'Semilla de abulia': Nikol Cala explora el encierro y la ansiedad a través de su poemario
La creación de Semilla de abulia no fue un proceso sencillo ni lineal para Nikol Cala; de hecho, el libro mismo carga con la pesadez de su nombre.
Nikol Cala comenzó a gestar Semilla de Abulia como un trabajo de grado en su carrera de Creación Literaria, pero la realidad de la ansiedad y la depresión transformaron la tesis en un testimonio de resistencia.
Durante su escritura, la autora experimentó en carne propia la condición que da nombre al poemario, esa imposibilidad física y mental de accionar que consume el cuerpo. Semilla de abulia es, por tanto, una metáfora de aquello que tiene el potencial de brotar, pero se encuentra atrapado por la "maleza" de la mente y las circunstancias externas.
Semilla de Abulia se convierte en un espejo para quienes han sentido que la vida pesa demasiado, ofreciendo un lenguaje cotidiano y directo para nombrar el desgano y el dolor.
A lo largo del texto, Semilla de abulia utiliza imágenes de dientes, uñas y pastillas para construir una atmósfera que la propia autora define como un "poemario ansioso", diseñado para que el lector no solo lea la angustia, sino que la sienta y la reconozca como parte de la experiencia humana.
El origen de Semilla de abulia en el pabellón psiquiátrico
La raíz de Semilla de abulia se encuentra en el año 2019, tras el paso de la autora por una institución de salud mental. Nikol describe ese periodo como un encuentro contradictorio: un lugar donde se sentía extrañamente a salvo del mundo exterior, pero profundamente vulnerable ante la agresividad de los medicamentos y el entorno clínico.
Esa estancia permitió que el poemario adquiriera una dimensión física. No se trata solo de versos sobre sentimientos, sino de la representación del encierro. Al salir, la autora decidió que su obra debía transmitir esa misma sensación de claustrofobia que vivió entre paredes blancas y mentes dopadas.
Un tránsito del encierro personal al colectivo
Aunque el motor inicial de Semilla de abulia es la introspección, el libro logra expandir su narrativa hacia otros tipos de confinamiento. Nikol Cala integra en sus páginas realidades ajenas que dialogan con la suya, evitando que el dolor se quede en un ejercicio puramente egoísta.
El encierro físico y las sombras de la pandemia
La llegada de la pandemia del 2020 coincidió con el desarrollo del poemario, sumando una capa de encierro global al proceso de la autora. En este punto, la obra explora cómo el aislamiento obligatorio se entrelazó con el aislamiento mental que ella ya habitaba, creando una atmósfera de asfixia doble que permea toda la estructura del libro.
Narrativas de la periferia y el claustro
El libro también se detiene en las figuras de las monjas en clausura, en las comunidades rurales de Colombia que viven bajo el yugo de los toques de queda, entre otras formas de expresión de encierro. Estas imágenes permiten que el lector entienda que la "abulia" también puede ser impuesta por el contexto social y la violencia, donde el crecimiento se detiene por miedo a las represalias externas.
Pilares femeninos y la búsqueda de lo cotidiano
La construcción estética de este poemario se aleja de la lírica tradicional o celestial. Nikol Cala se apoya en referentes femeninos contemporáneos para encontrar una voz propia. Para ella, la poesía es una búsqueda de imágenes potentes que se encuentran en el lenguaje que utilizamos todos los días.
El resultado es un poemario que no se puede leer "de un solo tacazo". La dureza de sus versos exige pausas, un ritmo que la propia autora respeta, entendiendo que sus letras funcionan como un refugio, pero también como un reflejo incómodo de la realidad.
Semilla de abulia ya circula en los principales estantes del país, logrando una conexión especial con el público joven. La autora destaca que ver a nuevas generaciones interesarse por su palabra es lo que da sentido al esfuerzo de transformar la depresión en arte.