, tejiendo redes y dándose la mano en cada uno de sus países y sedes. Vivimos la época de la colaboración.

Acercándonos a la media noche y al borde de la hipotermia pero con el público completo y a la expectativa del último show, apareció en el escenario una de las bandas más fuertes y grandes de la escena actual ecuatoriana. Ad portas de ir por primera vez al Lollapalooza Argentina, La Máquina Camaleón con su pop rock psicodélico y mestizo cerró con broche de oro la primera edición del festival IMPULSAR.

Dos días intensos musicalmente se dieron cita en la mitad del mundo. Ecuador, Perú, Colombia y Chile impulsaron y abrieron las puertas al intercambio entre músicos independientes con 11 horas de música en vivo y una jornada académica (con lleno total) reflexionando sobre la industria de la música latinoamericana, la autogestión, el mundo de los managers, bookers, agencias, la honestidad musical y la distribución digital.

Con Radiónica tuvimos la fortuna de ser testigos de esa primera versión en Quito, Ecuador, que pone en evidencia una nueva generación. Deseamos vengan muchas más para nuestro continente que está reclamando nuevas semillas nativas musicales para sembrar, cultivar y sobre todo compartir y circular.

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